En cualquier otro momento, nos hubiera sorprendido la frase de Mario Conde al entrar en Soto del Real: ¡No me cuenten nada, que esto ya me lo sé!


Echando una mirada al pasado, deberíamos de darnos cuenta de que este empresario, abogado del estado, intento en dos ocasiones ocupar un escaño. El segundo ataque al poder político establecido se produjo en el parlamento gallego, después de pasar unos cuantos años en prisión por el Caso Banesto. 


También podríamos recordar que el mismo director de la prisión de Alcalá – Meco, en la que Mario estuvo recluido, tuvo problemas por aquel en su momento, trato de favor que había dispensado a recluso modelo.


Tomar a Mario Conde como ejemplo de la actual situación que tenemos en España en relación a la corrupción establecida, es tan válido como hablar de cualquier otro personaje.


Sería normal que el que fuera presidente de Banesto, fuera ingresado en el Módulo 10 – Zona VIP de Madrid V. El mismo lugar en el que se hospedó Bárcenas, Gerardo Díaz Ferrán y otros conocidos de este mundo de farándula. Pero habría que tener en cuenta que, ayer por la noche en cualquier comisaría de policía nacional, se presentaría voluntario algún delincuente común de esos que antaño robaban gallinas para comer y que aplicando la ley por la que regulamos y castigamos los buenos o malos actos contra la sociedad, será sometido a un proceso que nada tiene que ver con el trato que reciben estos elementos corruptos que tenemos más que asumidos y que nunca nos abandonaran.


Ni tan siquiera sería bueno pretender emular a Singapur, Canadá o Australia en lo que se refiere a corrupción asimilada, pero lo que tampoco podemos pretender es llegar a ser Gabón, Eritrea o Las Comoras, que son unas islas de origen volcánico cercanas a Madagascar en las que cuatro Mangostas y los murciélagos Livingstone campean a sus anchas.


Cambie usted el nombre de Mario Conde por el de cualquier otro político o empresario vinculado a un caso de corrupción, las mangostas y los murciélagos y vuelva a leer.