La memoria, potencia del alma, o del ánima, es una capacidad que puede recibir adjetivos calificativos acordes con su esencia como por ejemplo, “memoria fotográfica o visual”, o “a largo o corto plazo” pero no conceptos morales como “democrática”. También puede recibir adjetivos cuantitativos, como más o menos memoria, y curiosamente hay quien afirma, y muchas veces presume de ello, de tener mala memoria, y sin embargo nunca se oye decir “yo es que tengo muy poca inteligencia”. La memoria, por su naturaleza, está muy relacionada con la “retentiva” que es la capacidad que tienen las personas de archivar un montón de datos y recuperarlos a voluntad, pero es necesario distinguir tener buena retentiva para recordar una lista de afluentes de los ríos o la famosa lista de los reyes godos, o ser capaz de retener una poesía de tener buena memoria, aunque también la memoria retenga datos.

La memoria es lo que una persona sabe. Todo lo que se sabe se guarda en la memoria, que es la sede del conocimiento, y nadie comenta autojuzgándose que tiene muy pocos conocimientos. ¿Y por qué ocurre esto? Pues la explicación es muy sencilla. En primer lugar se identifica la retentiva sin sentido, retener por retener, como la  con la memoria, para acto seguido menospreciar la memoria y con ello rebajar los conocimientos de las personas bajo el “argumento” de que la enseñanza no se “memorística”. En la educación escolar actual al no ejercitar apenas la memoria se está produciendo una disminución de conocimientos que deberían quedarse anclados en la memoria, porque si lo que has comprendido no lo recuerdas, ¿de qué te vale haberlo comprendido?

Separar el saber y el entender es una actitud errónea. La sabiduría, que se aloja en la memoria y el entendimiento o inteligencia, están muy relacionados, de hecho todos experimentamos más facilidad para recordar aquello que hemos comprendido o que hemos relacionado con otras realidades. Por ejemplo entendemos mejor un concepto si conocemos su etimología, o recordamos mejor los acontecimientos históricos si los ubicamos el espacio geográfico o los condicionantes culturales de la época. Es decir al tener en cuenta más factores que incidieron en la realidad, mejor custodiamos los conocimientos en nuestra memoria.

La trascendencia de este desprestigio y descuido de la memoria es enorme pues vacía de conocimientos a las personas, que ignoran todo aquello que en un día pasó por su cabeza en la que, como si tuvieran un colador, apenas se retuvieron las cosas que habían leído. Estas generaciones tienen pocos conocimientos en su memoria, desconocen acontecimientos históricos y su trascendencia,  lugares y accidentes geográficos que estudiaron con una proyección localista, mientras ignoran aquellos que por haber sido escenario de hechos históricos han influido en nuestra realidad cultural. Son personas que por no haber cultivado la memoria no están en condiciones de comprender la pintura anterior al impresionismo y al arte abstracto. Y así cuando los estudiantes de los cursos de secundaria y bachillerato, salgan a la vida irán de visita guiada en visita guiada sin tener una estructura básica bien fundamentada donde poder colgar la percha de los detalles históricos oídos, viéndose arrastrados a fundir y confundir conocimientos abocados a ser olvidados, resultando ser víctimas de un sistema de enseñanza manipulado conscientemente para dar como resultado personas ignorantes y por ello, más manejables.

Para conocer en su más profunda esencia lo que es la memoria y las funciones que realiza, basta con observar con atención a los casos dramáticos en los que desaparece, cómo les ocurre, desagraciadamente, a las personas que debido al alzhéimer, la pierden totalmente.