El Correo de España inicia un cuestionario a diferentes personalidades de la vida política y social española con motivo de la concentración de protesta contra Ley de Memoria Democrática frente al Congreso de los Diputados el pasado día 14 de julio

Entrevistamos al historiador José Antonio Bielsa Arbiol.

¿Cómo valora la concentración de protesta contra la Ley de Memoria Democrática frente al Congreso de los Diputados del 14 de julio?

Como una manifestación más, tan legítima como necesaria, de la repulsa que una gran mayoría social de españoles siente ante semejante aberración jurídica.

No obstante coincide con el Pleno Extraordinario en el que, inicuamente, se aprobará la ley, toda vez que socialistas y comunistas cuentan con el apoyo de Bildu y otras fuerzas secesionistas con representación parlamentaria.

La monstruosa traición que los socialistas vienen realizando contra España no tiene nombre, de puro sangrante se manifiesta en cada una de sus embestidas. Pero la responsabilidad no es sólo de la casta política socialista y de su dinámica de “puertas giratorias”, sino de sus votantes, carcomidos por sectarismos mal digeridos que perpetúan y acrecientan el carcinoma imperante... Por lo demás, el socialismo siempre ha sido aliado fidelísimo del comunismo, aunque pretenda aparentar lo contrario: ambos ismos combinan idéntico ADN mientras caminan hacia el despeñadero de la Historia. Y si en su descenso a los infiernos necesitan recurrir a separatistas y bilduetarras, no titubearán en hacerlo (¡tal cual nos han demostrado con inaudita desfachatez!). Al fin y al cabo, el combustible de la izquierda en España no parece ser otro que el del odio, que es tan visceral en su irracionalismo como oneroso deviene su mantenimiento y financiación.

Resulta muy significativo -concluyen los convocantes- que vaya a salir adelante dicha ley gracias al apoyo de la marca electoral de la banda terrorista ETA -en referencia a Bildu- y que vaya a ser ETA la que determine el relato histórico oficial”.

ETA representa la más inmunda, criminal y abominable manifestación de los miasmas de la Anti-España durante la segunda mitad del siglo XX. Su legado terrible perdura no sólo a través de la acción infiltradora de sus muchos entes-pantalla (debidamente subvencionados y blanqueados), sino también mediante los efectos catárticos de un estado mental alienado cuya principal fuerza motriz es el racismo teórico de un Sabino Arana, en una suerte de neurosis psicótica sustentada en la falsificación de los hechos de la Historia y las coordenadas de la Geografía. Aunque esta narrativa es inconsistente y burda en grado sumo, las víctimas adoctrinadas en dicho discurso no pueden, o no quieren, resistirse al mismo.

Tanto es así que han dado en llamar a la nueva ley “Ley de Memoria Batasuna”.

Muy apropiado remoquete, desde luego, pues a partir de ahora y desde sus tumbas –sobre las que se escupe con vileza indescriptible–, los ochocientos cincuenta y tres españoles asesinados por ETA (repito: ¡853 españoles asesinados!) clamarán justicia póstuma y reparación ante esta traición sin límites. Me pregunto si quienes voten por el “” en la Cámara Baja podrán conciliar el sueño tras semejante canallada... Me gustaría creer que tal complicidad con el Mal puro no puede ser obra humana, sino producto de lo que un exorcista llamaría “posesión demoníaca”.

Los convocantes entienden que la Ley de Memoria Democrática viene a endurecer la vigente Ley de Memoria Histórica. ¿Qué consecuencias prácticas considera que va a tener?

Es difícil anticipar nada, pero mucho me temo que de llevarse a término este experimento, las consecuencias acabarían siendo las propias de una dictadura socialista-comunista (en lo social) con emolientes neoliberales y capitalistas degenerados (en lo económico), es decir con todas sus privaciones y corrupciones propias, amén de todos los excesos caros a las sinergias del Gran Capital. De lo que no tengo dudas es de que a la cosificación de las mentes se sucederá/se está sucediendo, más pronto que tarde, la cosificación de los cuerpos “del Estado”, por medio de la depreciación de la nuda vida (aborto, eutanasia, etc.), la ruina económica, el hambre, la enfermedad, la muerte programada... Y todo esto llegará/está llegando, tiempo al tiempo, por obra y gracia de la decrépita partidocracia del Régimen del 78, monitoreada por el PSOE, el cual practica desde hace muchos años una política revanchista, estomacal en última instancia, que alimenta su impulso aplanador en la venganza diferida (mediante la reescritura de la Historia y el regodeo en una dialéctica de la disociación en el mal); o, lo que en inmejorables palabras, don Gustavo Bueno definió –en su obra El fundamentalismo democrático– en estos términos: «Quienes buscan disociar sistemáticamente la democracia de su núcleo basal (de la tierra de los padres, de la Patria) o bien están impulsados por el idealismo formalista más ingenuo, propio de legistas puros, o bien están movidos por una saña insaciable, alimentada por una memoria histórica corrompida que lleva a confundir a España, la Patria, con el franquismo. Una memoria histórica entre cuyos motores no cabe descartar a la acción de los secesionismos autonomistas, que asocian la idea de patria a “la dictadura” y proponen, por ejemplo, sustituir el lema “Todo por la Patria” que figura en todos los cuarteles por un “Todo por la Democracia”, pero jamás por un “Todo por España”.»

¿Por qué supone un gran atentado contra los derechos y las libertades fundamentales de los españoles como son el derecho de asociación, la libertad de cátedra, la libertad religiosa, la libertad de imprenta, la libertad de expresión y difusión de ideas, etc.?

Precisamente porque atenta contra lo propio del hombre, contra su dignidad inalienable como sujeto pensante dotado de libre albedrío, y por ende socava y violenta las eventuales coartadas ético-morales (como la legítima desobediencia civil) que semejante abominación pretenderá regular y normativizar, para regocijo de esa élite de sectarios sin escrúpulos ni sombra de conciencia (amparados en la liberticida Agenda 2030, de la que este engendro indignante es inequívoco trasunto en su afán por alterar los pasajes de la Historia que no interesan a la narrativa anticristiana del Nuevo Orden Mundial).