Acabo de leer un artículo escrito por mi colega Juan Mariano Pérez Abad, que describe de manera muy didáctica lo que le viene ocurriendo a nuestra sociedad.

Parte de la premisa de que por naturaleza somos seres sociales, o sea “animales de rebaño”, y como en todo rebaño hay pastores, perros, capataces, ganaderos y a veces el rebaño está acechado por lobos. La diferencia entre nosotros y los rebaños de animales es que nosotros a diferencia de ellos pertenecemos todos a la misma especie.

En las sociedades humanas al igual que en los rebaños, quienes gobiernan tienden a abusar de su poder y a disponer del tiempo, el trabajo, los bienes y hasta de la vida de los ciudadanos a su antojo.

Hace unos doscientos años una parte del rebaño tomó conciencia de sí mismo y de su fuerza y decidió frenar los abusos, proclamando los derechos de cada individuo frente a quienes gobiernan y dirigen la sociedad. Nació el liberalismo y se proclamaron entonces los derechos humanos fundamentales y que nosotros vemos ahora como algo normal.

La forma más perversa de la dominación que hoy continua en gran parte del mundo se ciñe a dos modelos, la dictadura comunista y la plutocracia o imperialismo capitalista.

El primero de ellos es un totalitarismo abierto en estado puro, sin complejos, pero el segundo es más sofisticado, ya que se desarrolla en países “democráticos”, vistiéndose de liberalismo económico, aunque en realidad es el poder de una élite que tiene como cómplices a la mayoría de los políticos y partidos de esas democracias.

La técnica ha sido apropiarse de los medios de comunicación, de los bancos centrales, de las organizaciones supranacionales, de la tecnología, vestidos en una piel de cordero, ya que todo lo hacen por nuestro bien.

El control absoluto seguramente se producirá cuando se suprima el dinero en efectivo y cuando nos implanten un chip que nos mantenga controlados en cualquier momento.

Una gran mayoría de ciudadanos son corderos buenos, que no quieren asumir riesgos ni responsabilidades y les encanta seguir las instrucciones y cumplir como buenos chicos con todo lo que se les diga, ya que el pastor en el fondo es bueno y solo quiere el bien del rebaño.

Las ovejas negras son una minoría a la que es fácil criminalizar y hacer culpable de cualquier desastre que ocurra.

Pero la mayor dificultad para las ovejas negras no es serlo, sino la imposibilidad de convencer a los corderos de cuál va a ser su destino, porque el mayor problema a vencer es “la disonancia cognitiva” de los corderos.

Cuando alguien sostiene una creencia o tiene muy arraigada una ideología y se le presentan pruebas que van en contra de la misma, aunque sean muy claras no son aceptadas, creándose entonces una sensación muy incómoda, que es lo que se conoce como disonancia cognitiva.

Los corderos que sienten este trastorno, al verse agredidos, con pruebas palmarias contrarias a lo que considera lo correcto, las ignorarán e incluso las negarán con todo tipo de excusas, ya que esa nueva información pone en riesgo su forma de pensar.

Esta disonancia cognitiva es el gran adversario que las ovejas negras tienen que vencer para evitar que el rebaño sea enviado al matadero, ya que, si las ovejas no quieren ver la realidad porque les hace daño verla, irán como los judíos a los hornos crematorios, creyendo que ese lugar donde los llevaban era una especie de paraíso benéfico donde se desinsectarían, se limpiarían y volverían a sus camastros más sanos y más limpios. ¡que buenos eran los carceleros nazis!  debió pensar más de uno pocos segundos antes que se cerrasen las puertas de los hornos y comenzase a salir el gas letal.