Varias capitales europeas han protagonizado convocatorias de protesta contra el pasaporte Covid. En España de momento no es obligatorio para viajar o entrar en establecimientos, a la espera de lo que pueda salir del contubernio entre Gobierno y autonomías. Hasta ahora la crítica por excelencia contra la campaña de vacunación ha sido la de exaltar un individualismo extremo, con un manido "El que quiera que se vacune, pero a mí que no me obliguen"; obligación que, de facto, impondría la obligatoriedad de presentar el pasaporte Covid. Que este discurso lo enarbolen los liberales, sobre todo los más adscritos a la línea "patriótica" representada por Vox, es consecuente, ya que para el "patriota" liberal el patriotismo, más que una identificación con la misión histórica de su comunidad y su legado, es la exaltación de los derechos y libertades individuales que tendría el individuo gracias a la existencia de la Carta Magna de turno (ahí tenemos los ejemplos de cómo entienden el patriotismo los liberales estadounidenses y franceses). Lo preocupante es que en entornos donde, en teoría, se priorizaba el bien común sobre las apetencias individuales se esté dando cabida a dicho discurso, ¿o acaso no sería más congruente, si se desconfía de la campaña de vacunación y se apela al bien común de todos los españoles, llamar directamente a la población a no vacunarse en caso de estar tan convencido de que tanto las vacunas como sus posibles efectos son negativos? No comparto su discurso, pero quienes abiertamente se niegan a vacunarse y recomiendan no pasar por los centros de salud me resultan más respetables que los tibios que llaman a que cada cual haga lo que quiera pero que a ellos no les obliguen.

Volviendo al pasaporte Covid... ¿De verdad estaría justificada su obligatoriedad por motivos de salud y seguridad pública? Desde una perspectiva sanitaria, si vacunarse no exime de padecer un contagio (pero sí de aliviar los efectos), tan potencial contagiador dentro de un establecimiento o en un avión sería un cliente que presentase un pasaporte Covid como uno que careciese del mismo. Por lo tanto, no sería garantía de nada; si acaso, de utilizar un subterfugio para esquivar la legislación que no puede obligar a la población que desconfía de la campaña de vacunación. En lugar de presionar a este sector de la población, mejor haría el Gobierno en abandonar los discursos triunfalistas que enarbola desde marzo de 2020, origen de la huida hacia delante en la que ya llevamos viviendo más de un año. Existirán razones sanitarias que justifiquen la presente campaña de vacunación, pero el Gobierno podría encontrarse con la misma situación por la que ha sido puesto en evidencia recientemente por el Tribunal Constitucional a propósito de un confinamiento que legalmente no se llevó a cabo por el procedimiento adecuado. Si el español de a pie está obligado a cumplir rigurosamente con los requisitos que le exigen cada vez que tiene que realizar un trámite con la Administración General del Estado, lo mínimo que debe hacer el Gobierno es no saltarse a la torera el mismo ordenamiento que ha jurado garantizar, sobre todo si es un Gobierno que tanto presume de identificarse y respetar la Constitución (tanto que lleva un año acusando a la oposición de estar fuera de dicho ordenamiento, mientras pacta y concede con aquellos que abiertamente llaman a demolerlo).

Debe alegrarnos que vivamos en una época donde los avances técnicos han llevado a disponer de vacunas para afrontar enfermedades que antes nos hubieran enviado a criar malvas. No obstante, el papel de las empresas farmacéuticas priorizando su negocio sobre la salud (de otro modo no se puede comprender que recortaran plazos de investigación por presiones políticas) y el de las instituciones políticas que han colocado a la población en una partida de ruleta rusa (ahí están los fallecidos, casos concretos pero no por ello menos trágicos) convierten en una obligación moral el no olvidar y exigir responsabilidades tanto a las personas que se han lucrado económicamente a causa de la pandemia como a quienes desde sus puestos de responsabilidad no han hecho gala de la misma.