Ahora se viene la catástrofe climática. La tenemos encima. Era de esperar  y estaba escrito. Se cumplen a rajatabla los puntos de la agenda, los planes de la elite global. La Organización de las Naciones Unidas, en boca del jefe, el portugués Antonio Guterres, manifestó dramáticamente en el encuentro virtual de la Cumbre de Ambición Climática: "Apelo hoy a los responsables del mundo a declarar el estado de urgencia climática en sus países”.  

Todos los estados del mundo, como si fuesen uno, cumpliendo las ordenes para lograr los Objetivos de la Agenda 2030, la del pin circular multicolor que lucen en la solapa con orgullo, desparpajo y sin vergüenza alguna, magnates ultramillonarios, jefes de Estado, presidentes, monárquicos, republicanos, izquierdistas, centristas, derechistas y todo quien se precie de progresista, sostenible, inclusivo, verde y feminista. 

No viene nunca mal recordar que los llamados “Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030” no han sido consultados con nadie, pero sí aceptados por las dirigencias gubernamentales mundiales. En España cuenta incluso con el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 como Secretaria de Estado. Son evidentemente políticas oficiales de facto aplicadas como dogmas, que prácticamente nadie discute y casi todos aceptan por activa o por pasiva. 

Sus principios entraron también en los colegios y las mentes de los niños. Ese circulito multicolor es dibujado en los cuadernos infantiles y los “17 objetivos para transformar nuestro mundo” son copiados como si de preceptos sagrados se tratasen, y repetidos como mantras o dogmas de fe. Se definen así: “Los Objetivos de desarrollo sostenible son el plan maestro para conseguir un futuro sostenible para todos. Se interrelacionan entre sí e incorporan los desafíos globales a los que nos enfrentamos día a día, como la pobreza, la desigualdad, el clima, la degradación ambiental, la prosperidad, la paz y la justicia. Para no dejar a nadie atrás, es importante que logremos cumplir con cada uno de estos objetivos para 2030”. 

Se puede observar que el discurso global de la ONU coincide plenamente con los tópicos del discurso gubernamental a nivel local, incluso con lemas tan manidos como “no dejar a nadie atrás”. La falta de imaginación, independencia, originalidad y subordinación, son más que evidentes. La ONU es considerada ya como el gobierno mundial, su agenda globalista como la única política aplicable y sus principios como el pensamiento único y oficial.

En los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, el número 13 es el llamado “Acción por el clima”, y dice textual: El cambio climático está afectando a todos los países de todos los continentes. Está alterando las economías nacionales y afectando a distintas vidas. Los sistemas meteorológicos están cambiando, los niveles del mar están subiendo y los fenómenos meteorológicos son cada vez más extremos. (…) El cambio climático no se va a pausar. Una vez que la economía mundial comience a recuperarse de la pandemia, se espera que las emisiones vuelvan a niveles mayores. Es necesario tomar medidas urgentes para abordar tanto la pandemia como la emergencia climática con el fin de salvar vidas y medios de subsistencia (…)”. La sentencia de Antonio Guterres en la Cumbre de Ambición Climática se apoya en esta perspectiva.

Recordemos que, de la mano de los Objetivos de la Agenda, se firmó durante diciembre de 2018 en Marrakech, el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, conocido también como Global Compact, y al que España se adhirió mediante la firma del presidente Sánchez. Curiosamente pasó casi desapercibido en los medios de comunicación.  En líneas generales, en ella se eliminan las diferencias entre refugiados e inmigrantes, llamados ahora migrantes, forzados a dejar sus países de origen por diversas causas. El pacto cuenta con 23 objetivos por llevar a cabo. 

En el objetivo 2 titulado “Minimizar los factores adversos y estructurales que obligan a las personas a abandonar su país de origen”, apartado Desastres naturales, efectos adversos del cambio climático y degradación ambiental, punto h) y punto i) se lee: “Cooperar a fin de encontrar, desarrollar y reforzar soluciones para los migrantes que se vean obligados a abandonar su país de origen debido a desastres naturales de evolución lenta, los efectos adversos del cambio climático y la degradación ambiental, como la desertificación, la degradación de la tierra, la sequía y la subida del nivel del mar, incluso mediante opciones de reubicación planificada u obtención de visados, en los casos en que les sea imposible adaptarse en su país de origen o regresar a él. Facilitar el acceso a los procedimientos de reunificación familiar para los migrantes, sea cual sea su cualificación, con medidas apropiadas que promuevan la realización del derecho a la vida familiar y el interés superior del niño, incluso examinando y revisando los requisitos aplicables, como los relativos a los ingresos, el dominio del idioma, la duración de la estancia, la autorización para trabajar y el acceso a la seguridad y los servicios sociales”.

El objetivo 16 titulado, “Empoderar a los migrantes y las sociedades para lograr la plena inclusión y la cohesión social”, y el 17, “Eliminar todas las formas de discriminación y promover un discurso público con base empírica para modificar las percepciones de la migración”, son tan elocuentes que sobra cualquier comentario. La aceptación de la caída definitiva de fronteras, la legalización de la inmigración ilegal y el reemplazo poblacional y cultural, sobre todo en el continente europeo, es una realidad.

Por último, en el objetivo 2, se lee: “Fortalecer la cooperación internacional y las alianzas mundiales para la migración segura, ordenada y regular. Para cumplir este compromiso, recurriremos a las acciones siguientes: Aumentar la cooperación internacional y regional a fin de acelerar la implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en las zonas geográficas de donde sistemáticamente procede la migración irregular debido a la constante presencia de factores estructurales como la pobreza, el desempleo, el cambio climático y los desastres, la desigualdad, la corrupción y la mala gobernanza”. 

En verdad, lo que se oculta con todas estas intenciones buenistas y ahora con la excusa de la emergencia climática postpandémica es, sin lugar a dudas, el reemplazo poblacional y cultural de occidente. Las elites económico-financieras mundiales y sus acólitos totalitarios de pensamiento progresista, necesitan esas “sociedades abiertas” que acojan a una población desarraigada y controlable para sus objetivos supuestamente bienintencionados de ingeniería social. En definitiva, un modelo de producción con mano de obra dócil, barata y obediente que se sienta a gusto en la nueva normalidad prometida como el Mundo del Futuro.  

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular son estaciones en el cometido final del globalismo para la instauración de un modelo social planetario de pensamiento único: reemplazo poblacional y cultural, reducción de la población gracias al aborto y la eutanasia, junto al modelo  LGTBI, la fragmentación de la familia, destrucción de la identidad, la soberanía nacional y la tradición ancestral, acabando así con las libertades y la democracia real. De esta forma, se consigue sustituir a los estados soberanos por sociedades débiles y obedientes, controladas por organismos supranacionales con la unión de poderosos magnates y los herederos de la izquierda radical y el progresismo. 

Antonio Guterres, secretario general de la ONU, ya advirtió que después de la pandemia vendrá la siguiente catástrofe global, con el inevitable cambio climático y la consecuente inmigración descontrolada que culminará con el Nuevo Orden Mundial en 2030. Si no cambia el rumbo de los acontecimientos, lo previsible es que Greta Thunberg se convierta definitivamente en sacerdotisa de la diosa Gaia, con el burka de la sumisión globalista, y el resto del mundo en creyentes de la nueva religión de las sombras.