Una de las mayores contribuciones que podemos realizar desde este, vuestro periódico, es servir de altavoz a aquellos a quienes quieren callar por todos los medios. Los que están en primera línea de la batalla diaria, en esta guerra iniciada por un Gobierno al que muchos ya consideran “el más criminal de la historia de España”.

Los sanitarios fueron los grandes protagonistas en los primeros meses; los “héroes” a los que aplaudir cada día a las ocho de la tarde. Posteriormente, gran parte se ha convertido en los colaboradores necesarios de esta abominable estafa, quedando retratados por su negativa a realizar su trabajo en Centros de Atención Primaria a la vez que ridiculizados por sus videos vergonzantes en redes sociales.

Pero llego septiembre y por todos lados se repetía la gran pregunta por parte de progenitores y profesorado: ¿qué vamos a hacer con nuestros niños?

Tras una larga e inexplicable espera, llegó el ansiado día en el que Educación salió a dar su comunicado. 

Atónitos, tuvimos que escuchar a una de las ministras que bate records en ineptitud, mediocridad y psicopatía, enumerar una serie de disparates entre los que destacó por su genialidad: “llevar a los niños en bicicleta al cole para evitar el contagio”. Después de reírse de todos nosotros, imagino que regresaría satisfecha a una de sus múltiples y lujosas propiedades.

Huérfano, nuestro profesorado comenzó su peregrinaje.

Tuvieron que esperar durante horas en colas interminables para realizarse PCRs que, además de altamente invasivas, son inútiles para ayudar al pueblo llano. Dedicaron multitud de horas y recursos personales para afrontar una situación que, mas que excepcional, iba a resultar terrorífica.

Vuestra amiga que suscribe ha llorado junto a estas maravillosas profesionales al tener la certeza de, cómo, se está cercenando la esencia que nos hace humanos.

De su mano os traigo su voz. 

 

“CRÓNICA DE NUESTRA REALIDAD

Hace unas semanas comenzamos el curso escolar con toda la incertidumbre de los protocolos a seguir, el miedo de las familias, las dudas y las contradicciones de dicho plan.

Nosotras hemos vivido el principio de curso en primera persona, sin dar crédito a la extrema dureza de las normas que debíamos seguir a nivel personal y profesional: desde la separación y aislamiento, a la imposibilidad de reunirnos físicamente más allá de seis personas, aún llevando mascarilla y aunque estuviéramos al aire libre.

Tras unos días de organización, para que cada clase burbuja no tuviera contacto con otras clases, señalizando pasillos, delimitando patios, creando aulas nuevas en espacios que eran comunes, elaborando horarios escalonados de entradas, patios y salidas, etc., nos llevamos la sorpresa de que teníamos que llevar obligatoriamente la mascarilla cuando, en un principio, parecía que iba a ser voluntaria.

El aula burbuja se supone que es como una gran familia y no tendría que ser obligatorio que las lleváramos.

 El B.O.E. cita cuatro situaciones exentas del uso de mascarilla:

  • Personas con enfermedad o dificultad respiratoria.
  • Personas con discapacidad o dependencia
  • Causa de fuerza mayor o situación de necesidad
  • Actividades con las que sea incompatible

Entendemos que actividades incompatibles serían, por ejemplo, comer y beber. Pero, ¿y recibir a un niño en su primer día de cole o guardería con la boca tapada, ocultando todo rastro de expresividad? ¿y cantar una canción adecuadamente, sin ahogarnos? ¿y contar un cuento transmitiendo emociones con la boca tapada? ¿y educar en emociones sin expresión, cuando sabemos, porque así nos lo indica la Neuroeducación, que, si no hay emoción, no hay aprendizaje?

Y por supuesto, nos gustaría que alguien nos dijera, cómo hacemos para enseñar a los niños a diferenciar fonemas, en el proceso lectoescritor que se inicia en Infantil.

Llegado el momento de empezar las clases, las frases que más hemos de pronunciar y que, desgraciadamente, se están haciendo normales son: “no te acerques a esos niños” “lávate las manos”, “no toques ahí”,” lávate las manos”, “no pases la línea”, “lávate las manos”, “no des besos” “lávate las manos”. Y por su parte, desde sus vocecitas: “seño, estoy aburrido de lavarme las manos” “seño, ¿hoy quitamos la cuerda y podemos entrar a los columpios?” “seño, ¿por qué no puedo saludar a mi amigo de la otra clase?” “seño, ¿esto tiene coronavirus?

Desde nuestra burbuja de infantil, observamos apesadumbradas a los niños de Primaria que tienen que llevar la mascarilla 5 horas si se van a casa y 7 si que quedan a comedor. Nos parece un atropello a la infancia. Merma el aire que respiran y resulta en una asfixia cuando la temperatura en nuestra zona es alta, sin aire acondicionado y con el ventilador al mínimo y orientado hacia el techo por recomendación de Consellería.

Como maestras de Educación infantil estamos comprobando que el uso de mascarilla no es compatible con la educación.

Nuestra herramienta de trabajo en la voz y se está viendo muy perjudicada por el uso de la mascarilla. Pero, mas allá de estar forzando las cuerdas vocales, no podemos proyectar la voz adecuadamente lo que resulta en detrimento del objetivo del aprendizaje de nuestros niños.

Nos rompe el alma observar la posibilidad de que los niños pequeños se lleguen a acostumbrar a la inexpresividad, a que alguien diariamente les esté “disparando” a la cabeza para tomarle la temperatura, a no poder saludar, abrazar o jugar con sus amigos de la clase de al lado.

Las consecuencias que va a acarrear el uso continuado de mascarillas, así como otras medidas de restricción puede que no tardemos en verlas: falta de atención, empeoramiento de las relaciones sociales, de la empatía, aumento de la desconfianza y el miedo.

Esperemos que estas medidas se flexibilicen teniendo en cuenta que en otros países ni siquiera es obligatoria la mascarilla.

Queremos hacer bien nuestro trabajo, queremos educar a los niños como se merecen y proporcionarles todo lo que necesitan para su desarrollo integral, algo verdaderamente imposible, con las imposiciones actuales. Vivimos con el alma y el corazón en un puño al ver la indefensión y desprotección emocional de nuestra infancia.       

Dos maestras de Educación Infantil”