Marruecos cumple con la hoja de ruta invasora contra España trazada por su realeza desde la proclamación de la independencia marroquí en 1956. Desde ese momento, las agresiones de Marruecos contra la integridad española fueron constantes: la exigencia de Sidi Ifni en una guerra que Mohamed V, fundador del Estado marroquí, inició contra España, o la reclamación del Sáhara, que acabaría consiguiendo Hassan II aprovechando la agonía del General Franco.

Ciertamente, la satrapía marroquí actual encarnada en Mohamed VI y dotada de 12 palacios, 600 coches de lujo, 1200 funcionarios cortesanos y más de 5000 millones de euros de fortuna, sigue el camino emprendido desde que Marruecos se erige en Estado: atropellar a España para autolegitimarse, hacer caja y movilizar oscuros negocios.

Mohamed VI ha implantado un régimen que consuma la penetración en suelo español de droga, inmigrantes ilegales y “menas”. Su posición reforzada como bastión de EEUU para controlar el mediterráneo y ser trampolín de la ambición useña vino dada a Marruecos desde que, en el contexto de la Guerra Fría y para controlar el poderío de la URSS sobre Argelia, el globalista Kissinger urdió el plan para desposeer a España del Sáhara y taponar esa vía de acceso al mar. El gran escollo para los planes de EEUU y último defensor de la soberanía española, Don Luis Carrero Blanco, había sido abatido en atentado terrorista en 1973.

En 1974 Hassan II ya exigía a España el Sáhara de manera oficial y en 1975, la última orden de Franco en los albores de su muerte basada en defender esa provincia española, fue desechada por el acuerdo sibilino del príncipe Juan Carlos con norteamericanos y marroquíes para la cesión ilegal –y jamás reconocida por la ONU- del Sáhara.

A partir de esta traición, ignominiosa para la dignidad de España, el enemigo marroquí captó definitivamente el miedo, y con la salvedad del episodio del islote de Perejil donde España contó con la gratificación de EEUU –única ventaja de la sumisión aznaril hacia George Bush-, la política española hacia Marruecos fue de cesión constante.

Marruecos se ha apoderado, en la práctica, de las aguas territoriales canarias que cubren los ricos montes submarinos de minerales como telurio o cobalto; impide desde hace 50 años faenar en aguas de pleno derecho a nuestros pescadores; autoriza prospecciones petrolíferas en aguas españolas; y desde los finales años 90 utiliza el tráfico inmigrante como mecanismo de chantaje para obtener dinero y que le mantengamos a ese 24 por cien de población pobre o en riesgo de pobreza que atesora mientras su monarquía se adinera.

En el año 2020 Marruecos bloqueó económicamente a Ceuta y Melilla, e impulsó la invasión inmigrante sobre Canarias a la que España alojó en hoteles y repartió hacia la península por parte del ministro Marlaska. En junio de 2020, España regaló 30 millones de euros al gobierno alauí en concepto de ayuda para control migratorio.

En 2021 Marruecos ya ha obtenido otros 30 millones de euros, recientemente aprobados por el ministerio de Fernando Grande Marlaska, además de casi 8 millones de euros para la compra de vehículos Toyota Land Cruiser y un millón y medio para adquirir “quads”. Y todo ello en plena crisis de invasión sobre Ceuta. Son sólo unos  ejemplos del entreguismo económico a Marruecos sin contar, además, con los 4700 euros mensuales que nos cuesta mantener en suelo español cada uno de sus “menas” o los cientos de miles de euros mensuales que los hoteles de cuatro estrellas canarios han costado al contribuyente español para alojar a las decenas de miles de ilegales que desde el veranos de 2020 asolan las islas Canarias y por ende España.

El asalto actual sobre Ceuta mediante inmigrantes desplazados en masa y en número de miles no es más que la continuación de la reclamación de los “territorios usurpados” que Hassan II formulaba cuando, sabedor de que Franco estaba camino de su muerte, lanzaba su “Marcha verde” que no se detendría en el Sáhara sino que incluía las islas Canarias, Ceuta y Melilla.

Es más: la sumisión española respecto a EEUU y la OTAN, a la que nada importan Ceuta y Melilla porque no están en la capa protectora de la Alianza Atlántica, garantiza si no en el presente en el futuro próximo, la cesión de Canarias, Ceuta y Melilla. El aliado de EEUU en el Mediterráneo es Marruecos; el puerto useño por excelencia es Marruecos.
España es la potencia segundona pilotada por comunistas bolivarianos antinorteamericanos o por liberalones lamebotas de Inglaterra, que no fue capaz de recuperar Gibraltar ni el Sáhara y orgullosamente desprovista de soberanía de todo tipo, a la que se puede despreciar porque jamás en 40 años defendió su integridad. España no se ha hecho respetar desde 1975, y menos lo hará ahora cuando su régimen interior es un Estado fallido implosionado por golpes separatistas y por bandas armadas convertidas en partidos políticos que dirigen la acción del Estado.

Si pese a la actual invasión que azota a Ceuta ergo a España, Marruecos no pone su bandera sobre esta plaza, lo será por el éxito del chantaje que obtendrá de nuevo un pago bien remunerado para la monarquía alauí y sus mafias locales por parte del gobierno español. Pero recuerden esto: en el futuro Marruecos adquirirá Ceuta, Melilla y Canarias. Es cuestión de tiempo. Si España no da un golpe de timón contra nuestro Estado fallido y nuestra perdida fatal de conciencia nacional, Marruecos adquirirá las plazas que reclama. Ellos tienen claro su plan. Les está saliendo de perlas desde 1975. España ni tiene plan, ni tiene soberanía, ni tiene vergüenza.