Además de ser San Federico y de ser históricamente el día de la paga extra, para mi el 18 de julio no es sólo una fecha, es aquel momento histórico en el que media España, amedrentada, humillada, amordazada y amenazada, se vio obligada a enfrentarse al terror marxista del Frente popular, apoyado en todo momento por la Unión Soviética. Y cuando digo amedrentada no lo afirmo caprichosamente. En 5 años, desde el 14 de abril de 1931 hasta que se sublevó el ejército de África el 17 de julio de 1936, 2225 personas fueron asesinadas vilmente por motivos políticos, más de 5000 huelgas, 18 estados de guerra, 23 estados de alarma, 21 estados de prevención y miles de personas entraron en prisión por motivos políticos.

El 18 de julio no es una matanza macabra. Aquello fue una verdadera cruzada en la que el pueblo español luchó para sobrevivir y para sobreponerse a los grandes enemigos que hoy tienen subyugado a tantísimas naciones. Se hizo trascendental sobrevivir al yugo comunista y contra eso, contra esa basura, se levantó gloriosamente España.

Aquello no fue una guerra de clases para mantener ciertos privilegios clasistas. No fue una lucha por la monarquía o a la república. Fue una lucha por Dios, por la patria y por la justicia. Fue un movimiento en el que España quiso ser fiel a sí misma, a sus tradiciones constitutivas de su personalidad histórica y a un tiempo también para cumplir con la necesidad histórica de que España pudiese, como decía José Antonio Primo de Rivera, cumplir con la mayor lealtad y fidelidad posible con su glorioso destino en lo universal.

No es puro recuerdo, es un tributo de pleitesía a los mejores que todo lo dieron por Dios y por España, como sabiamente nos explicó D. Blas Piñar. La fecha del 18 de julio no se puede enterrar porque no queremos una España ni roja ni rota. Queremos una España en orden, con paz y con trabajo.

Dicen que el valor de una fecha se mide por sus resultados. Y los resultados fueron notables, porque España se liberó del marxismo y no sacrificó a sus hijos para combatir en la segunda guerra mundial. Y pese a que no disfrutamos del plan Marshall y hubo un boicot internacional, con el sacrifico de nuestros empresarios, nuestros agricultores, nuestros ganaderos, nuestros funcionarios, nuestros productores y con ruedas de molino y con campos de trigo y seda, rehicimos nuestra industria y nuestra riqueza nacional, hasta convertirnos en la novena potencia en proyección internacional. El régimen surgido del 18 de julio devolvió a los españoles el pan y la sal, la lumbre y el techo, y con ello el orgullo de sentirse como tales. Se acabó con el analfabetismo, se implantó una efectiva justicia social, se desarrolló una eficaz reforma agraria, se industrializó la Nación, se creó una seguridad social universal y gratuita, y se creó la denominada clase media, que generó al grueso de la población española una época de prosperidad y bienestar jamás conocida. ¡Y todo ello sin pagar apenas impuestos! Eso significa es para mí el 18 de julio, estimado Álvaro Romero.

En Cartagena a 18 de VII del 2020

Antonio Casado Mena.

Doctorando en derecho. Abogado y economista.