En la tercera línea de necrosis se hablaba de la igualdad de género como un odio contra la vida y las diferencias, que son la sal de la vida; en particular la diferencia entre hombre y mujer que estúpidamente se intenta reprimir, ocultar, deconstruir según esa palabreja tan de moda y que resume mucho del espíritu de este tiempo decadente.

Ampliando el discurso y partiendo de lo anterior, esta lucha contra la salud y la vida se expresa también en el odio contra la polaridad sexual, llegando a la negación misma de la biología humana en nombre de la ideología.

Esto tiene dos nombres: ideología de género y agenda LGTB. Es una guerra contra la realidad, contra el hecho básico de que cada célula de nuestro cuerpo tiene un sexo masculino o femenino; contra la evidencia, que todos han sabido siempre hasta que los estúpidos de la igualdad han llegado para decir que lo blanco es negro: los aparatos reproductivos, el cuerpo, la mente y el instinto sexual están organizados alrededor de esta polaridad binaria, lo que da una base más que suficiente para un criterio de normalidad y anormalidad.

Con todas las variaciones que puede haber y siempre han existido, porque no somos como los animales y no tenemos el comportamiento programado; con toda la consideración y el reconocimiento de aquellos casos humanos de imperfecto o anómalo desarrollo sexual, falta de armonía entre cuerpo y mente, desequilibrio entre genética y hormonas y psicología. Todo lo que queramos; pero lo que no podemos aceptar es la destrucción del concepto de normalidad sexual, el rechazo de la polaridad sexual entre lo masculino y lo femenino.

Esta guerra contra la realidad y la naturaleza humana es el núcleo de una serie de tendencias aberrantes que nos están imponiendo como ideología oficial, que ya han llegado a las escuelas sin que los padres se enteren, porque lo han hecho trabajando como reptiles que se mueven en la sombra para evitar la detección obligar a las familia a aceptar el hecho consumado; se entiende aquellas familias que no han logrado corromper con su ideología.

La expresión de estas tendencias puede ser tanto la ideología de género propiamente dicha como las agendas de las varias lobbies LGTB. Acerca de la llamada ideología de género, ésta pretende la sustancial irrelevancia del sexo biológico, sosteniendo que el género es una pura construcción cultural; con ello se revela como una apología de la confusión sexual y el intento de crear una humanidad melaza de seres indefinidos y confusos. En cuanto a la agenda de las varias lobbies LGTB y las demás letras que van añadiendo cada cierto tiempo, su programa es la normalización de las desviaciones y las situaciones anómalas de imperfecta o incompleta diferenciación sexual.

Una agenda perversa que ya ha llegado a la educación de nuestros hijos en la forma de fomento de la transexualidad, ingeniería sexual de los niños, corrupción de menores favorecida desde el Estado por una clase política canalla que. Dos aberraciones repugnantes que van de la mano, en una alianza perversa contra la biología humana, una guerra demencial y delirante contra un dato tan básico como la separación en dos sexos de la especie.

Pero la separación sexual, además, es un principio válido más allá del nivel puramente biológico; es parte de la realidad humana a todos los niveles, como ha sido reconocido en todas las épocas y habiéndose llegado, en algunas culturas, a imaginar deidades masculinas y femeninas e incluso cultos religiosos y rituales diferenciados. Este principio de polaridad sexual es perfectamente válido y universal (una de las pocas cosas de verdad universales) tanto para quien piense que somos sólo biología, como para quien, al contrario, incluya en su mundo la dimensión de algo que vaya más allá de la simple materia.

Como seres humanos, no somos asexuados ni andróginos ni hermafroditas ni cambiamos de sexo como hacen algunas especies animales, excepto en alguna fantasía delirante de ciencia ficción feminista.

El conjunto de todos estos fenómenos que podemos llamar del género estropeado es el síntoma de una profunda enfermedad social. La salud y la vida están en la diferencia y la polaridad sexual, en las figuras diferenciadas de padre y madre, en los roles distintos y la existencia de vías diferentes para el hombre y la mujer. Todo ello es expresión de la naturaleza humana, indispensable en una sociedad sana, armoniosa y vital; precisamente por esto es combatido sin tregua por los apólogos de la anti-vida y la degeneración.