Todos los siglos han creado y sustentado mitos, que más pronto o más tarde han terminado cayendo. Este siglo apenas cumplido el primer tercio está a un instante de derribar el suyo, a saber, que cuando la mujer gobernase, y ya lo hace, todo sería maravilloso. ¿Han notado ustedes esa maravilla?

    ¿Han notado ustedes algo distinto -quiero decir para mejor- como no sea ver a una joven de apenas 1’60 de estatura haciendo guardia en un edificio público, el pelo recogido con una coleta, las uñas pintadas y portando una metralleta? ¿Esto es lo maravilloso, o es lo ridículo? Si esto es lo que se vendió, seguro que no se hubiera comprado el producto.

    Digo yo, y es una propuesta, que a la revolución, porque lo es, feminista, habría que contraponer la revolución machista. Y que nadie se me asuste, porque no estoy proponiendo algo descabellado. Me refiero a algo similar a lo que ocurrió en el Real Madrid a propuesta de aquel delantero centro extraordinario que fue Hugo Sánchez, un tipo fenomenal que dejó una impronta que no debería perder el Club Blanco, pese a tanto descerebrado y niñato en todas sus divisiones. O se hace, o esta revolución rosa que no comparte el 75 % de las mujeres terminará con todo.

    El feminismo es una ideología cuyos fundamentos marxistas determinan su quehacer, acusando de machista, o lo que es lo mismo, de fanático-a e intolerante a quienes se oponen, y por ello solo queda el otro lado de la alternativa, ser escéptico-a: no oponerse, seguir la corriente y, sobre todo, tragar y seguir tragando. Ahora bien, el escéptico-a no tiene argumentos a favor ni en contra.

    Hablamos de una ideología que se ha aprovechado de los enormes condicionamientos que, en todas las épocas y latitudes, han hecho difícil o imposible el camino de la mujer, desconociendo su dignidad, tergiversando sus prerrogativas, y no pocas veces marginándola e incluso reduciéndola a la servidumbre. Lo que ha privado a toda la humanidad de una auténtica riqueza.

    Rectificar, que es siempre de sabios, no es lo mismo que modificar el orden natural, que es el funcionamiento correcto de las cosas que también abarca las relaciones naturales de los seres entre sí, mediante la existencia de los derechos fundamentales determinados en la naturaleza humana.

    Siendo esto lo correcto, lo normal y lo lógico, esa revolución machista tendría que comenzar por tres cosas: Imponer el Servicio Militar Obligatorio a los varones. Prohibir por ley que los varones ejerzan de parteros, maquilladores y educadores infantiles (que no de Primaria). Y volver a tipificar el delito de “parricidio” con su correspondiente pena.

    No sé si esto sería suficiente, pero mi recordado Hugo Sánchez ganó cuatro Trofeos Pichichi con el Real Madrid y fue Bota de Oro.