El nuevo ―salto adelante‖, lo dieron los revolucionarios con el desastroso ―desembarco‖ en los manglares de la provincia de Oriente de los ―reconquistadores de la Libertad‖ . De los ochenta y dos revolucionarios que llegaron en el yate Gramma, doce pudieron llegar a Sierra Maestra,
Por Gil DE LA PISA
entre ellos Fidel, el Che, Camilo Cienfuegos. El Ejército cubano los atacó en Alegría de Pío.
A partir de ese momento diríamos que empieza la esperada Reconquista de Cuba para la libertad y un ―relato mitológico‖ de cuanto sucede a partir de ese momento. Explicarlo bien requeriría un libro grueso y a mis años ya no puedo meterme en ese ―manglar‖...Les diré únicamente que los mismos cubanos, testigos de la ―revolución‖ la vivieron como un ―mito‖. En mis charlas nada más regresar a España pronuncié decenas de charlas sobre lo que sucedía en la Perla del Caribe bajo el título: “Yo he vivido la tragedia cubana”. Años después lo cambié por este otro: “La comedia que acabó en tragedia”. (Una de ellas, en el Club Náutico “Port Ginesta”, la pueden leer en mi libro ―Arde en las manos‖)
Este título resume como la vi y viví yo. Los españoles de los años cincuenta y sesenta -- que habían vivido nuestra Guerra de Liberación y tenían entonces más de cuarenta años— se forjaron una idea equivocada al asimilar lo que allí ocurría con lo vivido por ellos ¡Y no tenía nada que ver!
En Cuba no se habían enfrentado dos ejércitos, ni tampoco hubo grandes batallas, sino batallitas y escaramuzas de unos grupitos de guerrilleros contra un ejército de soldados profesionales. Nuestro Ejército Nacional y el Ejército Republicano (luego llamado ―Rojo‖) fueron la admiración de todos los Jefes de Ejércitos extranjeros por su ardor guerrero y valor y llegaron a esta conclusión: “Hemos visto frente a frente los dos Ejércitos más combativos y valientes que existen‖ (Ambos eran españoles y dignos sucesores de los famosos ―Tercios‖ del Imperio).
En Cuba teníamos a unos jóvenes inexpertos en la guerra, pero que iban a luchar con la ilusión de la “fe en la libertad” y convencidos de que, ese don precioso que Dios nos dio a todos los hombres, la iban a rescatar para todos los cubanos. Estaban engañados, pero convencidos.

Al empezar la ―Revolución‖ en Cuba ―había libertad real” , a pesar de la “dictablanda” de Batista. Ciertamente, ―Bohemia‖, el New York Times‖ y compañía había sorbido el seso del pueblo cubano, pero no a todos— especialmente cuantos conocíamos el marxismo, sus ―hazañas‖ y sus ―agentes‖-- veíamos la realidad de otro modo y no nos tragamos sus embustes. Batista, como todos los cubanos, era un convencido creyente en la ―diosa democracia‖ y de que es ―lo más grande que tiene el hombre‖. Ciertamente su primer objetivo, era aumentar su riqueza y mandar, pero nunca pensó en convertirse en tirano y asesino. Era evidente su obsesión
por evitar que corriera sangre y era la orden trasmitida a sus fuerzas de orden y a sus soldados. La Sinagoga de Satanás, por el contrario, había trasmitido a sus agentes --infiltrados en los grupos revolucionarios—que cuanto antes, provocaran muertes de “rebeldes”.... (Corrió la información de que el primer muerto, solo había sido recibido ―heridas no mortales‖ y en el Hospital había fallecido de todos modos. Lo malo es que cuando empieza a correr la sangre es muy difícil eliminar el manantial...y todo cambia.
Teníamos pues unos idealistas, soñadores frente a unos soldados profesionales, casados y con hijos. En Cuba, ser militar, era un empleo más, sin riesgo de ir a la guerra. ¿A quién iba a ocurrírsele ―invadir la Isla‖?, el agua que nos rodeaba nos inmunizaba contra las ambiciones de los vecinos... Teníamos soldados, cuya ideal no eran las batallas sino llevar con seguridad la comida a sus hijos. ¿Qué hacían ellos, -- padres de familia-- jugándose la vida por palabras “y nada más que palabras”, como pretexto de los políticos para medrar?
Del otro lado, los jóvenes idealistas no valoraban tanto la vida y luchaban convencidos de llegar a ser ―héroes de la Patria” y la muerte no los asustaba. Quienes habíamos vivido ―nuestra guerra‖, pensábamos que un batallón de la legión habría liquidado la invasión del Gramma y las guerrillas posteriores, en un abrir y cerrar de ojos. El Ejército de Batista no tenía la menor ilusión en la guerra aunque cumplían con su compromiso..
Veamos otra faceta, no difundida de la Verdad y fácil de entender, cuando oigan lo que me contó el Padre Amando Llorente. Pero antes conozcamos un hecho: Los jesuitas que de tontos no tienen un pelo –es bien sabido-- viendo que los guerrilleros de Sierra Maestra eran una mezcla de gente muy buena y ajena al marxismo y de revolucionarios rojos, enviaron a al P.

Cavero de ―capellán de los rebeldes de las montañas de Oriente para tener información de primera mano. Los ―doce‖ eran ya centenares con nuevos ―voluntarios‖ Esa iniciativa hizo posible después de la huida de Batista, tener información fiable de cuanto ocurría en La Cabaña con el Che, pues el P. Cavero tenía entrada libre...
Hasta que Fidel no se quitó la careta, los revolucionarios eran “el pueblo en rebeldía”, nunca se presentaron Fidel y el Che como ―criminales y tiranos‖ rojos. Recuerden las fotos de los rebeldes con los rosarios en el
cuello. Los ―peones‖ de la Sinagoga de Satanás son embusteros y ―engaña- ingenuos‖ insuperables.
Cuando Castro, llevaba tiempo en la Sierra, le vinieron ganas al P. Llorente de visitarlo y hablar con el directamente. Habían sido --y seguían siendo-- amigos y Fidel le tenía mucho respeto aunque se negase –como ya he contado-- a ingresar en la ACU. El lugar donde estaba Fidel en la Sierra era un secreto muy bien guardado pero no para su delegado en la Habana. El padre le pidió trasmitiese al ―Comandante supremo‖ de la Revolución su deseo de verlo. Y al discípulo le faltó tiempo para decirle que fuese a la Sierra.
Pasaron el día juntos y hablaron largo y tendido. La conclusión que sacó mi Director Espiritual y asesor –fue él quien me dio el último empujón para salir de Cuba a tiempo—la puedo resumir en pocas líneas; Fidel vivía muy feliz y tranquilo, muy seguro, y fumándose sus buenos puros. Subrayo lo de “seguro”. El riesgo lo corrían los otros, él dirigía y esperaba... ¡esperaba! Sabía que Batista tendría que irse por falta de apoyo de los Estados Unidos...”