Se está protagonizando ante nosotros lo que en la Edad Media se denominaba una “danza de la muerte”: unos partidos y unos líderes tienen que dedicarse a desgastar a los otros. El Sudoku es imposible. Las declamaciones al interés general, que suele confundirse con el propio; o las bienintencionadas opiniones de que, al final, habrá acuerdo y un Gobierno, cuanto menos para dos años, porque nos observa Europa, porque hay presiones del Ibex, me parece que confunden los deseos con la realidad.

 

El PSOE no puede pactar con el PP y dar su respaldo a Mariano Rajoy, no sólo porque éste sea una persona indecente, según dijo Pedro Sánchez en el debate, sino porque de inmediato legitimaría aquel lema del 15 M: “PSOE y PP, la misma mierda es”

El PSOE no puede pactar con el PP y dar su respaldo a Mariano Rajoy, no sólo porque éste sea una persona indecente, según dijo Pedro Sánchez en el debate, sino porque de inmediato legitimaría aquel lema del 15 M: “PSOE y PP, la misma mierda es”. La gran coalición sería la confirmación manifiesta de la existencia de una casta con intereses comunes. Y Podemos podría arrinconar aún más al PSOE –como ha hecho en Madrid- y pugnar por el liderazgo de la izquierda.

   Sin el PSOE, el PP no puede formar Gobierno, porque, como es obvio, no le es suficiente con el generoso respaldo de Ciudadanos, condenado ya a una posición de bisagra, por su triunfo electoral en términos absolutos, pero por su fracaso en cuanto a las expectativas que, en algún momento, estuvieron muy altas. El PP sin que el PSOE ceda no puede formar Gobierno y ni Pedro Sánchez ni la levantisca Susana Díaz van a seguir esa senda.

   Podemos ni quiere ni puede pactar con el PSOE. Le distancia la postura favorable de Podemos y Pablo Iglesias a la celebración de un referéndum en Cataluña, para el que no hay resquicio legal y que sería, en sí mismo, un acto secesionista. Y si bien tanto PSOE como Podemos coinciden en una postura favorable a abrir el melón constitucional, no tienen la fuerza suficiente para ello. Podrían establecer una alianza en lo “social”, pero Podemos no va a ceder en su postura proreferéndum, porque una parte de sus diputados y de sus votos vienen exclusivamente de ese palo. Además, en este frentepopulismo tendrían que entrar IU y Esquerra Republicana de Cataluña, lo cual ya es un brebaje de excesivas contradicciones.

   Así que, en mi opinión, se van a vivir los tiempos, se va a escenificar la farsa que toca y se tendrá que ir a elecciones anticipadas, con una sociedad cansada, que se mueve entre los mantas del cambio o de la estabilidad, sin que parezca haber término medio. ¿A quién beneficia abrir de nuevo las urnas? A nadie o casi nadie. Según las encuestas, muy desacreditadas tras los fiascos previos, el electorado que se mantiene más firme es el de Podemos. Hemos de suponer que la peña fiel del PP seguirá y es previsible que el PP pueda recuperar parte del voto cedido a Ciudadanos. Aunque en el PSOE afirman que en Ciudadanos también ha recalado bastante voto suyo. El que peor lo tiene es Albert Rivera, pues su cuarta posición le hace bajar en el ránking de la utilidad del voto. El PSOE, con una especie de bicefalia, puede ser acosado por Podemos y puede que algo del electorado de Podemos no respalde el renovado maximalismo rupturista.

   Pero, con nuestro nefasto sistema electoral, puede que unas elecciones anticipadas no eviten el colapso, que no existiría con el sistema de doble vuelta, pero aquí no se han afrontado reformas que eran evidentes que eran imprescindibles.

   Otro dato que merece un comentario más extenso, pero que dejo apuntado, es que los resultados electorales entre las rupturas que muestran está la generacional. El partido más respaldado por la juventud ha sido Podemos y el menos, el PP.