La filosofía griega no era algo exclusivamente destinado a los eruditos. La filosofía griega y los filósofos griegos estaban en las plazas y las discusiones se llevaban a cabo en el ágora, al aire libre. Para los griegos estas tres palabras eran inseparables y formaban un todo. El Humanismo, la Libertad y la Educación nacieron en la Grecia clásica va ya para más de 2.000 años antes de Cristo y son los tres pilares de la civilización y cultura occidental.

Los griegos pusieron al hombre, a la πρόσωπον, la persona, -palabra que tiene su origen en la denominación de las máscaras con que se cubrían el rostro los actores teatrales-, en el centro del universo, nada más, ni nada menos que por encima de los dioses. En palabras de Prótagoras, el hombre pasó a ser la medida de todas las cosas. La filantropía griega que es el amor por todo lo relativo al hombre, a la persona, daría paso a la "humanitas" latina, sacralizada en la caritas cristiana. La persona pasó a estar en el centro de todo, hecho que devino en lo que hoy conocemos como el humanismo de occidente.

Lo consustancial a la individualidad de todas y cada una de las llamadas personas es su propia libertad, es decir, la de los libertos frente a quienes carecían de ella que no eran otros que los esclavos. Por lo tanto, no hay persona sin libertad siendo ambas categorías indivisibles y una misma cosa. La persona se ejercita solo en libertad porque si no es así deja de ser persona para descender al círculo de los esclavos, de la esclavitud. Pero, la libertad trasciende a su vez a la mismidad de la persona y se ejerce a través de las potencias de las mismas, es decir, de sus pensamientos, de sus manifestaciones, de sus opiniones, de su albedrío, de su voto, etc.

Las personas libres eran por tanto autónomas, independientes y tendrían que pasar más de dos milenios para que el Cristianismo concretase la libertad como uno de los ejes salvíficos de las personas, manifestada ésta como el libre albedrío de todas y cada una de las personas. Fue el Cristianismo la primera doctrina que vino a abolir el dominio de unas personas sobre otras, aunque tardase en materializarse muchos siglos más tarde. Aún hoy, de manera especial en la actualidad, la esclavitud y la sumisión vuelven de la mano de unas minorías que detentan todo el poder y todos los poderes.

En palabras del filósofo contemporáneo B. Souvirón, el humanismo es un estado de conciencia, pero con frecuencia, el humanismo que hoy conocemos e inspira buena parte de nuestras leyes, se circunscribe a las libertades básicas de pensamiento, opinión, expresión, movimiento, etc, pero raramente lo hace a la libertad intrínseca, ontológica de cada uno de nosotros. Hoy se desconoce o se pasa por alto nuestra libertad por ser persona y no por otra circunstancia. Por tanto, la libertad, nuestra libertad es indelegable en favor de la administración de un tercero. Nuestros políticos no son nadie para restringir nuestra libertad, la ontológica, ni las libertades ejercientes derivadas. Nuestra libertad, además de indelegable, es exigible siempre y en toda circunstancia, con la única salvedad de los límites de las libertades de los demás.

Para los griegos, las artes liberales eran las artes libres, las que hacían a las personas libres y eran la gramática, el razonamiento filosófico, la literatura, la historia, la escultura, etc y eran las que formaban parte de la "paideia", o sea el cuerpo doctrinal, lo que hoy conocemos como la educación y más concretamente como las "humanidades", una parte esencial del conocimiento junto con el conocimiento científico propiamente dicho.

Desgraciadamente, las humanidades hace ya unos lustros han sido literalmente borradas de los planes educativos: se suprime o se tergiversan las verdades históricas, se suprimen prácticamente latín y griego de los planes cuando ambas lenguas no están muertas sino que son la madre de la nuestra, otro tanto ocurre con la literatura, sustituida por lo que se llama "el relato" y la gramática que ni se respeta ni casi existe ya, con los 140 caracteres. Un desastre.

Sin Humanismo, Libertad y Educación no es posible la Democracia, al igual que sin la separación de poderes. Desgraciadamente, estas circunstancias nunca se han dado en nuestra nación, ni siquiera en lo que los partidos políticos -la inmensa mayoría corruptos- han venido en llamar democracia, cuando debieran decir partitocracia. Porque lo que tenemos es el poder de unas cúpulas partidarias, nada más lejos del poder del pueblo.

Hoy, estos tres pilares de nuestra civilización y cultura occidental están amenazados de muerte. Pero la cosa viene de lejos, concretamente desde que todos ellos fueron sustituidas por la primacía de la economía, del dinero y la especulación como el becerro de oro. Europa se convirtió primero en una Comunidad Económica y luego en una Unión de Mercaderes renunciando a los principios fundacionales y renunciando los estados a sus respectivas soberanías, en favor de una casta de burócratas e instituciones carentes de valores.

Esta casta ha monopolizado la máquina de hacer billetes que presta a diestra y siniestra a políticos corruptos para destrozar la Europa de las naciones y cuya única finalidad es hacernos cada vez más deudores, es decir, más esclavos y sumisos de la nueva tiranía mundial globalista.

Están destruyendo nuestros valores y la tradición poco a poco, a ritmo pautado, como en la fábula de la rana en la olla que pasa del confort del agua templada a escaldarse y la muerte, sin notarlo.