Recientemente la mesa del Senado ha admitido que la Cámara alta utilice los términos “País Valenciano” y “Países catalanes” para referirse en los trámites parlamentarios a la región valenciana o a la entelequia catalanista que incluye a Valencia y las islas Baleares dentro de una imaginaria “gran Cataluña” o “Países catalanes”.

Según los propagandistas del separatismo esa “gran Cataluña” unida por una misma cultura y una misma lengua habría constituido una  “confederación” junto al Reino de Aragón durante la Reconquista cristiana y constituiría un bloque nacional de pueblos hermanos con derecho a autodeterminarse y a romper con España.

Semejante astracanada ha sido votada favorablemente en el Senado por las izquierdas y el secesionismo, con el consiguiente enervamiento del Partido Popular que ha lanzando las más razonables condenas y promesas de denuncia y recursos judiciales contra semejante aberración.

Sin embargo en el PP vuelven a lucir palmito traidor, vendepatrias y falsario. Los políticos profesiones de Génova 13 son expertos en disfrazarse de patriotas cuando están en la oposición. Expertos en teatralizar posiciones de indignación contra males que ellos crearon, indujeron o subvencionaron cuando gobernaron en España o en cualquier región donde hoy son oposición, como es el caso de la Comunidad Valenciana.

El PP ha sido el gran aliado del separatismo catalán en la labor de dividir España y destrozar la identidad de la región valenciana.

Cabría recordar a los “indignaditos” del PP, tan enfadados con el catalanismo expansionista irredento, que cuando ellos gobernaron la región valenciana durante más de 20 años bajo los gobiernos de Eduardo Zaplana y Francisco Camps, no sólo no “des-adoctrinaron” las aulas sino que impusieron la inmersión lingüística incipiente y que hoy, bajo un gobierno socialista y pancatalanista presidido por Chimo Puig, nos devora.

Cabría recordar que por orden de José María Aznar y para dar cumplimiento al “Pacto del Majestic”,  el PP de Zaplana y Camps se reunió con Jordi Pujol y culminó el “pacto de Reus” en virtud del cual desaparecía la identidad de la lengua valenciana y se creaba una institución –la Academia de la Lengua Valenciana- para oficializar, generalizar e imponer en la educación, en la administración y en la calle, el idioma catalán expulsando progresivamente al idioma español de colegios e institutos.

Cabría recordar que, con el PP de Zaplana y Camps, la Universidad de Valencia consolidó sus instalaciones y una parte preponderante de su profesorado como feudos del separatismo catalán al oficializar como lengua propia el idioma catalán y al empoderar con dinero público a sindicatos estudiantiles filoetarras y separatistas como la “Asociación de Estudiantes Nacionalistas”, la “Coordinadora de Estudiantes de los Paises Catalanes” o el “Bloque de Estudiantes Agermanados”.

Cabría recordar que en el año 2006 y con una oronda mayoría absoluta, el PP de Franscisco Camps impulsó una reforma del Estatuto de autonomía valenciano en el cual no sólo se reconoce en el Preámbulo la etiqueta de “País Valenciano”, sino que en el artículo primero se define a la región valenciana como “nacionalidad histórica”.

No sólo no se hace referencia ninguna a la indisoluble unidad de la Nación española sino que se caracteriza a la región valenciana como “nacionalidad”; calificativo que se repite también en el Preámbulo en diversas ocasiones de forma insistente. Por si fuera poco, la redacción del Estatuto utiliza de forma obsesiva el “lenguaje inclusivo” propio del marxismo cultural insistiendo en citar a los “valencianos y las valencianas”.

En la norma estatutaria de 2006 el PP reconoce a la “Academia Valencia de la Lengua”: una organización ultrasubvencionada,  tutelada por el Instituto de Estudios Catalanes y compuesta por académicos y filólogos catalanistas.  La institución es categorizada como la “normativizadora” de la lengua valenciana, con lo cual el destino lingüístico y cultural de Valencia se subordina a la Generalidad de Cataluña y su expansionismo irredento sobre Valencia y las islas Baleares.

Éstas y otras aberraciones como subvencionar al colectivo separatista “Acción Cultural del País Valenciano” o permitirle las licencias municipales para su imponente sede en el centro de Valencia, son algunas de las perlas de cesión al separatismo pancatalanista que realizó el Partido Popular de Pablo Casado cuando disfrutó de orondas mayorías absolutas en mi región, el “Reino de Valencia”; denominación que, por cierto, rechazó incluir el PP en el articulado del Estatuto de 2006 pese a la petición de agrupaciones españolistas y anticatalanistas de la sociedad civil como la “Coordinadora de Entidades Culturales del Reino de Valencia” dirigida por el abogado y líder valencianista Juan García Sentandreu.

Los que hoy hinchan el pecho patriotero poniéndose las medallitas de la honradez españolista contra el catalanismo son los mismos que apuñalaron a la unidad nacional en tierras valencianas y entregaron las aulas, la Universidad y la lengua al separatismo catalán.  Son los mismos que en la Galicia del cacique Feijoo imponen la expulsión del idioma español y votan junto al Bloque Nacionalista Gallego para que la guardia civil sea expulsada de tierras gallegas y sustituida por una policía autonómica. Así son los del PP. La sempiterna derecha traidora, acomodada, profesional de la mentira y cómplice de la destrucción de España.