El feminismo, a lo largo de su historia ha luchado en favor de la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. Se divide en cuatro olas La llamada primera ola se produjo entre finales del Siglo XIX y principios del XX(1840-1920 aproximadamente).. Nació del movimiento antiesclavista y se consolidó luchando por la obtención del sufragio femenino.

 

La Segunda Ola se dio entre los años 60-80 (1960-1988). También surgió a partir de un enorme movimiento de justicia social: los derechos civiles de los afroamericanos. El principal objetivo fue la liberación femenina incidiendo en la igualdad en el trabajo y el derecho a decidir sobre su maternidad.

 

La Tercera Ola comenzó aproximadamente en 1988 y finalizó hacia 2010. Nació como consecuencia un gran cambio cultural. Ya se habían obtenido grandes logros del movimiento femenino en educación, libertad en la vida sexual, participación en la política…. Pero el gran cambio lo definió el lugar de trabajo en la vida de una nueva generación de mujeres. Digamos que se limaron los fallos de la Segunda Ola. Existen varios tipos de modelo de mujeres determinados por cuestiones sociales, étnicos, de nacionalidad o religión.

 

La Cuarta Ola: Aproximadamente desde 2008 en adelante. Las nuevas tecnologías en forma de medios de comunicación y redes sociales, entre otras, permiten la construcción en línea de un movimiento planetario fuerte, popular y reactivo cuyos objetivos son un cambio en los derechos de las mujeres, acceso a la educación, acceso al poder, acceso a la riqueza, derechos sexuales y derecho a una vida sin violencia.

 

Una Cuarta Ola en la que el todo vale se convierte es su ley motive, utilizando la búsqueda de la equiparación de los derechos de las mujeres con la finalidad de someter al sexo opuesto en un ansia de venganza amparándose en la legalidad llegando a convertirse en feminismo extremo a costa de manipular a las propias mujeres en su intento de conseguir la anulación de su capacidad de decisión en cualquier ámbito de la vida.

 

El feminismo extremista ha desvirtuado las luchas igualitarias que en algún momento fueron necesarias y plenamente legítimas pasando de reclamar Igualdad desde la Opresión a reclamar el poder de oprimir desde el privilegio

El feminismo extremista ha desvirtuado las luchas igualitarias que en algún momento fueron necesarias y plenamente legítimas pasando de reclamar Igualdad desde la Opresión a reclamar el poder de oprimir desde el privilegio.

 

La opresión percibida en esta cuarta ola son las relaciones heterosexuales (ellas las llaman relaciones de género) que son tratadas por este feminismo extremista de la misma forma que la opresión del trabajador por el empresario en el pensamiento marxista tradicional. Era de esperar por tanto, que –tal y como está sucediendo- el feminismo de género no busque progresar gradualmente hacia un equilibrio que garantice los derechos tanto del varón como de la mujer.

A sus quejas continuas del dominio del patriarcado se impone la dictadura del matriarcado hacia el sometimiento del varón a manos de la mujer de tal manera que se destruya la base de la sociedad: la familia.

 

Para ello se utiliza la unidad familiar más débil: la pareja que está a punto de poner punto final a su convivencia y que tienen hijos comunes. La mujer será asesorada por un abogado que le aconsejará denunciar a su pareja por malos tratos porque conseguirá ventajas muy sustanciosas: orden de alejamiento de la pareja, el piso conyugal, la custodia exclusiva de los hijos, pensión compensatoria (en caso de existir desequilibrio económico), pensión alimenticia para los hijos, opción de ser contratada por empresas subvencionadas por el gobierno para este menester, obtención de un piso de acogida (en caso de no tener recursos), campamentos y vacaciones gratuitas, y así un largo etc.

 

Se revierte la carga de la prueba de tal forma que, el acusado es quien tiene que demostrar su inocencia y, además, pasa por la terrible humillación de pasar por calabozos, muchos de ellos esposados y ante la mirada de vecinos y conocidos.

De esta manera el hombre pierde absolutamente todo: su familia, su casa y su dignidad.

Se deja vía libre a las denuncias fraudulentas puesto que el protocolo policial, judicial, sanitario y social que se pone en marcha tiene la obligación de empatizar con la mujer que dice ser víctima y de creer lo que dice.

La mujer obtiene de esta manera todo el poder legal para la destrucción.

La obsesión de esta ideología produce unos daños colaterales de gran envergadura, no sólo para los adultos, sino especialmente para los niños que son quienes sufren directamente las consecuencias del feminismo de género. Se les arranca de raíz una parte imprescindible para su desarrollo emocional: la figura paterna.

 

Dado que los niños no son conocedores de sus derechos, no pueden luchar por ellos, por este motivo son utilizados tanto por la ideología de género como por políticos e instituciones con el fin de eliminar todo vestigio de equilibrio y estabilidad para dar credibilidad a lo que el feminismo más extremo propone y dispone. El niño es muy susceptible de ser manipulado.

 

Es más que evidente la incidencia en el aleccionamiento de los estudiantes en el instituto. A ellas se les hace ver que siempre van a ser víctimas de sus futuras parejas y a ellos se les enseña a sentirse verdugos. Es la manera de sentirse culpable sin culpa por el mero hecho de haber nacido hombre.

Se trabaja para que ambos padres puedan educar a sus hijos en igualdad, pese a la separación. Los gobernantes y aspirantes (excepto los de ideologías más progresistas) dicen ser favorables, pero realmente es un mero caramelo que nos ponen en la boca. Los políticos que votaron la indecente ley contra la violencia de género jamás podrán aceptar legislar en favor de una ley que equilibre la implicación de padre y madre en un proceso de divorcio. Sería una total incongruencia mientras subsista la actual Ley Integral contra la Violencia de Género.

 

Se incide mucho en el aleccionamiento de los estudiantes en el instituto. A ellas se les hace ver que siempre van a ser víctimas de sus futuras parejas y a ellos se les enseña a sentirse verdugos.

La dictadura del matriarcado implica la eliminación total de derechos del varón, olvidando algo muy importante: sus seguidoras y abducidas se niegan a sí mismas la consecución de la verdadera igualdad, porque desconocen su auténtico significado y ven la rentabilidad del negocio de género. Manipulan a otras mujeres para lograr sus fines más oscuros obligándolas a trabajar y dejar a sus hijos al cuidado de terceras personas, en centros escolares con horarios como si de obreros en una fábrica se tratase, sin opción a conciliar la vida laboral y familiar, negando a la otra parte que ha contribuido en su gestación a implicarse en su cuidado y educación en cuerpo y alma. Terminan creyendo sus propias mentiras con el fin de intentar justificar su existencia.

 

Igualdad no es sinónimo de destrucción, sino de equidad, justicia, ecuanimidad e imparcialidad.