Mientras nuestro país supera el millón de contagios por la COVID19, VOX presenta una moción de censura contra el Gobierno de España. Al día siguiente se debate en el Congreso la propuesta del partido de ultraderechas. En las televisiones generalistas se alternan ambas noticias de actualidad con otras más morbosas y susceptibles de debates viscerales. Hagamos una comparativa entre tres programas del mismo formato que compiten en la misma franja horaria (segmento de 11 a 12 h.) con tres estilos distintos de entender y transmitir la información.

En La hora de la 1, priorizan la información frente a la opinión en el tratamiento de la Moción de Censura, pero tampoco desaprovechan la ocasión de atemorizarnos mostrándonos casos de afectados por la COVID. En El programa de Ana Rosa alternan el debate con noticias de sucesos, desviando la atención a través del morbo. En Al rojo vivo apuestan por la información más que por el morbo, pero tampoco desaprovechan la oportunidad de llamar la atención con peleas de gallos contra periodistas independientes y otros generadores de opinión. ¿Qué tienen en común estas propuestas? Que pretenden dirigir nuestra mirada y nuestras opiniones. Y esto ocurre con los medios de comunicación que no son independientes. Medios que siguen consignas de quienes los gestionan. En el caso de TVE, el capital público; en el caso de Telecinco y de la Sexta, el capital privado. Las diferencian sus mensajes, sus intenciones y sus rasgos de estilo. Pero en los tres casos, la audiencia manda; porque en esta sociedad lo primero que mandan son los números. Quien termine consiguiendo una mayor rentabilidad gana su batalla particular. Y si tenemos en cuenta que los medios también tienden al oligopolio (de ahí la fusión entre A3 y la Sexta, y Telecinco y Cuatro) el poder económico y mediático siempre se acaba concentrando en unos pocos. Pase lo que pase, gane quien gane las elecciones, gane quien gane la batalla por la audiencia, siempre ganan los mismos… El dinero manda.

También en el caso de los partidos políticos, aunque ―como estamos en un sistema democrático― nos venden que su moneda de cambio tiene un nombre distinto: el voto. ¿Por qué? Porque quieren ocultarnos que el dinero y el poder ―eternos compañeros de viaje― les importa más que la ciudadanía. El poder manda.

Pero en nuestras manos está que no caigamos en sus trampas.

Tanto RTVE como las cadenas privadas parecen estar posicionándose ahora en contra de VOX. No era así hace un par de años, cuando visibilizar a la formación de Abascal servía para restar votos de izquierdas. Hoy dan un paso atrás y les cuesta más defender abiertamente el ascenso de la ultraderecha. Pero VOX ya tenía un as en la manga: sus inversores, sus medios afines y… adivinen: las redes sociales.

Las redes se han convertido en su caldo de cultivo. Como todos sabemos, las redes contienen nuestros datos personales y están descontroladas: la desinformación pulula por las social networks propagando su virus a una velocidad muchísimo mayor que el propio coronavirus sin una legislación clara que garantice la protección de sus usuarios. Y VOX es consciente de que esta es su única baza.

La formación de Abascal propugna que España debe estar por encima de todo. Por eso ha presentado una moción de censura al gobierno de izquierdas. Pero observen dónde está la trampa: la demagogia y España.

¿Qué es España? Acudan al Título Preliminar de nuestra Constitución. Yo solo voy destacar un extracto: «(…) La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado». ¿Pero qué ocurre cuando el poder mediático logra influir tanto sobre nuestras opiniones? ¿No es una forma de manipular nuestra soberanía?

Si tanto amarais España, vuestra prioridad sería salvar a los españoles de tanta confusión, de tanto sufrimiento y de tanta muerte, y no vuestras banderas, vuestros himnos, vuestras consignas y vuestras políticas radicales. Vosotros lo único que pretendéis es gobernarnos… para obtener más poder y para otorgárselo a otros. España es más grande que vosotros. Y no tiene nada que ver con el odio que transmite en sus discursos. España somos todas.