El líder, ya con 14 puntos —y un partido más— que el campeón, tuvo sello en Chamartín. Llegó con alfileres por falta de efectivos y porque su banquillo da para lo que da, nada ver con el deslumbrante armario de su adversario. Con todo, supo curtirse y fajarse de entrada y dar la estocada con Messi mediante. Con Valverde este Barça con más tambores que violines encontró en el mejor feudo posible una victoria reivindicativa como pocas.

Bloqueados unos y otros, el choque discurrió parejo durante el primer acto. La zona central era selvática y sin suministro no atinaban las delanteras. El sostén de cada cual estaba en el andamiaje defensivo, donde por encima de todos se encumbró Piqué, al mando de la antiaérea y firme en cada cruce.

Cristiano, autor de un punterazo al aire tras una incursión de Kroos. Poco después, en su mejor aparición de mediodía, el portero culé le desvió un disparo con cicuta. De Benzema ni gota salvo su cabezazo al poste izquierdo de Ter Stegen. 

Todo se alteró tras el descanso. Se diluyó el remedio de Kovacic. El Barça se sacudió al Madrid en medio campo y trincó el partido por la pechera y el Barça se lo comió.