No es ningún retruécano estilístico. Es pura estadística demográfica. Estamos en los estertores de la Europa que ha venido conformándose desde hace más de tres mil años . La Europa grecolatina y cristiana que han nutrido de Filosofía, Arte, Derecho, Lenguas y Humanismo a los pueblos que habitaban una península del gran continente llamado indoeuropeo.

La razón, no es otra que el suicidio demográfico de estas sociedades, que no ha mucho fueron las más desarrolladas económica y culturalmente de todo el planeta. Y este suicidio se percibe cuando las defunciones superan a los nacimientos, pero este aviso, cuando es una realidad, llega siempre tarde.

El decrecimiento poblacional puede darse en una población determinada por dos motivos: por una alta mortalidad, que no parece ser el caso europeo por su elevado desarrollo sanitario, como por un déficit de nacimientos, que sí es el caso europeo de bastantes años acá. Sin tener en cuenta el balance migratorio, para que un stock poblacional no pierda efectivos es necesario que, como mínimo, la fertilidad por mujer en edad fértil debe ser superior a 2,1 hijos.

Es la llamada tasa de reposición demográfica. En países con menor desarrollo económico esta tasa puede llegar a ser de 3,3 hijos, debido a la mayor mortalidad infantil y general por sus carencias sanitarias. Ninguna civilización ha logrado revertir la perdida de efectivos con tasas inferiores a 1,9 hijos y con 1,3 la reversibilidad de pérdida de población, es imposible. A finales de la década de 2000, la tasa media de reposición de 31 países europeos fue de 1,38 (Francia, 1,8; Inglaterra 1,6; Alemania 1,3; Grecia 1,3; Italia 1,2; España 1,1).

Sin embargo, Europa no pierde población y ello es debido a la inmigración que recibe desde hace décadas. Sólo un dato: desde 1990 el 90% de su crecimiento demográfico es consecuencia de dicha inmigración y sobre todo de aquella que llega de los países islámicos.

España es el tercer país europeo con mayor número de población extranjera con 5,4 millones de personas, detrás de Alemania con 17,2 millones y Francia con 8,9 millones, siendo la población procedente de Marruecos,775.936 personas, la más numerosa de toda Europa y de España, seguida de Bélgica con 230.000 marroquíes. La media de hijos de madres marroquíes que viven en España ha sido en 2020 de 4,8 hijos.

En Francia como ya se ha dicho el nº de hijos por madre en edad fértil era de 1,8 mientras que en una familia de origen musulmán es de 6,1 hijos. El 30% de los jóvenes menores de 20 años son de familia islámica. En las conurbaciones o grandes ciudades como París, Marsella o Niza este porcentaje alcanza el 45%. En 2027, uno de cada cinco franceses será musulmán y sólo en 40 años más, Francia será una república islámica.

En los último 30 años, la población musulmana pasó en Inglaterra de 28.000 personas a 2,5 millones, en Holanda, el 50% de los nacidos es hijo de padres musulmanes y en quince años la mitad de la población será musulmana. En Rusia hay más de 25 millones de musulmanes, uno de cada cinco rusos. En Bélgica, el 25% de su población es musulmana, así como el 50% de los nacimientos y su gobierno afirma que en 2025 los nacimientos serán un tercio del total. Se estima que en 2050 este país será también una república islámica y dicho gobierno estima que en 20 años la población musulmana europea se verá duplicada.

La Unión Europea no es Europa. La Unión Europea es el esperpento de la autentica Europa de las naciones con la que soñaron sus fundadores y que pronto fue raptada por los mercaderes y hoy en manos de burócratas y globalistas, dispuestos a entregarnos a los enemigos de las libertades. Durante muchos años, la ideología dominante ha sido antinatalista en todo Occidente. Contracepción, aborto, parejas monoparentales, ideología de género, etc, han hecho retroceder la natalidad más allá de los límites de recuperación. Europa se ha suicidado demográficamente. Sólo se salvarán algunos, pocos, de la antigua Unión Soviética.

Pero, ¿a qué obedece esta situación de auténtico suicidio demográfico? Sin duda, a mi juicio, este hecho es una consecuencia de haber renunciado a una identidad milenaria, que se ha visto diluida por la renuncia a los valores morales y culturales de la tradición europea, que citaba al inicio de estas líneas. Los estertores demográficos de Europa son una consecuencia más de esta renuncia. Europa no puede ser sin los valores europeos y sin la cultura europea, pero Europa tampoco puede ser sin europeos.

Adiós Europa, adiós.