Estimado Sr. Director:

Con mucho estupor e indignación, como Inspector retirado que soy de la Policía Nacional, leí un artículo, aparecido en “El Correo de España”, firmado por un tal César Bakken Tristán, que titula “Maderos, ni os temo, ni os respeto, ni os necesito, ni os quiero”. Me dio asco leer tal cantidad de sandeces, estupideces y desatinos, que, sin duda, obedecen al odio de un personaje que no merece ni tan siquiera la más mínima consideración.

La cantidad de odio que destila este siniestro personajillo en su miserable libelo retrata perfectamente la personalidad del individuo que lo firma. Se trata de un montón de basura, de insultos gratuitos y descalificaciones convertido en texto que no merece la más mínima atención, de ahí que tan ni tan siquiera me molestase en concluir su lectura.

Basta con leer el encabezamiento de su asqueroso trabajo para saber el contenido del resto, ofensivo y miserable como corresponde, sin duda, a quien lo firma.

Lo triste, es que un diario como “El Correo de España”, ensucie sus páginas con artículos como este. Todo es criticable, absolutamente todo, sin embargo, aquel que desciende al insulto, a la descalificación sistemática, a la ofensa gratuita, no merece la mínima atención y, en consecuencia, esas letras que ha juntado tan solo sirven para arrojarlas al cubo de la basura.

Los que integramos la Policía Española, en la misma medida que mis compañeros que integran la Guardia Civil y los Ejércitos, merecemos, cuando menos, el respeto y pese a que cualquier crítica puede ser constructiva, nunca es admisible descender a la ofensa personal en términos tan canallescos como los que utiliza este individuo.

No es permisible que un tipejo como este utilice ese lenguaje soez y miserable para calificar a un colectivo de hombres y mujeres que, con nuestros defectos y nuestras limitaciones, tratamos, cada día, de trabajar por la sociedad española y por la defensa de nuestra Patria, tanto dentro como fuera de sus fronteras.

Me ha apenado encontrarme, junto a firmas de compatriotas de mucha valía y honestidad, un texto como este al que me refiero. Es lamentable, Sr. Director, ver esos renglones, cargados de odio e inquina, difundidos en un diario como el que usted dirige.

Creo que no se imagina la rabia que me ha producido leer un texto como el escrito por este miserable. Realmente, he quedado ofendido y decepcionado.

Sepa Vd., que cada vez que entró en El Correo de España, con el que me honro en colaborar, lo hago buscando información veraz, esa que no nos cuentan en la prensa alienada y bien pagada por el gobierno social-comunista que está llevando a España a la miseria, sin embargo, jamás me imaginé que, en sus páginas, podría encontrar un libelo miserable y canalla como este.

Todos merecemos un mínimo respeto, incluso alguien como ese individuo que firma el referido artículo; un respeto que, en absoluto, impide la crítica siempre que esta sea constructiva y pueda servir para corregir futuros errores. Este no es el caso del texto al que me refiero.

No necesitamos que alguien como el firmante del artículo nos quiera, ni tan siquiera que le gustemos, pero si quiere que lo respetemos, exigimos el mismo respeto hacia nosotros.

En cuanto a eso de que no nos necesita, nunca se sabe. Tal vez un día tenga de llamar a nuestra puerta en la seguridad de que allí estaremos, día y noche, y sin importarnos lo más mínimo lo que él pueda pensar de nosotros, acudiremos en su auxilio.

Muchas gracias, Sr. Director por su atención. Reciba un saludo cordial.