Lo anunció en el  Wall Street Journal. Una inversión de 500 millones de dólares. Inmigrantes ilegales y refugiados, poro abierto, con la abrigada esperanza de que otros inversores persigan el mismo propósito. En uno de los grandes diarios de la plutocracia global progre, aclara. “He decidido destinar 500 millones de dólares en inversiones a las necesidades específicas de los inmigrantes, refugiados y comunidades de acogida”. Y agrega. “Invertiré en startups, empresas consolidadas, iniciativas sociales y actividades fundadas por los propios migrantes y refugiados”, detalla nuestro nunca bien amado y ponderado "filántropo" de los cojones.

Un mundo de esclavos, mestizo, andrógino e hipercontrolado

El adalid de Soros Fund Management LLC  asevera en el citado periódico económico yanqui que está buscando  “óptimas ideas de inversión”  en una  “diversidad de sectores, incluida la tecnología digital emergente". Sueño húmedo. Un mundo de esclavos, deliberadamente “mestizos” y andróginos, tecnológicamente hipercontrolado. Los avances en este sector podría, según este traidor a su raza judía (y a la humanidad), ayudar a la peña "a acceder a los servicios de manera más eficiente”, dejando suficientemente claro que también quiere demostrar que el capital privado puede jugar un papel importante en la "ayuda" a los inmigrantes.

George Soros no vacilará en acudir a la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y el Comité Internacional de Rescate (IRC) para "orientarlo" en sus inversiones. Orientarlo, eufemismo señero. Pues ahí sigue el menda, dale que dale, mete saca, mete saca, acelerando la genocida agenda 2030 de la Onu. Uno de sus fundamentos axiales: quitar a las  hormiguitas blancas de sus tierras y poner hormiguitas negras. Sin que ninguna de las manipuladas hormiguitas haya podido decidir nada. En fin.