Como todos sabemos, septiembre es un mes de cambios. La recta final del verano es una etapa de transición y de preparación de un nuevo año laboral para la recuperación de la plantilla de servicios públicos que nunca debieron reducirse, como los Servicios de Salud. Septiembre es también el mes en el que se inaugura un nuevo año lectivo en los centros que se dedican a la formación ocupacional y a la enseñanza reglada: es el momento de la famosa «vuelta al cole».

La situación de anormalidad que los grandes grupos de comunicación han intentado vendernos como «nueva normalidad» está generando mucha incertidumbre en los colegios, sobre todo en los sectores más vulnerables. No tanto por el posible impacto de letalidad sobre las personas en edad infantil, sino por el riesgo real de que aumenten los focos de contagio y terminen por afectar a las denominadas «personas de riesgo»; en particular a sus abuelos. Cada vez un mayor número de personas comienza a cuestionarse hasta qué punto quienes nos gobiernan están jugando al ensayo y error con nuestras vidas. ¿Cómo es posible que, aun sabiendo que septiembre es el mes de «la vuelta al cole», la clase política no haya diseñado un plan de acción antes de tomarse unas inmerecidas vacaciones? ¿Cómo es posible que vuelvan a dedicarse a pasarse la pelota unos a otros y deriven la responsabilidad a la dirección de los centros educativos? 

Ojalá esto sirva para que nunca olvidemos que durante el año de la pandemia muchas madres se rebelaron, las AMPAS se movilizaron, algunos directores de colegios comenzaron a cuestionarse su situación de desamparo, que se cerraron colegios… Ojalá esto sirva para que los niños y sus familiares recuerden que la movilización ciudadana es el verdadero motor de cambio en nuestra sociedad. Ojalá esta dolorosa experiencia nos sirva también para hacernos comprender que la acción ciudadana es la herramienta más eficaz para transformar una sociedad que transita a ciegas por el abandono. Ojalá nunca olviden que hubo revueltas en los «coles». La nueva normalidad podría terminar por abrirnos los ojos y volverse en contra de nuestros dirigentes.  Ojalá…