Esta semana hemos podido comprobar, en un usuario de las redes sociales, una vieja opinión mía sobre lo que mueve el voto de la izquierda. Un tal Carlos Alonso aseguraba en Facebook que "seguirá votando al PSOE aunque sus hijos se mueran de hambre". Y efectivamente, nos lo creemos. Detrás del voto de cientos de miles de socialistas y comunistas no hay ni siquiera ese pequeño argumento de puro egoísmo familiar que casi todos tenemos. Querer lo mejor para nuestros hijos y hermanos, querer lo mejor para los demás, para el prójimo. No. Cientos de miles de socialistas y comunistas lo único que quieren en la vida es que no gobierne la derecha. Y para ello son capaces de votar a personajes como los que hoy están en La Moncloa.
 
Sin embargo, esto ha dejado ya de ser una cuestión de izquierdas o de derechas, según el planteamiento clásico. Esos viejos esquemas tuvieron cierta gracia en la época de vacas gordas, cuando González y Aznar se disputaban el poder y sus seguidores sabían que al día siguiente les esperaba su oficina y su café mañanero. Hoy, la España coronavírica se asoma al abismo de una crisis nunca vista que sólo encuentra escenarios y datos parecidos en la posguerra. El gobierno que peor ha gestionado la pandemia en todo el planeta es también el que nos lleva, de manera más directa, al caos del paro, el hambre y la miseria para millones de familias. Confiando toda su suerte al dinero que nos ha prometido Bruselas si dejásemos de ser lo que somos. Lo que casi siempre hemos sido.
 
Las reformas que exige Bruselas para que nos llegue el maná de los 140.000 millones empiezan por una reforma del sistema de elección de los jueces que choca con los deseos de Iglesias Turrión que, como buen comunista, quiere que la Justicia sea el perrito faldero de sus caprichos y de sus movidas personales. Lo reconocía el propio Pedro Sánchez, cuando todavía tenía pesadillas por las noches con la idea de tener al líder podemita en el Consejo de Ministros. Nunca sabremos si lo decía en serio o era pura hipocresía. Si de verdad se escandalizaba entonces, o estaba haciendo un puro teatro porque ya tenía decidido que Iglesias fuese su mano derecha, precisamente para poder controlar a los jueces, a los espías y a los periodistas de TVE.
 
En todo caso, la extraña pareja ha recibido, como es lógico, una severa llamada de atención de la Unión Europea, porque los jerarcas europeos podrán ser unos masones como ellos dos, pero desde luego no se chupan el dedo y menos en cuestión de repartir dinero. Y les han venido a decir que si quieren controlar a los jueces, como Maduro en Venezuela o como los hermanos Castro en Cuba, se vayan olvidando de los 140.000 millones para seguir manteniendo con oxígeno y benzodiacepinas la economía española y, por tanto, la sociedad española. Por no hablar de los cambios estructurales que exige Bruselas, y que ni se han hecho si se van a hacer, porque el sueño de Sánchez e Iglesias es mantener a la mayoría de los españoles con paguitas de 400 euros.
 
Los continuos desplantes al rey de España, las promesas de indultos a los golpistas de Cataluña, el acercamiento de presos etarras, la inmigración ilegal descontrolada, la violencia de los menas en las calles, todo lo que vemos a diario es solamente el telón de fondo de un proyecto cuya cabeza pensante es Rodríguez Zapatero y cuyo ejecutor principal es Iglesias Turrión: convertir España en un régimen populista de extrema izquierda que tenga a la mayoría de la población en el umbral de la miseria, subsidiada con dinero público y, por tanto, esclava del partido único cuando pongan sus urnas de juguete. Un cambio de régimen que no veremos en dos años ni en tres, pero cuyo andamiaje tenemos justo delante de nosotros en medio de esta pandemia devastadora cuyos muertos ni siquiera se molestan en contar. Porque si no les importan los vivos, imagínense los muertos.
 
Según la última entrega del CIS, el PSOE volvería a ganar las elecciones si mañana hubiese elecciones generales. Me dirán que Tezanos manipula las encuestas y seguramente lo haga, pero algunos no tenemos la menor duda de que existe esa parte importante de la sociedad española llena de odio a la derecha. Cientos de miles de votantes que seguirán votando al PSOE aunque sus hijos se mueran de hambre. Cientos de miles de españoles incapaces de ver en Iglesias Turrión la viva imagen de Fidel Castro, de Hugo Chávez o de Nicolás Maduro. Manirrotos de la economía, depravados en lo moral y amantes de la ideología más asesina y criminal que has visto los tiempos. Eso es lo que tenemos, ahora mismo, en el Palacio de la Moncloa.