Son tantos los temas a comentar para quienes me hacen el honor de leerme que he decidido probar un nuevo estilo. Digamos que paso del “plato” de restaurante al “tapeo”. Me tienta el que, probablemente, el cambio tiene bastantes ventajas. La práctica me dirá si son ciertas.  En vez a abordar un solo tema con cierta profundidad comentaré diversos asuntos del día o de la semana. Probemos.

Primer asuntillo. La selección española de fútbol, (ahora la llaman “la roja” y, como es lógico, a quienes hemos probado las delicias del rojo en la República del Crimen, no nos hace ninguna gracia) ha jugado un partido  ajeno al de nuestros años mozos (de furia, sin melindres,  siempre “p’alante”). La mitad del partido, la pasan corriendo hacia la portería propia…dan mil pases y no se acercan a las porterías, por incapacidad para romper las defensas. Todo muy finolis, pero lo importante, romper la red a golazos ¡ni por asomo!…

El Himno. ¡Qué vergüenza ver –durante cuarenta y seis años--  como todas las naciones cantan su himno a pleno pulmón, los jugadores, los técnicos, y  todo su público, mientras que los españoles con un himno de letra envidiable, (de las hermosas  posibles y acorde con la grandeza de España: “…viva la Patria que supo seguir ‘sobre el azul del mar el camino del sol’) están mudos o  “berreando no sé qué ruidos ininteligibles!…”.

A propósito del himno y de los entrenadores. Cualquier español observador, amante del futbol y televidente pudo comprobar como el “super entrenador” Luis Aragonés --¡el mejor que ha tenido España!—llevaba a nuestros seleccionados al éxito,  mientras todos berreaban, él, con un par de esos que hoy escasean, cantaba la letra (y se le podía leer en los labios): “¡Viva España! alzad los brazos hijos del pueblo español que vuelve a resurgir…”. Si tienen  videoteca, disfruten viendo “las ganas que Aragonés” le ponía al Himno de España. ¿Leyeron ustedes en MARCA  o en AS, esto que les cuento yo?

Sigamos con los asuntillos…: Los INDULTOS, el Rey e Isabel D. Ayuso.

La que ha liado la Presidente de la Comunidad de Madrid diciendo algo que pensamos muchos. Yo voy más allá. Creo que, ni el Rey debiera firmar, ni el Ejército consentirlo, por la gravedad del desprecio de unos “mierdas rojos” que odian a España,  cuando tienen la obligación de defender su unidad y –lo he dicho muchas veces y lo repito—en la Edad media serían ahorcados en la Plaza mayor, por el crimen de lesa Patria. ¡Cuánto papel de fumar, en la mente de nuestros “pensadores”, “intelectuales" y “constitucionalistas”! Para mi sigue vigente la norma romana “Salus populi, suprema lex”. No hay Constitución en el mundo que pueda anular esa realidad “el Bien del Pueblo es la Ley Suprema”. Y si el Rey y el Ejército,  no obedecen lo que insinúa la Constitución, serán todos culpables de la ruina de España.

Por otra parte, el verdadero y principal responsable del estado actual de nuestra Patria tiene nombre: el “Sucesor del Caudillo”, o sea,  Juan Carlos I. El Generalísimo le dejó a él todos los poderes; pudo completar las Leyes y el Progreso heredado y prefirió, --como un niño idiota que rompe todos los juguetes—dejárselos todos en manos del Amo Universal que rige los Gobiernos desde las Logias, y así salió de las cavernas, ese engendro donde metieron diecisiete pichones de naciones, tomando al pueblo español por un rebaño de cretinos. ¿Por qué no se cuentan las cosas como fueron y se dejan de cuentos chinos, con los que han lavado el cerebro no solo de los separatistas sino de todos los españoles. De repente todos se convirtieron en expertísimos en “democracia” y “estado de Derecho”; dos “mitos”,  más letales que el cáncer de páncreas. ¿No es hora, ya,  de que los españoles dejen de ser borregos, utilicen la inteligencia y abran los ojos? Por ley de vida,  a mí me quedan pocos años o pocos meses pero me iré con la conciencia tranquila,  pues he procurado por todos los medios, informar y devolver la vista y el oído a mis compatriotas y correligionarios.

Hablemos ahora del último peldaño de la degeneración de los políticos: ¡el ridículo! La vía de la degradación de las naciones  la diseñan,  hoy,  una serie de impresentables elegidos por los dueños del mundo a tal fin,  con una malicia insuperable y conviene tener ciertos criterios para no dejarse engañar.

Así, es imprescindible saber esto: cuando ya se han recorrido  todos los grados de la depravación y se ha llegado a la sima, en realidad aún no se está  en lo más profundo del abismo. Este punto, que llamaremos “z”,  se alcanza cuando el sentido de la vergüenza ha desaparecido y se conoce porque, junto con la vergüenza se volatiliza la capacidad para ver la “ridiculez”… Cuando un hombre público, no se entera de que hace el ridículo, ya no puede llegar más hondo.  Tenemos el prototipo en la Moncloa: ¿Creen ustedes que está enterando de que no es posible hacer más el ridículo ante el mundo? Pueden estar seguros de que no.

Hoy un periodista muy conocido de prestigio en su profesión,  ha escrito un artículo que he titulado para  mi uso: “el gran soplamocos” al Jefe de nuestro Gobierno .Cundo un intelectual no catalogado de ultra  o facha, retrata a los zopencos con  mando en plaza, como lo ha hecho él,  les hace una pupa especial.

El ridículo de Sánchez en su “paseíto” trascendental para el mundo (¿recuerdan la “conjunción planetaria” anunciada por “la Pajín”?, ¡portentosa lumbrera del socialismo joven!), será un hecho histórico imborrable, --como el “¡Tierra!” de Rodrigo de Triana--.