La ambigüedad de la mayoría de los términos en español, dotados de una polisemia muy notable, hace que (casi) todo pueda justificarse. Pero los hechos son tozudos, por más que las intenciones y las motivaciones de los mismos estén auspiciadas bajo el velo de lo ambiguo.  La ley tiene apariencia de taxativa, pero qué va, es lo más moldeable y manipulable del mundo (para muestra esas “pelis de juicios” que todos habéis visto, queridos niños, donde los abogados hacen cabriolas con la ley y con el procedimiento judicial), incluso lo más tibio, laxo e inicuo que existe. De ahí que “hecha la ley, hecha la trampa”, o “echa la ley, echa la trampa” que es más apropiado, por lo imperativo del asunto y el uso que se le da.

Pero a mí no me la dan con queso. Cuando un criminal está más libre que el viento oceánico, sigue siendo un criminal y su beneficio es el beneplácito que la mafia jurídica le concede, ni más ni menos que eso. La familia Pujol, por ejemplo. ¿Pero cuándo el caso inmiscuye a las Fuerzas Armadas, a la salvaguarda de nuestro Estado de Derecho y tal y cual Pascual? ¿Cómo afrontar asuntos donde lo marcial se ha vuelto marciano? ¿Cómo afrontar la actuación –sobre todo por defecto, es decir inacción – de las Débiles mamadas (la cantina es su mejor baluarte)? Actos anticonstitucional y en detrimento de todas sus obligaciones legales y “de honor”, ese término tan vilipendiado y pisoteado que ahora hay que llamarlo horror.

Espena lleva décadas siendo invadida impunemente. Nuestra soberanía nacional, desquebrajada. Nuestra unidad nacional, dinamitada. Y la salvaguarda de todo ello, mirando para otro lado… y ahora, de postre, su colaboracionismo con el comunismo en la destrucción de la economía nacional, con la excusa sanitaria de la plandemia… ¡cuándo ningún lugar del mundo implementa ya esta satrapía liberticida, en Madrid intervienen los milicos para destrozar lo poco que quedaba de Estado de Derecho y de derechos humanos y ciudadanos!

Y no lo digo yo, ¡qué va! ojalá fueran los delirios de un ácrata… ¡ojalá!. Pero son los hechos y los actos. Y ambos son tozudos. Y como cuando la razón pierde su fuerza, aparece la sinrazón de la fuerza… ahí tenemos a los milicos armados hasta los dientes, destrozando nuestra vida  “por nuestra seguridad”. Manda cojones la paradoja. Como cuando estuve en Mingorrubio, por la profanación de la tumba de Francisco Franco. Mientras traían su ataúd profanado, los milicos de la zona estaban haciendo footing o tomando birras en terrazas de bares. Todos con la bandera de mi país perfectamente cosida en sus uniformes… eso que pago yo, además de 1.001 prebendas, con mis impuestos. ¿Qué es la traición para ellos? ¿sabrían definirla?

Fijaos en las obligaciones que las Débiles Armadas tienen, por ley, tanto en la Constitución Española como en la Ley Orgánica que rige sus derechos y deberes. Pongo unos extractos… y que venga alguien a decirme que es mentira lo que digo y que el Ejército ya no está formado por militares, sino por militantes (en este caso del comunismo y de las élites mundiales). No hay mayor cobarde que el que niega su condición de eso, en pos del “cumplimiento del deber”. Aquí está el deber que no cumplen los militares. A ver cómo torean a este Miura… en fin.

 

Constitución Española.

Artículo 8

  1. Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.
  2. Una ley orgánica regulará las bases de la organización militar conforme a los principios de la presente Constitución.

 

 

Ley Orgánica 9/2011, de 27 de julio, de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas.

Reglas de comportamiento del militar. 

Artículo 6. 1. Las reglas esenciales que definen el comportamiento del militar son las siguientes:

Primera. La disposición permanente para defender a España, incluso con la entrega de la vida cuando fuera necesario, constituye su primer y más fundamental deber, que ha de tener su diaria expresión en el más exacto cumplimiento de los preceptos contenidos en la Constitución, en la Ley Orgánica de la Defensa Nacional y en esta ley.

Tercera. Pondrá todo su empeño en preservar la seguridad y bienestar de los ciudadanos durante la actuación de las Fuerzas Armadas en supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas.

Quinta. Ajustará su conducta al respeto de las personas, al bien común y al derecho internacional aplicable en conflictos armados. La dignidad y los derechos inviolables de la persona son valores que tiene obligación de respetar y derecho a exigir. En ningún caso los militares estarán sometidos, ni someterán a otros, a medidas que supongan menoscabo de la dignidad personal o limitación indebida de sus derechos.

Neutralidad política y sindical. 

Artículo 7. 1. El militar está sujeto al deber de neutralidad política. No podrá fundar ni afiliarse a partidos políticos y mantendrá una estricta neutralidad pública en relación con la actuación de los partidos políticos.