Ha quedado suficientemente demostrado que José Manuel Calvente, exabogado de Podemos, no acosó a la todavía abogada de la formación, Marta Flor, según sentencia de la Audiencia de Madrid. La querella de Flor ha quedado archivada. Según leo, era por acoso sexual, laboral, hostigamiento, coacciones y lesiones. Y porque no han encontrado más falsedades que si no… Ya en primera instancia hubo un sobreseimiento provisional, pero creían que con más patrañas y embustes saldrían a flote.

No se ha acreditado ninguno de los delitos que la tal Marta Flor imputó a Calvente en su querella. La muchacha del equipo legal de Podemos se ha “lucido”, va de culo y cuesta arriba. No tengo dudas respecto a que merece una sanción ejemplar y ejemplarizante. Va siendo hora de que las falsas acusaciones se sancionen con intensidad, sobre todo para evitar tantas y tantas como se producen por intereses variopintos. ¿Qué pretendía la tal Flor y a qué aspiraba? ¿Quién estaba detrás de la incitación si es que hubo esa? ¿A dónde se pretendía llegar? Dudo que tan solo fuera por no pagar la indemnización al hoy exabogado.

Ni siquiera han sido necesarias otras declaraciones testificales, que es lo que había solicitado la querellante. La ‘moza’ letrada ha demostrado que pertenece a la escuela del colmillo retorcido; menos mal que el nombre es bonito porque, de otra forma, sería una completa piltrafa como abogada querellante. Está claro que “las verdades eternas trasladadas a la política son un primer paso hacia el totalitarismo”, decía Juan María Bandrés.

José Manuel Calvente ha tenido tiempo de mofarse de Marta Flor, como ha tenido que hacerlo la Audiencia Provincial de Madrid al juzgar los testimonios de la querellante, las acusaciones contra el querellado y los mensajes fuera de contexto. “(…) Mi excompañera de trabajo aportó, para justificar su querella, mensajes sesgados y fuera de contexto, para intentar demostrar el falso acoso”. La casta se cubre las nalgas porque las ortigas pican por todas partes, pero la traca está por llegar, ese no es el final de la colección de fuegos que, en esta ocasión, no son de artificio. Ya deben de saber en Podemos que, aunque se destituya a William Barr, fiscal general de la Corte estadounidense, la acusación contra los líderes podemitas está en vigor.

Habrá que ver qué sanción le cae a Podemos por acusar en falso y premeditadamente. La prueba es que ha reconocido la falsedad de la acusación y la improcedencia del despido. ¡Ya es triste sacudir el rabo cuando no hay nada que sacudir! No hay duda de que en Podemos, ante su inminente desaparición, cunde el desánimo y el todo vale. No es lo más procedente eso de morir matando. Ya pasó a la historia, aunque ésta para el comunismo es la historia de cien millones de muertos. Tan sólo perdura eso de “¡Difama que algo queda!”, pero unido a la mentira, la patraña, el odio que interioriza en su ADN político y la amenaza, pretenden convertirla en “su” arma de lucha.

“La querella formaba parte del grave proceso de hostigamiento y represalia personal y laboral que sufrí a lo largo del año 2019 por haber cuestionado, investigado y denunciado hechos presuntamente delictivos cometidos por algunos miembros de la dirección de Podemos y que actualmente están siendo objeto de investigación penal”, relataba el exabogado de Podemos, José Manuel Calvente.

Por lo visto, la falsedad de los hechos ha sido ‘armamento’ para los líderes de Podemos y con ello han pretendido linchar, intimidar y difamar a Calvente. Entre esos líderes de arcilla podrida está el “marqués”, prototipo de la casta, mentira, traición a su gente y principal consumidor del menú comunista. La falsedad que abandera el “marqués”, frente a la demostrada honradez de José Manuel Calvente, llega hasta la purga “por haber dicho NO a ciertas actuaciones presuntamente ilícitas”. Hoy, sus seguidores, ya han comprobado que están ante el vacío aprovechado o algo así como la encarnación de la nada, valga el oxímoron.

Aún recuerdo a Pablo Iglesias mintiendo. Presentó el despido de José Manuel como un acoso sexual. Hace falta una cara como el cemento, que es lo que tiene. ¡Manda huevos, qué chorizada y qué espalda más ancha para la mentira y la traición! Hablamos de hace algo más de un año, era diciembre, a primeros. En palabras del propio Calvente “Esa es la credibilidad que ofrece el secretario general de Podemos y vicepresidente segundo del Gobierno de España. Ninguna. Ni en esto ni en nada”.

Es inconcebible que Pablo Iglesias siga como vicepresidente y como parlamentario. Ha mentido. Todo en él es falsedad, antiética y chulería de señorito barato. Su actitud es una práctica mafiosa permanente e imperdonable. Él hubiera pedido la dimisión a otros por mucho menos. No se entiende esa actitud rastrera porque, a partir de ahora, nadie tiene por qué dimitir ya. Cualquiera diría que han copiado el hábito del embuste del presidente, Pedro ‘Plagio’ Sánchez, alias ‘Falconetti’.