Rogelio Javier Rodrigo (Zaragoza, 1958) es el delegado de la FNFF en Aragón. Destacado activista político, milita actualmente en La Falange. Ha desarrollado en los últimos años una intensa actividad pedagógica contra el adoctrinamiento que las fuerzas de la Anti-España arrojan contra nuestra Patria. Intervino en la coordinación del desaparecido movimiento Patriotas de Aragón y sus mesas de memoria histórica. Fue una de las personalidades invitadas al programa radiofónico “Bala-Rasa” (La Tribuna Radio) para analizar la profanación de la tumba de Franco. Siente por España un dolor físico: “Porque España es nuestros padres y abuelos, costumbres, tradiciones y valores. No quiero pasar a la Historia como miembro de la generación que lo perdió todo. No sin luchar.”

 

¿Qué le llevó a abrazar el nacionalsindicalismo como la más completa (y moralmente satisfactoria) teoría política de cuantas hemos conocido en España? 

Tengo 62 años. Eso quiere decir que tuve ocasión de vivir con Franco, y valorar “in situ” sus logros, que, desde luego, se extendieron más allá de su período de gobierno. Un país que era una nación, con paz, trabajo, bienestar social y un fondo de gente buena y de buena gente. Fue real. El lema de Dios, Patria, Pan y Justicia Social fue real. Así que no podía ser otra cosa que nacionalsindicalista. No pueden quitarme mis recuerdos. 

Pese a la censura sistemática, ¿puede el discurso falangista calar en la sociedad española de hoy?

Calar, por supuesto. Pero para ello, tendría que “llegar” al gran público, lo cual es imposible, pues los medios de comunicación son cautivos, esbirros o ambas cosas del Pensamiento Único. Lo más que podemos hacer es transmitir el mensaje a nuestro entorno más cercano, familia, municipio y espacio de trabajo, parafraseando la doctrina nacionalsindicalista. Podríamos citar a la misma Rosa Chacel, escritora de izquierdas, militante activa, multipremiada por el régimen partitocrático, que encontró las Obras completas de José Antonio en una librería de libros viejos, y quedó tan atrapada por su doctrina, que leyó trescientas páginas de un tirón, resumiéndolo con esta reflexión: “Dos cosas son increíbles: una, que todo esto haya podido pasarme inadvertido a mí, y otra que España y el mundo hayan logrado ocultarlo tan bien”.

¿Se puede ser falangista y franquista al mismo tiempo? ¿Por qué se dan tantas luchas intestinas entre los falangistas en este aspecto controversial? 

Por supuesto. No importaría lo que yo pienso, si no estuviera avalado por falangistas de la talla de García Serrano (padre e hijo), Utrera Molina, o tantos otros a los que Franco colocó en el Gobierno, para que hicieran todo lo posible (especialmente en el aspecto de la justicia social, preocupación máxima de la Falange), Girón de Velasco, José Luis Arrese, Raimundo Fernández Cuesta, y tantos y tantos en todos los escalafones de la Administración. Pero es cierto que una facción de la Falange no lo consideró así, y las opiniones abarcan todas las posiciones, incluso los que sólo consideran que se aprovechó de la Falange. Los hay bienintencionados, pero también los que se suben al fácil carro del antifranquismo, para conseguir una notoriedad que de otra forma jamás hubieran alcanzado. Algo por otra parte consustancial al ser humano. Yo me quedo con la opinión de su propia hermana: “Franco no era ni falangista ni requeté, era un militar, un patriota que supo ver que en la Falange estaban plasmadas las virtudes que el pueblo español buscaba y necesitaba”. Y para remarcar todavía más, las palabras de Pilar Primo de Rivera, en sus memorias: “Si alguna vez tuve dudas de Franco, todas han desaparecido a la vista de lo que ha sucedido después”.

Háblenos del proceso de degradación imparable sufrido en España en los últimos cuarenta años, tal y como usted lo ha conocido y analizado, en cuanto sujeto de razón de este período histórico.

Parece mentira, tras más de 80 años, pero lo haré con las palabras del propio José Antonio en la única filmación sonora que se le conoce: “España ha venido a menos por una triple división. La división engendrada por los partidos políticos, por la lucha de clases y por los separatismos locales”. Estos tres problemas, han vuelto ahora con la misma fuerza de entonces, porque se basan en una fuerza tan ancestral como poderosa: el odio. Han sabido atizar las brasas que había enfriado la reconciliación, porque sin odio, la izquierda no tiene razón de ser. Y si el comunismo es derribado en Europa con el Muro de la Vergüenza, crean otro enfrentamiento, hombre/mujer, o el que haga falta en cada momento. En palabras del propio Pablo Iglesias, la caída del Muro fue una mala noticia, porque acabó con el miedo. Y sin miedo no se puede encadenar al pueblo.

¿A qué causas remotas se debe el odio visceral que la izquierda anticatólica tiene por la figura del General Franco?

A fecha de hoy, sigue siendo el único personaje de la Historia que se enfrentó a ellos y les venció. Indalecio Prieto bramó: “¿Adónde van esos locos? Nosotros lo tenemos todo”. La respuesta del Caudillo fue soberbia: “Es verdad, ellos lo tienen todo, todo, menos la razón”. Creían estar a punto de convertir España en un satélite de la Unión Soviética, y la decepción fue gigantesca. El comunismo, con su negación del individuo como ser espiritual y su conversión en un ser materialista al servicio de un Estado, no podía sino anhelar el exterminio del catolicismo. No pudieron. 

Objetivamente, el grueso de la sociedad española es analfabeta integral en materia histórica, además de amnésica. ¿Puede hacerse algo para ilustrar a tan abultada masa?

El gran triunfo del Mal con mayúscula es haberse apoderado de la Educación. Los libros escolares rezuman un odio a España indisimulado, y esto unido a la repugnante actuación de los medios de comunicación, comprados a base de subvenciones, hace muy difícil la reacción. Sólo nos queda que cada uno de los que todavía se sienten identificados con los valores universales que España regaló al mundo, sepan luchar en su pequeño entorno próximo, con sus pocas o muchas posibilidades, para dar a conocer la Verdad. Y va a ser una labor especialmente penosa, porque la sociedad española ha sido educada en la indiferencia, la aceptación y el inmovilismo, bajo la cultura del egoísmo individual. La obediencia al poder como máxima virtud del buen ciudadano. Bajo el relativismo reinante, todo es aceptable.

Dicen que el Régimen del 78 está dando sus últimos coletazos. ¿Qué juicio tiene al respecto?

Desgraciadamente, yo creo que es así. No porque el Régimen del 78 fuera intrínsecamente bueno, sino precisamente porque llevaba en su germen la destrucción de España, y en ese sentido ya ha cumplido su penosa función. Ahora deja paso a su consecuencia.

¿Qué opinión le merece la novísima y al decir de juristas autorizados, inconstitucional, Ley de Memoria Democrática?

Una aberración. Porque no se trata de condenar tal o cual posición histórica, sino de condenar la libertad de pensamiento. La libertad es el mayor bien del ser humano. Y si podemos incluso distinguir entre los distintos tipos de libertad, la de pensamiento es la primordial. Porque no puede existir mayor atentado contra la Humanidad, que privarle de su pensamiento. Sin libertad de pensamiento, no existiremos, simplemente.

Para terminar, ¿podría recomendarnos un libro, una película y una obra musical con las que se sienta identificados?

Son tantos… Como cinéfilo y lector empedernido, tendría que recurrir al tópico de que no se puede hacer elegir a un padre entre todos sus hijos. Así que al margen de la calidad, escogeré por lo que supuso para mí en el momento que accedí a esa obra.

  • Libro: Bella del Señor, de Albert Cohen.
  • Película: Ben-Hur
  • Obra musical: Jesucristo Superstar y Cabaret (aquí escojo dos).

         Y no quiero dejar de responder a esta apasionante pregunta, sin citar la espléndida Solo ante el peligro, de Fred Zinemann, que es el perfecto paradigma de la sociedad actual, especialmente la española. Todos quieren ser Gary Cooper, pero en realidad la mayoría (hay valerosas excepciones) representan fielmente el pueblo cobarde y miserable de Hadleyville. 

Gracias por atendernos. 

Muchas gracias a ti, José Antonio, por tu labor impagable en pro de la verdad y la dignidad en estos tiempos difíciles. 

Una entrevista de José Antonio Bielsa Arbiol