España no es sólo un espacio geográfico, que desde los Reyes Católicos coincide más o menos con la península Ibérica. España es una manera de ser, un concepto de raza hispana, y de entender la vida que se basa en el no entendimiento entre españoles. Es una empresa común que funciona penosamente. Al español no le late en su pecho el corazón, sino la guerra civil. Tanto para los que la inician, como para los que no la quieren, y sufren injustamente.

La discordia civil es la losa sepulcral que pesa sobre España, mientras arde en el fuego eterno de la envidia. Tras perder los principios, virtudes, valores y sentimientos en la existencia, hoy parece que nada tiene sentido, lo que convierte al hombre en un monstruo cruel. Y si nada tiene sentido, todo vale. No hay límites. Es exactamente la medida de la sociedad española forjada en las últimas décadas. El exceso, abuso y el extremo, es la filosofía de vida de las cercanas generaciones y cuyos frutos sufrimos. Lo que entendemos por España, territorialmente, fue en la historia un campo de batalla casi continuo, por sus invasiones, fusión de razas, cruces y contra cruces de sangres, ideas, políticas y religiones. De éstas, tres: cristianos, moros y judíos, son indispensables para entender hoy a España. No solo un entendimiento, que no existe; si no un sentimiento que tampoco, y es peor. Tras la escuela de los maestros de la mentira, surge hoy la resistencia numantina que los desenmascara. Están los satisfechos del sistema que viven y se esconden en él, y los que se dan cuenta de la trampa y falsificación de la democracia, y opuestos al corrupto sistema lo ven incorregible y que acabará destruyendo todo a su paso, hasta destruirse así

mismo, incapaz de depurarse, regenerarse y volver al sentido común de la justicia. Con el cercano fin de la clase media que es la base de la convivencia en democracia, se acaba la propia democracia aunque conserve el nombre. En esa fase estamos. Lo que tenemos no debiera llamarse así, porque ya no es democracia.

Desde que el infame ZP cambió el nombre de las cosas, para alterarlas y destruirlas, y porque toda corrupción empieza por el lenguaje, venimos manga por hombro. Se acaba la clase media que traía la paz y que fue propia de las democracias europeas tras la Segunda Guerra Mundial.

La izquierda se ve perdida si hay democracia y reacciona, siembra división, odio y guerra para imponerse. No soporta la paz ni la democracia. Utiliza la democracia para introducirse en ella y volarla desde dentro. Empieza por ganar la revolución cultural que parte de la Escuela de Fráncfort del siglo pasado, con su "teoría crítica", y consigue que todos piensen igual que la izquierda. Ganó la principal batalla.

La derecha no piensa igual que la izquierda, pero a fuerza de ceder, se acomoda y termina parecido. No le contradice, ni le contra piensa. Se calla, y ahí ya pierde la primera batalla al franquear el paso a la desmadrada izquierda. Rajoy no discrepa de la izquierda y es acusado de crear Podemos para mantenerse en el poder. Ante la corrupción galopante a la que también se acomoda, es perfectamente comprensible. Por el miedo que entonces causaba Podemos con sus locuras; la gente vota desesperada a la supuesta derecha. Quien para evitar la guerra permite el desorden, se encuentra pronto con la guerra y el desorden; con la guerra que es el mayor desorden. La izquierda no permitió unas elecciones en paz desde la transición. No quiere elecciones si no la permanencia total en el poder.

Hoy masivamente en la comunidad de Madrid, votaron con miedo, a Isabel Díaz Ayuso, que parece lo más decente de la derecha. Pero encima tiene a Pablo Casado un mequetrefe fútil capaz de licuarse ante la izquierda; es el responsable de haber dinamitado la derecha y jurar odio eterno a Vox. Así se envalentona la izquierda, y saca adelante todas sus medidas comunistas.

La clase media se acaba y surge el proletariado que es típicamente marxista. Tras arruinar a la clase media y eliminar la democracia triunfa el marxismo, con diversos nombres, para que no parezca lo que es. Y la clase

media es sustituida por el proletariado, también con otro nombre cual engaño personificado; una clase deprimente, revolucionaria, brutal y enferma de odio, necesaria para la revolución violenta que busca el comunismo e impulsar sus perros de presa.

El que más de media España sea hoy cerril de izquierdas, no tiene otra explicación. Es la hoja de ruta que sigue bajo el engaño, hacia Corea del Norte, o China, pasando por Cuba y Venezuela. Los votantes traicionados se dejan arrastrar como corderitos al matadero. El diabólico sistema marxista -vuelve a resurgir con fuerza- proponiéndose acabar con el mundo, usando las nuevas técnicas, y experiencias adquiridas.

La inseguridad en España es el mayor exponente de la crisis; de una crisis

que se empezó a manifestar a partir del gran atentado del 11-M, (2004) cuyos autores desconocemos y pruebas fueron eliminadas y falsificadas.

¿Por qué? Desde entonces los españoles venimos sistemáticamente siendo engañados y esquilmados por nuestros dirigentes políticos que se han constituido en casta para blindarse, gracias a nosotros y merced a sus maniobras orquestales en la oscuridad.

Una parte del pueblo, no les repudia; les admira. Si llegara al poder, haría lo mismo: robar. Por eso, la inseguridad es la constante en los españoles, al verse entre pillos y mangantes, prestos a la puñalada traicionera. No se cumple la ley, si no para el débil al que se le aplica. Y salen gratis los mayores delitos: robar, matar y dar un golpe de Estado.

Impera el delito y la mentira, mientras muere la justicia y la verdad. La demagogia populista, propia de los regímenes totalitarios, manipula los sentimientos más primarios, engaña e incita a la división y al odio, creando un enemigo. La verdad como la democracia la destruyen los que dicen defenderla. Avanzan las ideologías de izquierdas, tal es el comunismo que divide a la sociedad en clases de explotados y explotadores.

Un materialismo atroz, ciego, sectario, mafioso, de pensamiento único que mata a la libertad; un feminismo fanático que no ve más que la discriminación de la mujer, o la llamada violencia de género de esa ideología, para penetrar con su veneno en los intestinos de la sociedad.

Destruir las células sociales: familia, moral, y religión, sin razonamiento alguno, mediante la trampa, la imposición y la violencia. Ahí tenemos al Ecofeminismo, con su sentimiento contra natura, destruyendo la naturaleza que dice defender. Ahí está la nación plagada de problemas, como la inmigración ilegal que nos invade. Los enemigos interiores que destruyen la convivencia social, y el tejido industrial, llaman a los exteriores para que no quede piedra sobre piedra.