Antonio Hernando es un traidor. Eso no admite discusión ni duda. Es un traidor a los militantes y a los votantes socialistas, que depositaron su voto contra Rajoy. En eso coincide con toda la peste susanista, compuesta por los sicarios de la casta, a las órdenes del capo de la cal viva y los fondos reservados depredados. Hernando añade a esa traición general, la más visible y patética: del equipo duro de Pedro Sánchez ha pasado al equipo duro contra Pedro Sánchez; del no es no a la abstención plebeya, lacaya y entreguista, al abrazo de Vergara, pasando por aquella meliflua declaración de que él también había tenido dudas sobre la abstención, mensaje de que estaba dispuesto a ser un Judas de plástico o lo que fuera con tal de mantener el sillón.

En esta mierdocracia, que selecciona a los más mierdas, a los más mentirosos y corruptos, Antonio Hernando merece ser el mierda del día, de la semana, del mes, del trimestre y quizás del año, aunque no se sabe, que estos son muy mierdas.

Es una indignidad que el PSOE lo mantenga como portavoz con su sonrisa estúpida, aunque, bien mirado, su presencia es la demostración palmaria de que el PSOE sí paga a traidores.