Describe la Biblia los tormentos del rico Epulón que se regaló la vida ignorando el dolor ajeno. Al femenino le corresponde una Epulona y quién si no exacto ejemplo de igualdad que la ministro Montero. 
 
Podría llamarse muchas cosas a la  Montero: Irene, zafia, ignorante u ocurrente, ridícula, pero lo de "epulona" le viene al pelo. De donde ha salido la aprovechada lo sabe toda España. Que le importa una higa la tragedia, se nota cuando abre la boca. Ésta no está bien se oye en corrillos, cuando la cajera de Galapagar finge con lágrimas de cocodrilo. Un tratamiento necesita la dramática, mental o espiritual, un baño de realidad; mirarse al espejo, una cura de humildad; un palo seco de la vida; tragedia propia. Ser consciente de que lo conseguido es más vergüenza que mérito y agachar la cabeza. Algún día todo se andará. 
 
"Epulona": no hay otro apelativo al desdén de la superficialidad convertido en ministerio, de eso de la igualdad, gastando el dinero de la supervivencia de millones de ciudadanos en gilipolleces varias, con un marido sospechoso de malgastar, saqueando las arcas para contentar a la caprichosa, ideadora de memeces.  Eso de regalarle poltrona ministerial parece negocio oscuro de Sánchez, no con el moño vicepresidencial sino con el mismísimo Maduro, el tirano venezolano que pudo poner al gobierno Frankenstein contra las cuerdas, intentando comprar la voluntad de la izquierda. Todavía se seca el sudor Ábalos. 
 
¿Qué menesteres secretos, trajines y chanchullos conllevaba tanta maleta, para poner a una sirvienta como marquesa recomendada?¿Qué misterio morirá con el de Fomento, el mandado al que se le pilló con el carrito de los helados?
 
El único progenitor que hay es el mozo de carga, orgulloso de su hija a la que decenas de miles de muertos, nuestros padres, le importan una higa. Lo importante es la mandanga, jo tía, para justificar los presupuestos, con casi quinientos millones de dilapidados euros. Maldita sea la gracia de la cajera  esforzada que debió hincar los codos, u otros miembros, esperando paciente las migajas a sus generosos esfuerzos. Reina de la puñalada dirían algunas si se las escuchara. Usando las coleta como improvisada liana, se impulsó como una mona, a la chita callando, al podium del macho alfa. Con dinero bolivariano se montó la cobacha galapareña, casoplón con vigilancia, la insignificante Montero, hoy reina de Saba. 
 
No le importan los muertos, decenas de miles en protocolaria eutanasia, asesinos, que la histriónica solo piensa en convocar sus premios. Hay que justificar el insultante presupuesto mientras a los autónomos se les condena a la ruina masacrados a impuestos. Y odiosa se hace la frívola salvaje, feliz de vivir un sueño donde esta pareja de descerebrados ya han sido calados. Lo del ministerio es un pecado que conlleva penitencia, como los crímenes cum fraude y los trapicheos de vicepresidencia. 
 
Y sigue la inconsciente con el mandato colocando amiguetes a destajo. Delitos sumados, secuestrado el poder, mangantes con barra libre, saqueos impunes mientras lo facilite la Delgado. Quinientos millones de presupuesto para poner amigachos a dedo, la vida es una tómbola que pagan los ciudadanos. España entera contempla a la "epulona" Montero, la Chita encaramada a la coleta de Tarzán, columpiándose con la igualdad sin tiempo para ducharse. Salvaje en la selva del oportunismo, arribista de informe moral, la acelerada Montero se afana en justificar el puesto. Jo tía qué carga de responsabilidad, intentar olvidar de donde vengo y cuánto malgastar. Que la igualdad es un chollo, el ministerio un colocón, soy la nueva Preisler y Vanitatis mola un montón... 
 
Ay, salvaje Montero, más vale que no despiertes de tu sueño, no sea que los muertos te pidan cuentas cuando el alma tengas que enterrar, seguramente fondona de tanto trincar. La vida fácil se cobra cuando te toque. Tu conciencia salvaje el Demonio domeñará, mal destino te espera si recoges la siembra del mal. Más te hubiese valido no emprender este viaje que te llevará al Infierno, por Epulona.