Son los Hernández una especie animal y animalesca dedicada a la baja política entre compañeros de partido, esto es, criaturitas que viven de la zancadilla, el trampeo y la puñalaíta trapera a quienes consideran deben derribar para ocupar bien su puesto bien su estatus personal.

Los Hernández –¡y hay tantos!– son gentecilla vulgar que vive día y noche obsesionada con alcanzar, como sea con malas artes se entiende determinadas metas políticas en una escalada que no tiene fin. La forma de moverse de estos sujetos de inframundo en la arena política es chupar el jugo de aquellos que por valía personal son foco de atención de medios de comunicación, los mismos que tanto apoyo-cariño mantienen en redes sociales y en la calle, ya que a los Hernández sólo los conoce la pobre madre que los parió, ¡ah y su vecino de planta!, ya hemos dicho antes que son gentecilla.

 ¿Qué buscan los Hernández? Buscan la fama, el prestigio de quienes en el fondo de su atrofiado corazoncito añoran ser, dado que los Hernández pertenecen al género lunar, es decir, no tienen luz propia, sino únicamente la que reciben del sol. Soles que son los Serranos, personas con fundamento –que diría Carlos Arguiñano–, personalidades con peso específico, hechas a sí mismas, astros que emiten luz.

 Toda la vida de Dios ha habido Hernández, los hay en el sur, en el centro, al este, al oeste y al norte, pues son los trepas de siempre, esos necios sin arreglo posible que aparentan ser algo que nunca llegarán a ser, esos que perseveran durante años, día a día, hora a hora…hasta que un Serrano da un traspiés. Basta esto para olvidar lo de la presunción de inocencia, ¡no, para qué, si llegó el gran día! Y ahí me tiene al Hernández de turno a degüello, siembre cobarde él, incordiando, desgastando, acosando, banderilleando, persiguiendo…todo de manera impersonal e indefinida, porque ni arrestos tienen para ir por derecho, ¡qué van a tener, si niegan siquiera el pan y el agua a quien le consiguió su ahora pestilente asiento de diputado, concejal…ese con el que pretender medrar, pordiosear, vamos!

Ya va siendo hora que entre todos vayamos desenmascarando a estos Hernández, los mismos que de la nada han entrado a saco en la política cuando, con urgencia, debiéramos devolverlos a la nada. Porque la política es otra cosa, no es esa política barriobajera, sucia, dañina y rastrera que ellos practican con sus mentores, esa forma de ser tan ligada a su sello de huera identidad.

Claro que para que existan Hernández debe antes aparecer una estrella, un astro con luz propia y sobre el que estos carajotes sin cura posible, bobos con mala leche, se pasan la vida orbitando en círculos que ni perfectos son.

Hora es de desenmascarar a estos advenedizos, hijos bastados de la política española de estos días.