El artículo del General Presidente de la Fundación Francisco Franco, pese a estar retirado y haber cesado en su relación de servicios profesionales, no destila ni alumbra un concepto claro y diáfano sobre la neutralidad política del militar en activo. La del retirado es tan aceptable o intrascendente, a los efectos del devenir y el deber ser de la legítima gobernanza, como lo puede ser la de cualquier otro colectivo nacional sea o no de élite. No puede ser de recibo  apoyar una especial posición o consideración ciudadana a organizaciones sociales que se autotitulan con ese calificativo tan lejano y ausente en nuestra CE de 1978 y para el  que no malgasta ni un solo párrafo.

Otra cuestión más importante, que sí merece rigurosa valoración, es cómo deba expresarse y concretarse en cada puntual caso  la obligada neutralidad del militar durante su periodo de actividad profesional.

Opiniones sobre los males o disfunciones de España o de sus Instituciones, o sobre una supuesta mejoría o decadencia  del sistema de valores sociales, o de la buena o mala fe en la acción política-publica de organismos, partidos, sindicatos  etc., de forma genérica o sin atribución singular de responsables o culpabilidades, es tarea aceptable pero muy difícil y solo abordable por quienes ideológica y moralmente estén bendecidos por una honestidad intelectual y racional que no está al alcance de la mayoría. Pero el riesgo reside en fijar hechos que se dan por ciertos e indiscutibles como puntos de partida, y entonces  significar o señalar ,directa o veladamente, a los considerados sujetos responsables o causantes de la situación que se enjuicia. Es ahí donde la neutralidad política es violada como consecuencia de la carga ideológica del o de los que ejercen la crítica con juicios de valor ajenos a la neutralidad que propician la confrontación.

Pero puede ser peor aún la contumaz creencia de que se goza en plenitud de tales facultades, sin las limitaciones que menciono, de modo que ante el lector avisado puede quedar patente la proximidad o lejanía o empatía o disconformidad que el autor de la crítica es incapaz de ocultar, si es que quisiera proponérselo. Hay entonces posicionamiento y enfrentamiento político no aceptables por carencia de imparcialidad.

No hay causas o razones actualmente excepcionales o extraordinarias que pongan en peligro la existencia del pueblo español que puedan abrir  la puerta a protagonismos extraños. Aquí lo normal es que interesadamente se traigan a escena visiones personales de la realidad, consecuencia igualmente del pensamiento personal y convicciones éticas y morales que en modo alguno tienen aceptación y valoración general.

No hay Apocalipsis ni en Francia, ni EEUU ni en España. No hay poseedores exclusivos de la verdad nacional, ni dueños del presente ni del futuro, sino SOLO la capacidad soberana de proponer cambios a través del Ordenamiento Jurídico democrático. No  es necesario dar alertas, ni se tiene licencia ni capacidad originaria  para pedir o exigir sean escuchadas. No hay excepción ninguna que ampare la ausencia de neutralidad militar porque sería tremendo error aceptar para ciertos casos una intromisión o poder otorgado del que carece. Lo otro proviene de  desconocimiento, radicalidad y exclusivismo pacíficamente  inaceptables.

Es lo seguro y cierto que la ruptura de la neutralidad cuando se produce es perceptible a corta y larga distancia  sin que al ciudadano, aun  inexperto en leyes, le pase desapercibida.