1) Concepto de religión

Entiendo por religión un conjunto sistemático de mitos a través de los cuales se difunden postulados morales entre una comunidad de individuos en un lugar y tiempo.

Una religión, o la religión no implica necesariamente una concepción teocéntrica del universo, su condición posibilitante es la presencia de dogmas que no se admiten por necesidad si no por motivos sociales, ya sea por coacción jurídica, comunitaria, utilitaria, todas o alguna de estas causas ; sea cual sea el motivo que lleva al individuo a aceptar el dogma es –como condición posibilitante – distinta a la ley autolegislada e inmanente de la realidad, como que dos unidades de lo mismo no son tres.

El axioma del mito es por tanto, no solo indemostrable si no también innecesario, mientras que el discurso racional, aun también indemostrable en su última consecuencia, es esta –la causa última– necesaria, lo que además implica que el mito es cronológico y el orden –logos como argumento– es siempre diacrónico, eterno, inalterable.

Una religión se compone de varios mitos que tienen una finalidad moral, y la moral –del latín mor y del griego ethos– como apunta Heidegger en su comentario al fragmento 119 de Heráclito, significa en su sentido original la morada del alma; o dicho en otras palabras: la conciencia, que es la protagonista indiscutible de la acción humana. 

 

¿que es la religión vista desde la reflexión ética? Contestaré aquí desde un punto de vista ético de la responsabilidad –en la terminología de Weber– que se trata de una herramienta capaz de si no dirigir influir en la conducta. Por tanto la religión en el sentido apuntado constituye una herramienta para dirigir la conducta de una comunidad en un sentido determinado, y siendo la moral dicotómica en su significación más radical no queda más remedio que aceptar que pueda ser utilizada –la religión– para dirigir la conducta a una de los extremos de la dicotomía: al bien o al mal. 

 

La religión es por tanto un conjunto de mitos que enseñan al hombre como debe comportarse.

 

2) Mitos que conforman la religión del estado postmoderno y sus dogmas

a) Ateísmo

El cosmos aparece por un acto espontaneo sin causa, las leyes del ser y del pensar aparecen  con y por la misma espontaneidad, o lo que es lo mismo: la realidad aparece por y de la nada

Se trata de un mito porque como apuntara ya el viejo Parménides de la nada no puede venir el ser, si no que el ser debe venir del ser. Es el mito del ateísmo llevado a lo absurdo, un dogma de fe que no encuentra posibilidad según las leyes de la ontología. Lo existente deber ser por alguna razón inteligible o no.

b) Materialismo

Todo lo existente es material. Se niega la trascendencia imputándole el realismo de la metafísica tradicional, lo inmaterial como sustancia indemostrable, es decir inexistente. 

Es un mito en cuanto cae en la disociación del ser y del pensar que ya aniquiló Platón en su momento, esta vez se trata del mismo homicidio ontológico pero ejecutado sobre el otro elemento. Mientras Platón liquida lo particular y materializa lo cognitivo, el materialismo implica la aniquilación del pensar que consagra lo material y hace del pensamiento una apariencia. 

Es un mito desde que niega al pensamiento la existencia, o la relación ser pensar, si la cosa no se piensa no existe, o mejor dicho si no se piensa es porque no existe, o porque de acuerdo con las formas naturales del conocimiento no hay en el hombre facultad de conocerla. El pensamiento es en si, y terminología empirista una cuestión de hecho, real, existente y demostrable, y tiene desde luego capacidad fenoménica. 

 

3) fe en la razón científica y el progreso tecnológico

 

El ateísmo –negación de lo trascendente– conduce al materialismo– consagración de la materia como lo única existente– y el materialismo a la fe en la matemática, que no es otra cosa que la ciencia que estudia la medición de la materia. ¿por qué el interés en medir la materia? Para transformarla. Al ateo no le interesa explicar la materia, en cuanto la explicación por la belleza del conocer y del pensar no es útil en el sentido de beneficio económico, si no transformar para producir algo lucrativo.

 

La matemática aplicada a la contigüidad espacio temporal da a luz a la física, y las leyes de la física son necesariamente empleadas en la elaboración de objetos, que no se construyen por la belleza estética de sus formas. En esto consiste el progreso: un desarrollo técnico cimentado sobre el consumo ilimitado de bienes, que clasifica a las sociedades por categorías de mayor a menor según su grado de desarrollo tecnológico: países subdesarrollados, desarrollados, y en vías de desarrollo, tomando habitualmente como referencia de medida su tecnología militar.

 

La matemática es la única ciencia exacta, pero lo es en cuanto no se mezcla con la realidad que no es exacta, la matemática confiable en la construcción no lo es en el acontecer, la contingencia es lo contrario de lo necesario, y eso demuestra que como el concepto, los números son relaciones de ideas ajenas a lo externo, no se identifican ni comparten la desconocida sustancia de la realidad. 

 

La racionalidad matemática conduce a una enfermiza necesidad de prever todos los eventos según ciertos indicadores, es la mecánica de la inseguridad disfrazada de un severo metodismo, barbara, discriminadora y deshumanizante.

 

Positivismo social y jurídico 

 

La racionalidad matemática implica la fe en lo útil de alterar las leyes de la naturaleza, o al menos emprender de vez en cuando una aventura suicida para tratar de conseguirlo; de esta clase de eventos destaco experimentos sociales varios: desde el estado comunista o actual estado liberal-globalista. 

 

El positivismo es tal porque requiere una acción positiva, un autor, y una cronología. Consiste en tratar de suplantar la realidad por alguna ficción, ya sean reconocer derechos no naturales por razones de política pública, o en lo social las múltiples neurosis y trastornos de la personalidad que postulan como saludables por los matemáticos o ingenieros sociales. 

 

 De nuevo otra manifestación del platonismo popular, crear una dicotomía ontológica, con una realidad paralela capaz de eliminar la inseguridad de la contingencia. 



3) Mitos coadyuvantes: genero, feminismo, ecologismo…

 

En el punto anterior explico los cuatro principales mitos  constitutivos de la religión globalista, mitos genéticos fundamentales, y que son por decirlo de una manera profana los pilares sin los cuales esta forma de pesar y actuar no podría subsistir.

 

Al resto de mitos: género, feminismo, ecologismo, los llamo coadyuvantes porque son efectos reflejos de los anteriores principales. Se equivocan los intelectuales que piesan que se trata de reacciones a la racionalidad matemática, a mi entender constituyen otro estadio de desarrollo de dicha racionalidad ya que no se separan de ella, y son otro intento suicida de construir una realidad trascendente.

 

Creer en tales mitos como natura rerum es una necedad que demuestra la debilidad intelectual del individuo que la sostiene, ni creo que el aceptante si quiera note la verdad de lo que afirma, y el que la sostiene a pesar de todo como instrumento social es un sujeto perverso, violento y peligroso. 

 

Lo que hay que destacar sobre estos mitos reflejos es que aunque son muy vistosos al ojo político, no tiene la importancia que su estruendo parece advertir, son postulados pasajeros que tienen su tiempo y lugar en la sociedad, o dicho de otra forma: que están de moda, todo el mundo habla sobre ellas, pero al ser identificables con la realidad se transformaran, escindirán o fusionarán, y llegará el momento en que se nos hagan irreconocibles – como a las feministas liberales de principios del siglo XX las feministas multipusilamines de hoy–.

 

Como tales efectos reflejos, al ser un fenómeno estético, se irán trasformando por sus primeros principios en otras cosas igualmente execrables, o puede que más, y la importancia de esto radica en que no seremos capaces de dirigir conductas hacia puertos más lustrosos si no cambiamos radicalmente nuestra forma de pensar y de pensarnos, ni podremos en el fondo censurar esta actitud si actuamos con su mismo ánimo, sosteniendo los mismos o distintos mitos. 

 

4) Teología natural frente a la religión postmoderna. 

 

Este último punto no congraciará a los que vean en lo anterior un intento revolucionario de atacar un globalismo feroz desde una posición liberal o cristiana, no intenta ser este texto otro de los miles artículos que tratan de ridiculizar un punto de vista resaltando los problemas de uno y ocultando las de otro, si no una exposición clara de los problemas fundamentales de nuestro tiempo que han desembocado en eso que llamamos postmodernismo. 

 

A mi entender el posmodernismo es un acervo de doctrinas que confluyen en su nacimiento, es decir que tienen un mismo padre: la disociación de la realidad, a la cual ha contribuido tanto en platonismo, el cristianismo, el ateísmo científico, el existencialismo… que han ido a parar a este absurdo laicismo religioso en que nos encontramos.

 

Si nunca se produjo el paso del mito al logos, tampoco se ha producido el paso del padre a la mayoría de edad de la contingencia, lo que ha sucedido es que el ateísmo nos ha prorrogado la patria potestad, pero esta vez en vez de ejercida por el padre ejercida por el estado, lo que supone un detrimento en nuestra libertad. Si bien antes la patria potestad estaba en manos de un ente desconocido que nos dotaba de libre albedrío, como un padre que nos pone a prueba concediéndonos el beneficio de la mayoría de edad, ahora esta la ejerce el estado como personificación colectiva del padre que nos obliga a cumplir sus leyes positivas por la vía de la violencia, imponiendo su voluntad despótica y vigilante.



Por teología natural entiendo aquella que asume los limites de la realidad como unidad ontológica, el Dios-contingencia como fundamento de la libertad real, la asunción viril y decidida de la indeterminación outolegislada, inefable, inalterable, ininteligible, indemostrable, incalculable. 

 

La teología de la mayoría de edad que extingue la patria potestad del Dios padre y del padre estado o del estado Dios, la del hombre que se sabe libre de toda dominación del hombre por el hombre, del que no necesita vivir más vida que la presente, del que asume el cosmos tal y como es, ese que no necesita opios para complementarse con la adversidad, el hombre que se sabe parte de la multiplicidad de lo uno, dividido por la conciencia, pero a la vez eterno y conforme con la naturaleza de las cosas. 

 

El pensamiento debe permanecer dentro del espacio de sus propios limites, pues al que lo rebasa le espera siempre como si de una maldición se tratase el castigo divino.

 

El hombre natural es un liricista que contempla con atención la armonía de lo que le rodea, no interviene en su música porque sabe que es perfecta y digna de los dioses, ve la divinidad tal y como es, se congracia con su canto, se conforma con ser hijo y con el tiempo que se le ha dado. Esto es vivir en paz, esto es ser hombre.