Hermosa palabra, lamentablemente cada vez menos escuchada, menos pronunciada especialmente por la clase política que, mayoritariamente, utiliza algún eufemismo incluso para evitar pronunciar la palabra España. Dos palabras, “España” y “Patria” que jamás le ha gustado pronunciar a esa izquierda malvada y alienante y cuyo uso, incluso, han sustraído a las nuevas generaciones a las que educan, con sus perversas leyes, alejándolas del conocimiento de nuestra Historia, de nuestras glorias, incluso de nuestros fracasos como Nación y que son los que también nos hace amar más a la Patria, amar más a España.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua, al referirse a la voz “Patria”, la define como “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. Un significado que se queda corto y muy alejado de lo que muchos de nosotros entendemos como Patria, un concepto que va más allá de ideas, más allá de lazos jurídicos, más allá de apreciaciones mundanas, un concepto que se entiende desde los presupuestos del espíritu, del alma, al considerarla como una unidad de destino en lo universal, como la definió José Antonio, una misión histórica que la Divina Providencia nos ha encomendado y que tenemos la sagrada obligación de cumplir hasta sus últimas consecuencias.

Un concepto eterno que trasciende del presente, incluso del pasado; la perfecta combinación entre un ayer, un hoy y un mañana, la dimensión trascendental una misión común, un ideal que ha llevado a muchos, a lo largo de los siglos, a entregar su vida por la Patria. Pro patria mori eternum vivere que dirían los latinos. El que muere por la Patria, vive eternamente porque la Patria es eterna.

Hoy, la Patria, ha quedado fuera de los insulsos discursos de nuestros políticos, fieles servidores de ese internacionalismo, es igual que sea marxista que capitalista, que pretende acabar con nuestras tradiciones más arraigadas, con nuestra identidad nacional, con nuestra particular idiosincrasia para convertirnos en un conjunto de individuos intranscendentes que vagan, camino de ninguna parte, por las sendas de la Historia, sin objetivos, sin un destino en lo universal.

Hoy, la Patria ha quedado fuera de los esquemas formativos de nuestras juventudes que desconocen, hasta extremos insospechados, quienes somos y lo que hemos sido capaces de hacer a lo largo de la Historia.

Hoy, la Patria ha quedado fuera del relato, odioso y facilón, de esa prensa afín al poder, bien pagada, bien engordada a base del dinero de todos, en la que unos pijos-progres, convencidos de una falsa superioridad moral, categorizan, con absoluta ignorancia, sobre estos conceptos, tratando de engañar a los que los leen.

La Patria, ha estado siempre fuera del discurso de la izquierda, esa izquierda que odia este concepto por contravenir sus postulados internacionalistas de siempre. Incluso resulta difícil escucharlos hablar de España, para ellos siempre fue mejor utilizar eufemismos y así no molestar a sus socios tradicionales, esos malsanos separatistas que buscan perpetuarse en su aldeano poder local, incluso a base de crear falsas identidades, fundando pesudo patrias, incapaces de superar el menor rigor histórico.

Todavía recuerdo cuando esta malsana izquierda y ultraizquierda pretendía que se eliminase de la puerta de los cuarteles su primera y más trascendental máxima: “Todo por la Patria”. Sin duda, tiene su lógica tal pretensión ya que ellos, esa izquierda miserable, solo entienden de aquella otra, su máxima por excelencia, que ponen en práctica a diario, de “todo por la pasta”.

Sin embargo, también, de un tiempo a esta parte, en los discursos de esa derechona acomodaticia, cobarde y burguesa, la que no se atreve a plantarle cara a la izquierda, obvian cualquier referencia a la Patria, a ensalzar sus valores, a vanagloriarse de su Historia. Prefieren bajar la cabeza, incluso arrodillarse ante la izquierda que, como siempre, sigue despreciándolos y perdonándoles la vida, y así, en las Comunidades autónomas donde gobiernan, se cuidan muy mucho de no hacer frente a separatistas e izquierdosos a los que riegan con cuantiosas subvenciones e incluso suscriben algunas de sus propuestas liberticidas, con el fin de mantenerlos callados.

Es urgente, misión prioritaria que no admite demora posible, devolver a las juventudes el sentimiento de Patria, el sentimiento de pertenencia a un proyecto histórico sin parangón en el mundo, un sentimiento de orgullo de nuestro pasado y de fe ciega en el futuro y ese proyecto se llama España, nuestra Patria.

Creo que ha llegado el momento de seguir a aquellos que hacen enardecer el espíritu ya que, más allá de alimentar nuestros cuerpos, es necesario, incluso más, alimentar nuestras almas.

En mi caso, he llegado a la conclusión de que, dado que no puedo votar a los que por mi ideología debería hacerlo, solo votaré a aquellos que, hablando de España, hablando de la Patria, vitoreándola hasta la afonía, haciendo sonar el glorioso Himno Nacional al final de sus mítines, sean capaces de alimentar mi espíritu de español militante.