No se trata de pensar mal porque algunas veces se acierte, que de ninguna manera es un proceder moral y además no garantiza acertar, sino considerar que en este sistema corrupto y corruptor todo es posible, porque el sistema viene infectado en su misma naturaleza, aunque simplemente sea por dar cabida a un fulano de tan baja estofa, a un Bicho infecto como Pablo Manuel Iglesias.

Pablo Manuel, el Bicho, no ha dejado la política activa sino que lo que ha hecho es mutis por el foro, y esto no tanto acosado por muchos de los suyos, que también le califican de “mierda, rata y sinvergüenza”, como porque en su triste persona se ha dado cumplimiento al dicho popular… “A ENEMIGO QUE HUYE, PUENTE DE PLATA”. Y es que, Pablo Manuel Iglesias era realmente un Bicho patógeno en la política española, sin nada bueno que aportar al conjunto de la nación, del que prácticamente todo el mundo,  incluidos Poderes del Estado e Instituciones, querían deshacerse.

De ahí el Puente de Plata que se la ha ofrecido, obviando las imputaciones o investigaciones que sobre el fulano pesan por parte de la Justicia, y que le podrían llevar a la cárcel. Desde sus incitaciones a la violencia y a los acosos e intimidaciones, pasando por un lenguaje calumniador a todo el que ha querido, y terminando por el caso del robo del móvil de su colaboradora Dina Bousselham culpando al Partido Popular, por el que podría incurrir en tres delitos: descubrimiento y revelación de secretos, daños informáticos y denuncia falsa o simulación de delito. Casi nada.

De carácter y estilo delincuencial, barriobajero y bronco, con una personalidad esquizofrénica y una dialéctica maniquea y destructiva, lo suyo ha sido sustentar un Estado totalitario de ideología marxista y espíritu guerra-civilista. Y tanto es así, que Pablo Manuel Iglesias, el Bicho de España, le ha ganado la mayoría a la señora Ayuso. Creo, particularmente, que este individuo, tanto por sus actuaciones pasadas como por el caso que da título a esta colaboración, debería ser juzgado, sentenciado y consiguientemente condenado. Ni el Estado ni la sociedad española deberían marcar un precedente, no sea que mañana surja otro Bicho más peligroso que este.