La pasarela política española presenta un variado catálogo de sujetos y personajes del más variado pelaje. Jamás como ahora la altura intelectual, la talla moral y la presencia personal ha sido tan zafia, grosera, basta, tosca e inculta. En las corporaciones locales, en las diputaciones provinciales y parlamentos regionales,  en los escaños del Parlamento Nacional – Congreso de los Diputados y Senado-, proliferan como las setas en otoño, charlatanes y mercachifles de poca monta. Por descontado, y esto es lamentable y vergonzoso, en el ejecutivo también tiene éxito el mal gusto,  la endeblez y la flojedad de talento. Muchos son los protagonistas de la escena nacional que se ajustan a un perfil mediocre, gris, anodino, vulgar y mezquino. No solo es una cuestión de estética, que también, es un todo en el que la parte distingue al individuo. Son horribles, dantescas y abominables las instantáneas que se pueden tomar en las intervenciones desde la tribuna parlamentaria, en las comparecencias antes los medios de comunicación, en las entrevistas y  en las tertulias mitineras en las que intervienen los ínclitos próceres de nuestra maltratada Patria.

Un denominador común acompaña tamaña  mesnada, a saber, que es la falta de escrúpulos y los exabruptos dialécticos con los que se manifiestan. Dicharacheros, de verbo fácil, pero sin complejos, nos castigan con su retórica pretenciosa cada vez que hacen uso de la palabra. No hay categoría, menos aún elegancia y respeto en tanto politicastro de poca monta. La lista es interminable, casi infinita, de chiquilicuatres y chisgarabís de poco juicio, pero eso sí, enredadores y arrogantes hasta la saciedad. Pero no se engañen, no solo se trata de trenzas, coletas, melenas y barbas desaliñadas, también hay ilustres prohombres y mujeres que, con americana y corbata anudada con esmero, tratan de disimular su inconsistencia desde la petulancia y la presunción. Pura apariencia sin esencia.

 

Hoy quiero dedicar mi artículo a uno de ellos. Me refiero a Gabriel Rufián Romero, alumno sobresaliente y destacado del hemiciclo de sede de la soberanía nacional en lo que se refiere a lo anteriormente apuntado. Matrícula de honor Cum laude es el nivel de rendimiento parlamentario, político, moral e intelectual del voceras catlán. Mención honorífica, con alabanza y elogio sarcástico le otorgo. No se puede alcanzar mayor logro de infamia y desdoro para quien se dedica a tan honorable actividad pública.

Su apellido le define con precisión y corrección semántica. No podía ser más acertado su nomen. El significado se ajusta a la etopeya del sujeto, su carácter, las acciones que protagoniza y las costumbres que practica son verdaderamente ilustrativas, hablan por sí solas. Personalmente, es el político que me causa mayor rechazo e animadversión de cuantos presenta el muestrario del circo de lo esperpéntico. Me resulta harto desagradable hasta su aspecto, es decir, su apariencia y rasgos físicos: peinado, vestido, mirada, lenguaje gestual,…Así pues, el retrato literario que puedo hacer del susodicho arroja  como resultado una descripción ciertamente espeluznante. En esta opinión coincido con muchos españoles con los que he tenido ocasión de conversar, en no pocas ocasiones, sobre el acervo del susodicho.

Rufián es aquel hombre vil y despreciable que vive del engaño y la estafa. Estamos de acuerdo. A ello habría que añadir el chantaje, la mentira y la falsificación  de la verdad. Como sinónimos, muy apropiados para Gabriel, están los del sujeto que demuestra chulería agresiva, intimidatoria, ciertamente presuntuosa e insolente. Seguimos estando conformes con lo que nos apunta el diccionario. Macarra, hortera y de mal gusto –sigue apuntándome mi lengua materna al respecto-, para esbozar, aunque sea tímidamente, el perfil del locuaz independentista. ¿Han escuchado ustedes sus intervenciones parlamentarias? ¿Han oído sus soflamas antiespañolas? ¿Se han fijado en su lenguaje no verbal? ¿Han analizado la forma y el contenido de sus peroratas y enjuiciamientos sectarios? ¿Y qué decir de sus ruedas de prensa?Si no lo han hecho, les invito a que analicen lo que les señalo.

Pero voy más allá en mi valoración del prepotente y soberbio, altivo y soez diputado de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC). Es un auténtico proxeneta de la actividad política subversiva y, como no podía ser de otra manera, se beneficia y lucra a sus representados con las ganancias económicas derivadas de su oficio, de los beneficios fiscales y el robo al conjunto de España. Un auténtico latrocinio contra los bienes públicos españoles es perpetrado impunemente, un hurto y un fraude consentido por el gobierno de Pedro Sánchez. Nunca llegué a pensar que su predecesor en el cargo de portavoz de su grupo en el Congreso de los Diputados, Joan Tardá i Coma, tan brutal y tosco, fuera superado por su aventajado y descarado pupilo. Con desprecio y bravuconería de matón de barrio se atreve, sin recato ni decoro alguno, a intimidar, amenazar, extorsionar e insultar a destajo a la diestra, porque a la siniestra le tributa guiños, carantoñas y elogios de variada naturaleza. A sus colegas comunistas recalentados, a los bilduetarras confesos, a sus correligionarios socialistas y demás nacionalistas de salón, les regala piropos y gestos de acogimiento leal y sincero. La hermandad corsaria cierra filas alrededor de su heraldo y le ovacionan obscenamente con grandilocuencia y estertóreo júbilo. Los palmeros de la traición, la sedición y la ignonimia están exultantes y alborozados con la comedia representada.

A mí no me engaña este mozo de Santa Coloma de Gramanet, sus bufonadas no me hacen gracia. Detrás de su charlotada hay un mensaje envenenado. No olvidemos que es Secretario General de la Asamblea Nacional Catalana, que desde 2013 forma parte de SÚMATE (Plataforma por la Independencia de Cataluña). Su objetivo en Madrid es claro, dinamitar la unidad nacional, sumarse a la turba de la confusión, el caos y el desorden organizado. Ha sido investido en Moncloa, con todos los honores, como mariscal de campo en el séquito de nuestro narcisista presidente. De ello se jacta y pavonea por los pasillos del palacio de la Moncloa y por las tertulias del Congreso.

Diplomado en Relaciones Laborales, Master en Dirección de Recursos Humanos por la universidad Pompeu i Fabra, con diez años de experiencia en una ETT (Empresa de Trabajo Temporal), llamada Organización Activa, estos son todos sus excelsos logros académicos y profesionales. Pese a ello, se abre paso, con éxito abrumador,  dentro de  la casta política como nuevo aristócrata parlamentario. Menudo chollo  ha encontrado interpretando su papel en  el folletín del catalanismo chabacano. Con treinta y ocho años que tiene el rapaz, todavía tiene una vida por delante para proseguir su asalto a  España.

Lo único que me gusta de Gabriel Rufián Romero es que es seguidor del Real Club Deportivo Español de Barcelona. Conviene señalarlo, del resto, sírvanse ustedes mismos de valorar la encarnadura - que rima con caradura-, de este saltimbanqui de la Carrera de San Jerónimo.