En 2014, la Guardia Civil, dentro de la llamada "Operación Roble" desmanteló el llamado bosque de los gudaris, en el monte Arichulegui, cerca de Oyarzun, en Guipúzcoa. Se trataba de un bosque donde los proetarras habían plantado 239 árboles, uno por cada etarra muerto.

En el lugar había un mástil para izar una ikurriña y una serie de plafones para poner placas conmemorativas. Lo más llamativo era que para acceder a este lugar donde se homenajeaba a los asesinos etarras era necesario pasar por varios filtros de un 'servicio de seguridad" proetarra. Un grupo de colaboradores de ETA se encargaba de autorizar visitas guiadas, a grupos de personas de fidelidad acreditada a la causa etarra, que una vez allí asistían a una especie de perforamances, de pseudodesfiles con ikurriñas, incluso a caballo, todo dentro de un gran secretismo.

Aunque según el relato etarra, los muertos vascos a causa de la "represión española" son casi 500, de ellos los que eran miembros efectivos de ETA eran 239. La mayoría murieron en enfrentamientos con la Guardia Civil o la Policía Nacional, pero también con sus propias bombas, o a causa de acciones de grupos como el Batallón Vasco Español o el GAL. O también, como los proetarras dicen "muertos en el exilio" o en la cárcel. Los últimos árboles habían sido plantados en honor al exjefe de ETA, el sanguinario Francisco Javier López Peña y a Arkaitz Bellón Blanco, un etarra que murió de un infarto en una cárcel en 2013.

Por suerte, la Guardia Civil clausuró este lugar de exaltación etarra, cutre pero siniestro, pero preocupa que actualmente con el clima de magníficas relaciones entre PSOE, Podemos y Bildu, este lugar se reactive,al igual que otros intentos de blanquear el terrorismo, ahora que el gobierno de Sánchez permite en la total impunidad homenajes a etarras que salen de las cárceles, más o menos disfrazados como recibimientos de sus amigos.

Por desgracia, todavía hay calles y plazas, incluso placas en pueblos vascos dedicadas a etarras, y se permite exaltar a miembros de ETA en supuestas conferencias y exposiciones en algunos pueblos. Naturalmente el gobierno de Sánchez, que actúa con tanto interés en acabar con todo tipo de homenajes al franquismo, cierra los ojos y deja en la impunidad la exaltación proetarra.