El presidente del Gobierno de España ha reincidido y ha vuelto a mentir al conjunto de los españoles: “ningún gobierno puede hacer nada al auge del precio de la energía en los mercados internacionales”, dijo el lunes 13 de septiembre en el Telediario de Radio Televisión Española. Dicha declaración demuestra la falta de voluntad política de un PSOE demasiado débil a nivel intelectual para entender que la clave de este asunto está en el mix energético de nuestro país.

Las renovables han fracasado, ¡y quieren más renovables!

Los comunistas ortodoxos de la Unión Soviética decían a menudo en los años 1980, que el fracaso económico de la URSS se debía al hecho que el país necesitaba más comunismo y endeudamiento, y no menos comunismo. No hay más ciego que él que no quiera ver.

Lo mismo pasa con el Gobierno. Su única propuesta de reforma estructural del mix energético español, demuestra de forma magistral la necedad de los miles de asesores que pagamos a estos incompetentes: quieren otro plan para desarrollar las energías renovables.

Los expertos ya han explicado por activa y por pasiva que al depender de energías intermitentes como las eólicas – que durante estos meses de verano se han parado totalmente – las centrales térmicas de ciclo combinado tuvieron que fabricar energía a partir de gas natural, cuyo precio está subiendo de forma continua desde el mes de marzo.

Por lo cual, las energías intermitentes no son una solución en sí y nos hacen depender de las condiciones meteorológicas: la soberanía energética necesita una reforma estructural con un mix energético robusto, haya viento o no.

La soberanía energética, cueste lo que cueste.

Una nación no puede sobrevivir sin tener cierta independencia nacional. Es uno de los elementos básicos para sobrevivir a largo plazo, como también lo son la demografía y un sector industrial fuerte. Por lo tanto, la soberanía energética debería de ser una preocupación constante de nuestros gobernantes, a corto, medio y largo plazo.

La primera medida urgente es salir del sistema de derechos de emisión de CO2 creado por la Unión Europea: en esta situación tan difícil para millones de españoles no podemos permitirnos el lujo de aceptar las trabas impuestas por la tecnocracia de Bruselas. Seamos serios: España contamina 30 veces menos que China. India, China y EE.UU producen más del 50% de la contaminación mundial. ¿Por qué tenemos que ser nosotros los únicos en consentir tan duros esfuerzos, a costa de nuestro tejido empresarial y de la precariedad de miles de hogares?

España tiene que estrechar lazos con Argelia, un país con el que compartimos un adversario histórico: el Reino de Marruecos. El trato sería evidente: nuestra hostilidad al régimen alauí por suministro permanente y rebajas en el precio del gas. Tal trato ya se hizo en el pasado, por ejemplo, entre la Arabia Saudí de Ibn Saoud y los EE.UU de Roosevelt, con el pacto del Quincy firmado el 14 de febrero del 1945.

Mas allá de estas medidas, también es necesario crear un ministerio de la planificación energética que tenga como única misión desarrollar los proyectos del futuro respecto a las energías alternativas (fusión de hidrogeno, fisión y fusión nuclear, reactores de torio…).

Mientras estos proyectos estén desarrollándose, también deberíamos volver a estudiar la hipótesis de filtros que permiten capturar el CO2 que producen las termoeléctricas. Mientras medio mundo usa el carbón en su mix energético, nosotros hemos abandonado una tradición vieja de más de 2000 años (véase por ejemplo las minas romanas de Las Médulas): la minería. Sigue habiendo carbón en España y valientes dispuestos a trabajar de forma moderna en estas minas; también permitiría volver a dinamizar varios espacios de la España vaciada.

Existen alternativas al pesimismo y a la incompetencia del Gobierno de Pedro Sánchez, pero la voluntad lo es todo. Antonio Gramsci escribía que “es necesario aliar el optimismo de la voluntad al pesimismo de la inteligencia”, pero en este Gobierno ni hay inteligencia, ni hay voluntad. Sólo mentiras.