Secuestros domiciliarios universales y particulares. Bozal. Distancias. Horarios. Aforos. Toma de temperatura. Cierre de fronteras, locales, regionales, nacionales. Fraudulentos test diagnósticos (por la jeró te roban y manipulan tu sacrosanto ADN). "Rastreos", militares y civiles. "Semáforos". O toques de queda, atroces y militarescos toques de queda durante medio año: violación de grandísimo e intolerable alcance del innegociable derecho a la libertad de movimiento y privacidad. Con el toque de queda, suprimidas - no limitadas - la libertad de reunión a la hora que te saliese la punta del pitín.

Todo fue (y es ilegal). Todo es brutal control bajo excusa sanitaria

Control pues. Físico. Social. Mental. Espiritual. Con falsario pretexto sanitario. Control totalitario. Utilizando el estado de alarma (art. 116 de la vulnerada Constitución Española) O sin él. Usando leyes regionales. O locales. El disfraz jurídico que les pete para consumar el presente liberticidio. Pero las cosas están suficientemente luminosas, rebuzne lo que rebuzne el corruptísimo tribunal prostitucional, ocho lustros de puro pasteleo sociata-pepero.

Nuestras libertades y derechos han sido y son sistémica y sistemáticos violados desde hace quince meses y el prostitucional toma la decisión...ahora. Sentido del tiempo, di que sí. Vomitivos. Sin vergüenza. Sin más.

Bajo el atroz pretexto del teatro plandémico, libertades y derechos inicuamente pulverizados. Apelando a unas autoridades sanitarias que no tienen ni poder ni legitimidad alguna para privar arbitrariamente a nadie de su sacrosanta e innegociable libertad.

Normas y legislaciones implantadas en todo el orbe terrestre que han violado y violan la dignidad humana, carecen jurídicamente de proporcionalidad alguna y se hallan absolutamente desajustadas a derecho.  Además con todas las calamitosas consecuencias económicas que está conllevando: ruina total. Inaceptables injerencias, pues, de los poderes estatales en los derechos fundamentales (inalienables, no otorgados) de los ciudadanos de cada nación…

Nadie habló nunca del artículo 55, la clave de todo este horror liberticida

Y vamos a recordar un par de cositas. Las conoce cualquier estudiante de primero de derecho. O cualquiera que haya echado un ojo a la Constitución Española. Imagínense los altísimos togados.

TÍTULO I. De los derechos y deberes fundamentales. Y vayamos al capítulo quinto de este título. De la suspensión de los derechos y libertades. En qué condiciones se puede hacer. Veamos.

“Art. 55. 1. Los derechos reconocidos en los artículos 17, 18, apartados 2 y 3, artículos 19, 20, apartados 1, a) y d), y 5, artículos 21, 28, apartado 2, y artículo 37, apartado 2, podrán ser suspendidos cuando se acuerde la declaración del estado de excepción o de sitio en los términos previstos en la Constitución. Se exceptúa de lo establecido anteriormente el apartado 3 del artículo 17 para el supuesto de declaración de estado de excepción”.

Una medida tan extrema como la suspensión de derechos se reserva para situaciones de formidable gravedad, cuando el orden público se halla absolutamente descontrolados y se hacen necesarias medidas contundentes para recuperar la normalidad perdida, algo que sólo puede darse en caso de declarar el estado de excepción o el estado de sitio, regulados en el artículo 116 de la CE. Dicho artículo contempla también el estado de alarma pero éste NO permite limitar ni suspender derechos fundamentales.

Y, de momento, que uno sepa, en España se declaró un estado de alarma. Ni de excepción ni de sitio. ¿Por qué? Vaya usted a saber. Tal vez al gobierno de Cum Fraude, “excepción” o “sitio” les sonara muy franquista o militarista. Aclaro: infinitamente más dictatoriales que el tardofranquismo…y anchurosamente militaristas. Memento nuestro papel hogaño en la terrorista OTAN.

¿Entonces?

-Artículo 17, violado. Nuestro derecho  a libertad. El habeas corpus, difuminado (17.4).

-Artículo 18, violado. El domicilio ya no parece inviolable (18.2), que se lo digan a los maderos de Carapolla (y a tantos).

-Artículo 19, violado. Nos impidieron durante muchos meses circular libremente por el territorio nacional.

Artículo 21, violado. El tiránico poder impidió las reuniones pacíficas.

…Y sí, desde luego, leyeron perfectamente el artículo 55 de la CE: sin ningún fundamento legal. "Podrán ser suspendidos cuando se acuerde la declaración del estado de excepción o de sitio". E incluso declarando estos dos últimos estados tendrían que justificarlo y fundamentarlo sobradamente. Tarea imposible, entenderán, vista la siniestra astracanada plandémica vivida durante los últimos quince meses.

El ejemplo del puto bozal: más allá del artículo 55

El puto trapo en la boca, culminado paradigma: además de deliberado ataque a la salud y sumisión psicológica, violación de más derechos constitucionales. La igualdad ante la ley (artículo 14), ya que los que bajo ningún concepto nos colocaremos los bozales “necesitamos” de ese "ilícito salvoconducto" para realizar una vida libre, razonable y en paz.

O la vulneración del derecho a la integridad física y moral, ya que estamos siendo sometidos con tal medida a tratos inhumanos o degradantes (art. 15). Tortura sádica, obligar a llevar puestas unas inútiles y tóxicas bragas sucias en la boca durante dos calurosas canículas. O la sacrosanta libertad ideológica o de conciencia de pensar que nos circunda opresivamente una puta farsa(art. 16). Así como el derecho al honor y a la propia imagen (art.18) y a la libertad de expresión (art. 20): " calladito estás mejor". O el artículo 23 al negarnos el derecho a participar en los asuntos públicos. Eso por no hablar de la legítima e ineludible objeción de conciencia ante leyes injustas (art. 30.1)...Y, por supuesto, brutal ataque a nuestro derecho a la salud, art. 43...

 

Jamás cumpliré leyes injustas

...Me sopla la gaita lo que decida en los próximos días el inicuo y liberticida prostitucional. Otra institución más que nos ha vendido. Sin más. Yo seguiré haciendo, hasta el último hálito vital, lo que he hecho hasta ahora (se declare el estado de excepción o de sitio), asumiendo las consecuencias hasta la hez: nunca cumpliré una ley injusta.

En fin.