Con esa uniformidad comprada a que nos han acostumbrado, los grandes medios españoles han salido de Afganistán con estruendosas “revelaciones” que relacionan a Rusia con el separatismo catalán. A diez días de la conmemoración de la diada,convertida en una falsificación histórica, teñida cada vez más de supremacismo de butifarra, de racismo anticharnego, esas “exclusivas” huelen mal.

No solo porque las portadas que lo denuncian, o los telediarios que se hacen eco, hayan omitido y ocultado las escandalosas pruebas de implicación de los grandes magnates globalitarios (Rockefeller, Ford, Soros…), en esas maniobras para romper España sino que obedecen, una vez más, a los que los financian, especialmente con nuestro dinero, desde el poder y con el erario público. En un momento en que España se hunde en un abismo de paro, precariedad, inflación y creciente miseria, con sueldos por los suelos y precios disparados en los productos básicos (luz, gasolina, alimentos, vivienda…), o incapaz de explicar como “a más vacunas hay más muertos”,  el gobierno hace ricos a sus amiguetes e intenta imponer una agenda enloquecida de ideología de género, apocalipsis climático, inmigración descontrolada y recortes dictatoriales, mientras negocia fraccionar el país para entregar los trozos a quien quiere destruirnos.

Ahora, también nos cuentan  que “varios cientos de suboficiales del ejército español colaboran con el espionaje ruso” en lo que parece preparar una purga de las fuerzas armadas españolas, altamente descontentas con el gobierno del PSOE-Podemos y sus cesiones, en todos los terrenos, contra los intereses del conjunto de los españoles. Unas cesiones que van a plasmarse en la vergonzosa “mesa de dialogo” con separatistas catalanes y vascos (cuyo apoyo permite a Pedro Sánchez ser presidente del gobierno), en las cesiones al expansionismo marroquí; en su sumisión a los planes de ese ejercito supranacional que pide Bruselas mientras intenta aislar a Moscú, en sus intentos de cambiar la Constitución por la puerta de atrás, o controlar a los jueces para  imponer estados de excepción a voluntad …

Todo ello, nos debe hacer sospechar de las verdaderas intenciones de estas “revelaciones” del New York Times, muy alineado con esos poderes globalitarios a los que sirve y que intentan robar la capacidad de decisión a los pueblos, para entregar su soberanía a organismos que solo controlen ellos.

No es Rusia quien amenaza España sino su propio gobierno, decidido a ponernos en servidumbre ante los intereses de los grandes fondos de inversión, de condenarnos a la debilidad como sociedad, a la fragmentación como nación y a la tiranía como individuos.

La duda es un principio ineludible del conocimiento y descubrir los hilos que manejan a los grandes medios de propaganda (es difícil hablar ya de medios de información) nos dan pistas de los intereses reales que defienden. Y la verdad no es uno de ellos.