En 1.989, tras cuarenta y cuatro años de socialcomunismo, Polonia era un país paupérrimo, desabastecido y enfangado en la ruína social y moral.

Mientras, España gozaba de crecimiento, inversión y un consumo que hasta "recalentaba" la economía.

Hoy, la situación toma sendas opuestas. Polonia se encamina al estatus de potencia, el paro es casi inexistente y su ritmo de crecimiento, ininterrumpido en veinticinco años, alcanza una media del 4%, a la par que la juventud desconoce el sentido de la palabra crisis.

No obstante las cifras y sesudos estudios económicos, las razones por las que Polonia florece mientras España se marchita son más que evidentes...

En primer término, la propiedad privada es allí algo sagrado. Nadie imagina hordas de "okupas" organizados e ignominiosamente protegidos por políticos sin escrúpulos. La imagen de una política con cara de pepona y protectora de los usurpadores sería impensable en aquel país del Este.

A su vez, la seguridad jurídica es ya "marca de la casa" en Polonia. Ni ciudadanos ni empresas se sienten al albur del decreto ley semanal excretado por politicastros que ignoran la materia sobre la que legislan y que, fuera de la política, no encontrarían trabajo ni como reponedores en Mercadona, con todos mis respetos hacia estos trabajadores.

En tercer lugar, los impuestos son moderados. Por ejemplo, el ciudadano polaco no se ve obligado a renunciar  a la humilde herencia ganada con el sudor de sus padres por no poder afrontar un impuesto de sucesiones por definición injusto, además de confiscatorio.

No se encontrarán allí con cargas impositivas que arranquen coactivamente más de la mitad del fruto del trabajo y que, en gran parte, se destinen a la creación y engorde de una masa clientelar tan inútil como parasitaria.

Por supuesto, en este escenario, las empresas ven en Polonia un lugar donde invertir y crear empleo. Todo lejos, muy lejos, de esa España que camina hacia el "exprópiese" a la venezolana, aupado por mediocres profesorzuleos sin escrúpulos y esa hornada de niñatas arribistas de bragueta con su verbo tan vacuo como necio.

No, allí no aterrizan con nocturnidad y conciencia de impunidad lideresas bananeras perseguidas por la Justicia internacional, ni son recibidas por ningún ministro con aspecto de ayudante de carnicería de barrio y cultura de afilador ambulante de comarcas agrícolas.

Finalmente, y tal vez sea esto lo más importante, aquella nación del Este ha entendido que LOS VALORES, SÍ LOS VALORES, constituyen la sustancia, la sangre, la columna vertebral de un pueblo por encima de cualquier contingencia de tiempo o accidente. 

 Así, la llamada ideología de género se muestra y entiende tan abominable como realmente es, el hembrismo (o feminazismo) se encuentra embridado y el lobby LGTBI (no sé si faltan letras) se mantiene a raya frente al rechazo de gran parte de la población, algo lógico en un país con serios problemas de natalidad.

Por su parte, la inmigración se produce ordenada y regulada. Primero los más afines, procedentes de Ucrania. Después una larga lista de espera de cualificados hindúes, en turno de visado y ansiosos por trabajar y ganarse sus derechos merced al cumplimiento de obligaciones y aportación de valor al país que los acoge.

No se verá por allí ninguna caterva saltando vallas y hollando fronteras, agrediendo a la policía, delinquiendo en la calle mientras en casa esperan la ayuda pública, exigiendo derechos sin deberes y considerando a las mujeres como un objeto paridor al que se puede humillar y golpear.

No hablemos, ¡para no llorar! , del concepto de Educación dirigido hacia la excelencia y no a facturar títulos a cualquiera "para que no se frustre porque la educación no es una carrera de obstáculos".

Si mantiene esta línea, Polonia prosperará, y mucho. Enfrentará problemas y claroscuros, por supuesto. Pero una nación que respeta la ley, la propiedad privada, la excelencia, las fronteras, que no expolia al contribuyente y que prima el sentido del sacrificio y del esfuerzo, prosperará.

Mientras, la España del delincuente Torra, del asesino Otegi, el prófugo Puigdemont, el bolivariano Iglesias, la  Colau y sus "okupas" apestando de Norte a Sur, el presidente ilegítimo y embustero compulsivo, los ERES, los golpistas, subvencionados vagos como la quijada de arriba, las locas del coño, la ideología de género, las amantes enchufadas... esa España, si nadie lo remedia, se irá... a la mierda (con perdón).