Habrá podido observar el lector de esta Serie de artículos enfocados en el Adiestramiento para la Santa Lucha contra la Masonería que vamos intercalando, como si de una Academia Militar o de un Centro de Alto Rendimiento Deportivo se tratase, artículos teórico-prácticos con otros fortalecedores del espíritu y celo para que El Soldado de la Inmaculada esté “entrenado y equipado para toda Buena Obra”, citando a San Pablo en Las Escrituras.

El artículo de esta semana pretende ser uno de esos artículos fortalecedores del espíritu del Soldado de la Inmaculada, así como de la determinación en La Milicia o Guerra Santa contra la Herejía, la Apostasía, y de manera muy especial, contra la Perfidia Judaica, siendo su principal cría la Masonería.

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La Gracia de Dios Hijo, en el marco de una vida personal acorde con su Palabra, con la Tradición de la Iglesia y con el Magisterio de los Padres (en especial el impartido por aquellos llamados Padres del Desierto y Santos Ascéticos) es la clave del Perfeccionamiento de todo Bautizado o “miles Christi”, así como de la Naturaleza Humana dañada por el Pecado. Esta Gracia, que nos viene junto a la Lucha Cristiana, es a su vez Perfeccionada por la Gloria procedente del Santo, Dios Padre, Jahvé de Los Ejército. ¡Profundo Misterio éste que los Santos no comprendieron plenamente en este Mundo, estando muchos de ellos en una profunda unión con la Gracia!

Nuestro Señor Jesucristo, estando ya en El Cielo “con Reino, Poder y Gloria dados por El Todopoderoso Dios” sigue siendo Jesús, el hijo de María, pues en Él toda la Naturaleza Divina y Humana se reúnen plena y perfectamente por toda la Eternidad, y como Jesús sigue siendo obediente a su Amada Madre “Reina de los ángeles y Reina del Cielo” por ser Esposa de Dios Espíritu Santo “que la cubrió con Su Sombra tras lo cual nació el Mesías” lo que Ella le pide, Él lo realiza. Siendo esta Verdad un hecho objetivo de gran profundidad es clave para entender dónde está el Vigor y la Fuerza de los Soldados de la Inmaculada.

Dios Quiso que, en María Inmaculada estuviesen todas las Gracias “llena de Gracia, el Señor está contigo” y que en Ella y por Ella estemos presentados inmaculados ante Su Hijo, Sumo y Eterno Sacerdote ante el Padre. Cuando leemos en San Benito, San Bernardo, San Bruno y otros que “En el Cielo y la Tierra todo, incluso el mismo Dios, está sometido a la Santísima Virgen quiere decir que la Autoridad que Dios mismo le confiere es tan grande que parece como si tuviera el mismo poder que Dios. Sus plegarias y súplicas son tan poderosas ante Dios, que valen como mandatos ante la Divina Majestad, que no desoye jamás las súplicas de Su Querida Madre porque son siempre humildes y conformes con la Voluntad Divina.

Por último, recordemos que María Impera en el Cielo sobre los ángeles y bienaventurados. En recompensa a su profunda Humildad, Dios le ha dado el Poder y la Misión de llenar de santos los tronos vacíos, de donde por orgullo cayeron los ángeles apóstatas y siguen cayendo a las profundidades todos los que les siguen a ellos en sus obras. La Voluntad del Altísimo exalta siempre a los humildes, a aquellos que “militan en su Batalla por Causa del Reino”.

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Los Soldados de la Inmaculada siempre debemos recordar El Manual de Consagración:

“El Cielo, la Tierra y los Abismos se Someten, de grado o por fuerza, a las Órdenes de la Humilde y Poderosa María, a Quien Dios constituyó Soberana del Cielo y de la Tierra, Capitana de los Ejércitos a Quien el Arcángel Miguel Obedece como a Dios, Tesorera de las Riquezas, Dispensadora de las Gracias, Realizadora de Portentos, Reparadora, Mediadora en el Hijo y, jamás lo olvidemos, Exterminadora de todos los Enemigos de Dios”. Desde El Correo de España decimos: ¡¡¡Hágase… Ven pronto Señor Jesús!!!