La autodenominada Conferencia Episcopal Tarraconense -no reconocida canónicamente por la Santa Sede como verdadera Conferencia Episcopal- se ha manifestado el pasado día 16-06-17, a favor del indulto a los políticos golpistas secesionistas encarcelados por atentar contra la unidad de la Patria. Haciendo menosprecio al cuarto mandamiento de la ley de Dios, que, según la doctrina católica, no solo existe el deber de amar a su patria, sino que tiene obligación de amarla en cumplimiento del cuarto mandamiento. (1) Amén de estos obispos, al pronunciarse tomando partido a favor de una decisión política, que es rechazada por gran parte de la población española y que cuenta con la oposición del Tribunal Supremo, se posicionan en una postura partidista propia de demócratas y no jerarcas.

       En la nota emitida, que no tiene desperdicio, dicen: “ante el contexto social y político que vivimos en estos momentos en Cataluña”, los prelados apuestan por “la fuerza que tienen el diálogo y las medidas de gracia en todas las situaciones de conflicto”, y sostienen que “el logro de un recto orden social que permita el desarrollo armónico de toda la sociedad necesita algo más que la aplicación de la ley”.

      Para dialogar con los separatistas lo primero y esencial es que estos dejen su monólogo, porque hasta la fecha siempre han dialogado de lo que ellos quieren, con quien ellos quieren, cómo ellos quieren y para aceptar las conclusiones que ellos quieren, olvidando que existe una mayoría de catalanes que no deben ser ni ignorados ni anulados por sentirse españoles. Así, señores obispos les preguntamos: ¿Desde cuando el dialogo ha logrado frenar los peligros indelebles del separatismo?, pregunta que deben contestar postrados ante el Sagrario meditando la frase de San Agustín: “Ama a tu prójimo (a todos sean o no separatistas); más que a tu prójimo, a tus padres; más que a tus padres, a tu Patria (y no olviden que es España); y solamente más que a tu Patria, ama a Dios”. No, monseñores, no sirve para nada el dialogo cuando una de las partes está empecinada en romper ese desarrollo armónico del recto orden social español, que ustedes añaden “necesita algo más que la aplicación de la Ley”. Cuando las circunstancias lo exigen, como es el caso del actual contexto social y político que vive hoy Cataluña, el dialogo ni sirve, ni da respuesta a la esperanza de resolver las divisiones”.  Ejemplo de ello, es el silencio que guardó Jesucristo ante el Sanedrín, en el juicio mas importante de la historia.        

       Dentro del comunicado, también dicen los obispos que “Avanzar teniendo sentimientos de misericordia y perdón sinceros, respetando la justicia, ayudará a que los acuerdos que todos esperamos se logren pronto”. La misericordia y el perdón sincero se debe otorgan, y sus eminencias como depositarios de la fe a la que están obligados a defender, saben que se da la absolución al que previamente se ha confesado de su culpa y se arrepiente de ella como signo de reconciliación, pero esos individuos han dicho en mil ocasiones y lo siguen afirmando, no solo que no se arrepienten, sino que lo volverán a intentar, es porque tienen en sus genes y en de todos los que les apoyan un odio visceral a España.

       “Respetando la justicia”. Evidentemente no voy a entrar en consideraciones jurídicas porque no entiendo de ello; Tampoco conozco lo que entienden estos prelados por respeto a la justicia, pero, dada su condición separatista intuyo que estará lejos de dar a cada uno lo suyo.  Para mí, uno de los valores esenciales de la justicia, es precisamente el respeto que obliga a cumplir y acatar la sentencia dictada; y ese respeto también debe acatar los artículos de la Ley del indulto.

       Se da la circunstancia de que el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Tarraconense (¿?) es el arzobispo y cardenal de Barcelona. S.E.R Juan José Omella, es a su vez presidente de la Conferencia Episcopal Española. Y como la decisión del indulto afecta no sólo a Cataluña sino al resto de España, es necesario que la CEE de su opinión antes de que pongamos a X en la declaración de la renta.

       A nadie le ha sorprendido esta “misericordia con los inmisericordes” de los depositarios de la fe en la región española de Cataluña, después de que casi 400 curas y obispos firmaran aquel manifestó a favor del derecho a decidir antes del referéndum del 1 de octubre, como tampoco el ver a sus sacerdotes haciendo rarezas y tropelías contra España y contra Dios: Poniendo la esteladas masónicas en los campanarios se sus iglesias vacías de fieles, urnas en los presbiterios y haciendo shows en las iglesias.... discriminando a los católicos que no son separatistas con el grito en la Diada del mosén Brugada: “bote, bote, bote, español el que no bote”. Ya sabíamos que los obispos catalanes eran partícipes ¿Por qué los sabíamos? Porque, ni han hecho ni dicho nada ante el avance del totalitarismo golpista, y porque, como ahora se ha demostrado, en su fuero interno, siempre, se han sentido solo catalanes y no españoles, como no son.

      Esto es lo mismo que en otros abusos clericales: Donde vean un cura haciendo singularidades raras sin ser llamados al orden, detrás tiene un obispo que lo ampara. Aprendamos de la experiencia de las cosas y denunciemos a los que no cumplen con su deber, esperando el momento de dar el paso adelante públicamente, para mostrar a las claras su iniquidad. Justificar una medida que no es de gracia, sino desgracia, porque enfrenta y divide aún más a la sociedad, no es propio de personas que amen sino de las que están vacías de corazón.

       Vergonzoso.... la iglesia esta para unir no para dividir... los obispos deberían ser los primeros en dar ejemplo y no manifestarse públicamente a favor de los que quieren desmembrar la unidad territorial de la Patria. Apesta…Este episcopado huele a sistema, en vez de oler a pastor.  

 

  • Como bien explica el recientemente canonizado San Juan Pablo II, deshonrar a la patria, o atacar los intereses legítimos de la misma, es un pecado contra el cuarto mandamiento:

“Si se pregunta por el lugar del patriotismo en el decálogo, la respuesta es inequívoca: es parte del cuarto mandamiento, que nos exige honrar al padre y a la madre. Es uno de esos sentimientos que el latín incluye en el término pietas, resaltando la dimensión religiosa subyacente en el respeto y veneración que se debe a los padres, porque representan para nosotros a Dios Creador. Al darnos la vida, participan en el misterio de la creación y merecen por tanto una devoción que evoca la que rendimos a Dios Creador. El patriotismo conlleva precisamente este tipo de actitud interior, desde el momento que también la patria es verdaderamente una madre para cada uno. Patriotismo significa amar todo lo que es patrio: su historia, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica. La patria es un bien común de todos los ciudadanos y, como tal, también un gran deber. Como sucede con la familia, también la nación y la patria siguen siendo realidades insustituibles”. Papa San Juan Pablo II (Memoria e identidad)