Esta semana hemos tenido algunos pequeños episodios, casi insignificantes, minúsculos e inocentes si queremos en el gran estercolero de la sociedad y la política española. Pero a su manera, estas pinceladas de realidad nos revelan tanto o más que las grandes cosas. Porque a través de ellas esa parte de la clase política que ocupa actualmente el poder actual se muestra a sí misma de la forma más sincera; nos restriega en la cara su mediocridad y nos insulta abiertamente, aunque una parte creciente de la población está ya tan degenerada que ni siquiera entiende cuando la insultan.

El alcalde de Palma que cambia el nombre de varias calles en aplicación de la repugnante y sectaria “memoria histórica” que, en este caso, castiga como “fascistas” a los marinos Churruca y Gravina (guerras napoleónicas) y Cervera (fines del siglo XIX). Las justificaciones de bajísimo nivel son casi más penosas que el error en sí: primero que si había barcos franquistas con ese nombre, como si las calles tomaran el nombre de los barcos, y no las calles y los barcos de las personas; luego que si uno no tiene por qué saber de todo. Desde luego. Pero es que ni siquiera hace falta tener una gran cultura histórica sino haberse interesado mínimamente de la historia patria. Y si no tienes ni eso, dedícate a otra cosa pero no seas alcalde; porque un alcalde por definición se ocupa de la cosa pública y se le debe exigir no sólo una cultura media sino superior, en particular una cultura histórica.

Aparte de eso, naturalmente, le bastaba perder cinco minutos con el buscador para enterarse de quiénes eran esos señores, a quién le estaba quitando una calle y lo que estaba firmando. Pero es que no llega ni a eso.

La mediocrísima choni madrileña empoderada, ministra del privilegio femenino y de los chiringuitos feministas, que interviene en uno de esos programas de telebasura, donde todo es falso y fabricado, para decir que a la mujer que denuncia “maltrato” hay que creerla sí o sí. Aunque la justicia española, ya de por sí una alcantarilla feminista que aplica leyes injustas feministas, hubiera absuelto al sujeto en cuestión, por lo que debía de estar clarísimo que las acusaciones eran infundadas.

Pero aun así, lo que vale es la justicia paralela del programa de telebasura. ¿Las pruebas? una entrevista lacrimosa, cuando todos sabemos que sólo un gilipollas profundísimo puede creer una sola palabra de lo que diga una mujer llorando en la televisión. ¿Las garantías de que se hace justicia? el apoyo institucional de la choni empoderada con todo el peso del Estado.

Aparte de todo ello, naturalmente, el sólo hecho de que esta tipeja arrastre por el fango el cargo de ministra interviniendo en un programa de telebasura lo dice todo.

La ministra de educación, que brilla tanto por su falta de educación como de conocimiento, riéndose tontamente mientras un diputado le recrimina algunos de los daños que su nefasta reforma producirá, concretamente la eliminación de la educación especial. Además de reírse dice no saber de qué está hablando el otro. Como decir que no tiene ni puta idea de lo que está haciendo. La verdad es que la única relación de esta mujer con el mundo de la educación debería ser asistir a clases para adultos.

¿Cuál es el cuadro que se nos muestra a través de estas tres pinceladas, a las cuales podríamos añadir muchísimas más? ¿De dónde han salido estos personajes, tan arrogantes, tan carentes del mínimo pudor, que reivindican con orgullo su enorme frivolidad, su irresponsabilidad, la ignorancia de lo que están haciendo?

Es la arrogancia y la falta de pudor de los peores, que nos restriegan en las narices su mediocridad y su ínfimo nivel, que imponen su ley, disfrutan de sus privilegios y se nos ríen en la cara.

Ni siquiera podemos decir que esta gentuza se represente sólo a sí misma. Ojalá fuera así. Pero es que representan a muchos, a millones. ¿De dónde han salido, pues? Han salido de la degeneración de la sociedad española, de lo que en una sociedad sana y fuerte debería ser un cubo de la basura bien cerrado con su tapa. Este es el verdadero problema.