José Ortega y Gasset denominaba hiperadaptación a esa capacidad exagerada de adaptación a las ideas contrarias que tienen algunos intelectuales, militares y políticos, no solo para adaptarse a un nuevo poder extraño a sus creencias -que sería una simple adaptación a unos nuevos tiempos-, sino producir adaptación exagerada acompañada de gestos de aprobación y elogio al nuevo poder constituido, como parece que el PP hace al atacar las ideas que antes defendía -y que actualmente es VOX quien lo hace- para congraciarse con el consenso progre y la agenda globalista.

El ejemplo más cinematográfico de hiperadaptación  lo vimos  en la película “La lengua de las mariposas” cuando el personaje interpretado por Fernando Fernán Gómez, era insultado y repudiado por sus alumnos, unos auténticos hiperadaptados, y que hoy vemos a diario en periodistas, políticos e intelectuales que pretenden justificar y adornar cualquier descalabro del actual gobierno de Sánchez, así como la condescendencia de Casado con el actual gobierno, que en otras circunstancias habría provocado manifestaciones públicas y huelgas, pero ahora obliga permanentemente a esos hiperadaptados del PP a realizar una cabriola intelectual para poder justificarlo.

¿Es el nuevo PP de Casado un partido de hiperadaptados? La reciente declaración de que el espacio social-demócrata lo ocupa actualmente el PP parece una reacción de hiperadaptación a una nueva ideología contraria a la que tanto Alianza Popular como posteriormente el PP de Aznar propusieron. ¿Se debe este fenómeno a una estrategia electoral para ocupar el espacio que ha dejado vacío Ciudadanos, y con la esperanza de captar los votos más moderados del PSOE?

Pero además de una estrategia electoral, puede ocultar un afán por hacerse perdonar ser liberal y conservador y es probable que Casado caiga en el celo del “converso” a esta nueva ideología social-demócrata.

            El riesgo que corre con esta estrategia es que el electorado, que hasta ahora había votado al PP por ser un partido conservador, con raíces cristianas y liberal en muchos aspectos, no entiendan nada de hiperadaptación ni tengan necesidad de la misma y busquen otro partido que siga defendiendo las ideas que cada uno de ellos haya alimentado durante toda su vida y que por eso han sido votantes populares hasta ahora, de manera que los votos que puedan venir desde Ciudadanos y PSOE salgan por otro lado hacia VOX.

            En esta agenda globalista del 2030, que parece no incomodar al PP, desaparece la idea de España como pueblo y su unidad como nación sustituida por algo que no se sabe muy bien lo que será, pero que tendrá que ver con el multiculturalismo foráneo y con la desaparición de las creencias y la cultura propia de cada uno de los pueblos que componen España.

Debería con la máxima urgencia explicar el PP a qué renunciará de su antiguo programa y de su ideología al haber abrazado la social-democracia, y reflexionar sobre si es solo una estrategia electoral, o algo más profundo. Si esta estrategia merece la pena a cambio de abandonar la idea de España, el liberalismo, la defensa de las tradiciones cristianas, de la familia, tal como la entendían hasta ahora y explicar muy detalladamente qué va a suponer ese abrazo a la social-democracia si llegan al poder.

En lugar de orillarla, debería mirar a Díaz Ayuso y lo bien que le fue en las elecciones de la Autonomía de Madrid, defendiendo la idea de España, sus tradiciones, el liberalismo y las raíces cristianas de nuestra civilización.

Por otro lado, la social-democracia en España no existe como ideología: solo fue una cabriola de Felipe González renunciando al marxismo, para así atraer ingenuos al PSOE para, poco después de su mayoría absoluta de 1982, practicar el socialismo puro y duro expropiando empresas y regalándolas a los amigos, tal como hizo con RUMASA.

Pero cada vez que el centro político y la derecha se han entregado al socialismo, aunque sea a través de ese invento de la social-democracia, el resultado ha sido la catástrofe electoral, porque su electorado NO es socialista.

El mayor peligro para Casado al abrazar esta nueva ideología, es que la social-democracia le haga el abrazo del oso que le hizo a la UCD en 1982, y deje al PP tan escuálido como la UCD quedó en ese año, cuando pasó de 157 diputados a solo 11.

¡Está jugando con fuego social-demócrata, lo más peligroso para un partido liberal-conservador!