“¡Este es el peor momento para marcharse!”. Es la opinión periodística con la que se expresa el ABC, respecto a la dimisión del ciudadano Illa como ministro de Sanidad de este pintoresco Gobierno, momentos antes de que el interfecto pusiera pies en polvorosa camino de la Ciudad Condal, llevando en mano la amenazante posibilidad de alcanzar ser el próximo presidente de la Generalidad (desde este humilde blog les pido disculpas a todos los catalanes de bien, por no haber intentado impedir sus devolución.)

 

¿El peor momento para marcharse? La gilipollez es una entidad abstracta inmaterial, lo que no es impedimento para que puede llegar a ser verdaderamente escandalosa, molesta; en muchas ocasiones imposible de soportar, cundo el imbécil de turno nos elige como victimas de su gilipollez. No es exageración; lo llevamos sufrido todos los días desde la dimisión de Rajoy. Y antes también, pero mas suave.

 

La gilipollez; esa entidad abstracta no se toma la molestia de discriminar por razas o por estatus social, ella se instala -hay a quienes les viene de origen- y en cualquier momento y situación va, y hace brotar al gilipollas. En el caso que me ocupa en este menester, mostrando su naturaleza ha saltado sin dignarse a respetar la impresionante historia del diario mas antiguo de los que se tiran en Madrid: El monárquico ABC. Que fue rescatado por Franco de entre las sangrientas garras de los rojos, para entregárselo a sus propietarios. 

 

Si; la gilipollez también se ha instalado entre esas ilustres rotativas. Esperemos que sea un brote leve y cure cuando en ese periódico lleguen a comprender que el “peor momento” no es el de su partida hacia “la tierra prometida”, sino que lo fue su llegada a la Moncloa -tierra de promisión para inútiles-, propulsado con viento de cola -¡ay que te pillo, te pillo!- por el “Fisnisssimo” Izeta, y bendecido por Pedro Sánchez con el Ministerio de Sanidad como regalo cuando llegó el aquelarresco festejo -cosa natural; se llama Salvador-. Lo cierto, parece ser, es que como el ministerio de Sanidad, tradicionalmente desde que se instaló este triste y sucio sistema político (con la pagada ayuda de los traidores al Glorioso Movimiento) se les ha ido adjudicando, por el PSOE y por PP, a personas poco relevantes, nada dadas a discutirle a la “Autoridad”. Perfecto lugar en principio para un personaje, por como hemos podido ver en las pantallas televisivas, dócil para su amo como el mono del titiritero gitano, pareja de la chiva, y mas parado que los toros de Guisando. Peculiaridades que le han venido de fábula a Sánchez, para usarlo sin miedo al rechazo, como “camello” para trasladar a la ciudadanía las falsedades y milongas de todo tipo y tamaño desde los propios medios de difusión del Estado y por medios privados de presencia nacional domesticados, euro sobre euro, porque ni él ni Simón se atrevían a hacerlo.

 

El que el señor Illa haya decidido cambiar de aires, a los españoles lejos de apenarnos o ponernos negativos con los del ABC, lo que ha conseguido es que se nos abran una ganas enormes de tirarnos al suelo y darnos unos cuantos tripazos para demostrar nuestra alegría.