Seguimos viviendo, un día sí y otro también, las mismas sensaciones, los mismos problemas y las mismas mentiras de nuestros gobernantes que, sin pudor alguno (ni memoria de un pasado reciente) nos siguen machacando los oídos con promesas que nunca cumplirán. La crisis sanitaria y la crisis económica siguen siendo nuestra pesadilla, a la que ahora se suma el tremendo desbarajuste con las vacunas como única novedad. Eso y, claro está, las elecciones de la Comunidad de Madrid, que se han convertido, de alguna forma, en escenario de unas elecciones generales, que ningún parrido político se resigna a perder.

Con todo esto en el “puchero”, los telediarios y las tertulias televisivas se suceden con insoportable monotonía limitándose a darnos datos sobre la pandemia (ni uno sobre la desastrosa situación económica que va in “crescendo”) y sobre las ocurrencias recurrentes de nuestros políticos. Nada de esto refleja la situación real en la que nos encontramos, en la “nueva normalidad” que se asemeja al maldito “día de la marmota”. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos los acontecimientos, se repiten una y otra vez, y lo que nos circunda permanece exactamente igual con algunos cambios ligeros que apenas notamos.

Es decir, Gobierno completamente ausente (salvo para cantar sus vacuas loas a los cuatro vientos) y población harta ya de estar harta ante semejantes dosis de hipocresía por parte de quienes tienen la obligación de tomar las riendas de una vez. Tomar las riendas y asumir errores (que es lo que ha hecho Merkel en Alemania) porque sin esto último mal podremos salir adelante ya que, lamentablemente, solo se acaba aprendiendo de los propios errores, pero siempre que sean reconocidos como tales.[1] Y es que el Gobierno ya ha probado con dos estados de alarma muy diferentes en donde, primero asumió todas las competencias, y luego delegó todas ellas en las CCAA. Sin embargo, me temo que esto último no obedeció a un criterio de eficacia, sino que tenía por finalidad eludir responsabilidades, limitándose a mirar los toros desde la barrera.

Ahora toca decidir si se prorroga el estado de alarma o se hace frente a la pandemia con otra clase de instrumentos legales (las leyes de Salud pública, esencialmente) frente a lo cual muchos juristas, entre los que me encuentro, opinamos que no puede ser así. Y ello por cuanto que las medidas en las que se está pensando (cierres perimetrales y toques de queda) inciden claramente en derechos fundamentales, lo que no puede hacerse al margen de la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, de los estados de alarma, excepción y sitio. Pero el Gobierno calla ante estas demandas de las CCAA, porque no tiene la más mínima intención de desgastarse antes de las elecciones de Madrid (sea cual sea la decisión que acabe tomando, ya que cualquiera de ellas puede mermarle votos).

Como dije líneas atrás, la monotonía del día de la marmota ha sido quebrada por estas elecciones y ahora nos toca volver a oír nuevas promesas vanas o auténticos despropósitos por parte de algunos candidatos (especialmente del sector de la izquierda). Gabilondo es la marioneta que utiliza Sanchez para poder decir una cosa y la contraria (como es el caso de la subida de impuestos) mientras controla todo desde La Moncloa. Pablo Iglesias y su séquito siguen con la copla de la república comunista y con el “manierismo” lingüístico de Montero, como si con eso se fuese a resolver algún problema real. Ellas, ellos y elles …pero ¿Qué majadería es esa y adonde conduce? Si ya tenemos un lío considerable con las denominadas lenguas cooficiales ahora vienen a enmendar la plana a la RAE, haciendo que siga creciendo la torre de Babel en la que ya estamos inmersos.

A lo anterior debe serle añadido ese afán incontenible por el “neolenguaje” que está mostrando el Gobierno, desoyendo los consejos que la carta que Don Quijote remitió a Sancho Panza para aconsejarle en la tarea de Gobernador de la ínsula de Barataria. Una de las recomendaciones es particularmente pertinente: "No hagas muchas pragmáticas; y si las hicieres, procura que sean buenas, y, sobre todo, que se guarden y cumplan”.[2]  O lo que viene a ser lo mismo, pocas leyes, justas y claras, que la falta de claridad suele traducirse, las más de las veces, en incumplimientos e injusticias (lo que resulta especialmente adecuado a nuestro Derecho Administrativo). Simple muestra de ello es el Real Decreto Ley 36/20200 (sobre los Fondos europeos) por el que se aprueban medidas urgentes para la modernización de la Administración Pública y para la ejecución del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (que me traigan un niño de cuatro años para entender esto, como decía Groucho Marx ¡¡).

De los partidos situados a la derecha poco o nada digo porque, sobre todo, Díaz Ayuso hace lo que dice y, para colmo y desesperación del resto resulta tremendamente eficaz en ambas cosas.[3] Mantiene los comercios abiertos y controla la epidemia, a pesar de las piedras que le ponen en el camino (como es la ausencia de controles sanitarios en el aeropuerto de Barajas). Ciudadanos y VOX en su línea de siempre, con lo cual mantienen al menos la coherencia y no nos vuelven locos. VOX, además, tiene que hacer frente a los continuos boicots (incluidas las pedradas) a sus mítines por parte de la izquierda radical, que les niega la libertad de expresión, lo cual no resulta, en absoluto,  admisible. Ambos representan la soledad de los “números primos gemelos” que siempre van juntos, pero sin llegar a tocarse (como pueda ser el caso del 11 y el 13 o el 17 y el 19) que es lo que sucede con estos dos partidos situados desde el centro a la derecha.[4] Mantienen alianzas puntuales, pero no se dejan engullir por el PP, a pesar de que Ciudadanos sigue perdiendo fuelle por haber olvidado buena parte de su argumentario inicial y haber dado lugar al efecto mariposa con su moción de censura en Murcia.[5]

Con todo lo anterior, ahora se nos rompe un poco la monotonía, aunque volvemos a ver y oír mucha majadería envuelta en papel celofán, especialmente por el lado izquierdo. Banderas tricolores al viento y promesas de progreso, como si en el largo año trascurrido hubiésemos avanzado algo con semejante lema, huérfano de contenido real, sobre todo cuando se esgrime con la hipocresía de quienes viven a costa de todos como auténticos príncipes. ¿Cuántas residencias de ancianos ha visitado Iglesias cuando dependían de su Vicepresidencia? ¿Cuántas veces ha acudido a un mercado el Presidente Sánchez? ¿Cuántas? Ni ellos mismos pueden calcular el alcance de la que se avecina con las elecciones de Madrid, y por eso mismo prometen ahora un bienestar de la población a la que nunca llegaron a prestar atención. Pero yo, y todos los madrileños, sí que hemos visto a Díaz Ayuso “probar el vino de las tabernas” y beber cerveza en los bares de Madrid.

El voto es libre (o debe serlo) y aún tenemos libertad para expresar nuestras ideas, que es lo que yo hago, admitiendo de antemano que se pueda discrepar de las mismas. ¡¡Faltaría más!! Ahora, y durante el corto período de un par de semanas, viviremos frente al reloj del tiempo (y no a sus espaldas) porque, ciertamente, y es que es mucho lo que nos jugamos todos en estas elecciones de Madrid. Han roto nuestra monotonía, aunque mucho de lo que ya estamos oyendo nos suena a “usado”, porque los actores son, en buena parte, los mismos que ya tuvimos ocasión de oír en las elecciones generales. Veremos, pues, si se sigue confiando en quienes han incumplido sistemáticamente con su palabra o despertamos, de una vez a la cruda realidad. Ha llegado, por fín, la hora en la que nos es devuelto el poder de decidir quién o quiénes nos van a gobernar y eso ….eso no podemos desaprovecharlo. Vigilemos, no obstante, el voto por correo, porque nunca se sabe por dónde saltará la liebre, y porque Correos (como la Fiscalía General) está controlada por el Gobierno. De modo que, como decía el propio Presidente sin pudor alguno, …pues eso.

Y si se me achaca un sesgo hacia la derecha, tengo que responder que ser jurista no significa, en modo alguno, renunciar a mi condición de ciudadano. Porque, recordando las palabras de Oswald Spengler, todo el Derecho es Derecho consuetudinario, en la medida en que, si bien la ley define las palabras es la vida (el contexto) quien las interpreta.[6] Y el contexto no es otra cosa que el sentir social en un momento determinado, lo cual es buena muestra de que los juristas no debemos vivir a espaldas de los fenómenos sociales que nos rodean. Y vaya si es un hecho social importante las elecciones que tenemos encima y lo que van diciendo y prometiendo nuestros políticos. Pensar de otro modo es, a mi juicio, encerrarse en una urna, semejante a la de ciertos políticos a los que abiertamente critico en este post.

Hechos son amores, pues, y no buenas razones, de modo que, mucho ojo con los vendedores de sueños y de quienes se arrogan el papel de salvadores del pueblo, sin haber dado la más mínima prueba de su preocupación por los problemas reales que tenemos. No basta con ponerse la etiqueta de “progresista”, que nada real significa, ni tachar de “facha” a quien no piensa igual, porque semejantes etiquetas parecen ser el único bagaje que nos traen algunos para ocultar su orfandad en ideas y hechos.

Con esta simple advertencia me despido de todos, todas y “todes” (mira tú que tiene bemoles la palabreja), con mi eterna sonrisa etrusca y con la esperanza puesta en que triunfe la cordura sobre la hipocresía, y en que los vendedores de falsos sueños se vuelvan por donde han venido (es decir, a su casa), en estas elecciones que ya se nos echan encima.

 

[1] “Este error es mío y solo mío”, dice la canciller de Alemania pensando en su partido, castigado en los sondeos por la ineficiente gestión gubernamental de la pandemia. Vid: https://www.lavanguardia.com/internacional/20210325/6605349/merkel-pandemia-cierre-pascua-cdu-elecciones.html

 

[2] Capítulo 51 de la Segunda Parte de El Quijote.

 

[3] Madrid, una máquina de recaudar: ingresa por habitante un 63% más que la media de España con los impuestos más bajos, dice, entre otras cosas El Mundo. Vid: https://www.elmundo.es/madrid/2021/04/19/607c4e7d21efa0f3178b4633.html

 

[4] “La soledad de los números primos” es el título de la novela de Paolo Giordano que narra la vida de dos personas que desarrollan una amistad derivada de la soledad de ambos y que ahora tomo prestado para hacer

 

[5] Me remito a lo dicho en mi post CUANDO LA REALIDAD SUPERA A LA FICCIÓN: EL EFECTO MARIPOSA que puede leerse en el siguiente link: https://www.linkedin.com/pulse/cuando-la-realidad-supera-ficci%C3%B3n-el-efecto-mariposa-villar-ezcurra/

 

[6] Vid. “La decadencia de Occidente”. Espasa Libros, 2013, pg 107.