Alberto Feijoo es el nuevo líder del PP, pero conviene recordar que no ha sido llamado como renovador del partido sino simplemente como urgente sustituto del líder anterior, Pablo Casado, cuyo comportamiento sigue siendo susceptible de querella criminal por parte de Tomás Díaz Ayuso. No olvidemos que Casado aludió a datos que cabe presumir proceden del modelo 347 que el hermano de la presidenta de la Comunidad de Madrid presentó ante la Agencia Tributaria (AEAT), lo cual podría ser tipificado como conducta punible de acuerdo con el artículo 197 del Código Penal “quien utilice…, en perjuicio de tercero, datos reservados de carácter personal o familiar… que se hallen registrados en ficheros o soportes informáticos, electrónicos o telemáticos, o en cualquier otro tipo de archivo o registro público o privado” lo que es susceptible de ser  castigado con penas de prisión de uno a cuatro años.  

Feijoo no viene a ejercer un liderazgo innovador en el PP sino simplemente a ser su nuevo presidente. No obstante, los batacazos que el PP de Casado tuvo en Cataluña, donde apenas le quedan dos diputados autonómicos, y el que se ha dado en Castilla y León al tener que aceptar formar un gobierno de coalición con su adversario VOX, ponen en evidencia que Pablo Casado no sólo actuó torticeramente contra Ayuso, sino que su política ha hecho que una gran parte del electorado opte por VOX.

En consecuencia, Feijoo podría haber aprovechado su aclamación como presidente del PP para llenar su discurso, de una hora de duración, de contenido político. Lamentablemente no ha sido así. La esencia de su mensaje se ha reducido a lo siguiente: “Aznar y Rajoy son mis referentes” “Que la Constitución la respete todo el mundo” “No enfrentamos a la gente por cuestión de género” “Creo en mi nación, en sus posibilidades” “Creo en la lengua común de todos los españoles y creo en todas las lenguas que se hablan en España”.

¿Se diferencia esto en algo de la política de su predecesor? En nada. Son meras generalidades que no dicen nada sobre cómo afrontar los grandes problemas de España, tales como el independentismo que pretende romperla, la Memoria Histórica que destruye el espíritu de reconciliación de la Transición, la descoordinación insolidaria de las autonomías, la falta de regulación y el desorden de la inmigración, la marginación creciente del español como lengua común y una política económica que nos aboca a la ruina.

La política ambigua del PP lo lleva camino del desguace. España necesita reforzar lo que establece la Constitución, es decir su Unidad, su carácter de Patria común y su Solidaridad interregional y, en particular, como señala su preámbulo, “garantizar la convivencia democrática”.

El silencio de Feijoo presagia lo peor. El mejor activo del PP es Ayuso, pero no parece que Feijoo esté dispuesto a reconocerlo. Sus declaraciones la colocan mucho más próxima a VOX que a un PP de “principios desconocidos”. Esperemos que las próximas elecciones en Andalucía ofrezcan la posibilidad de un enfrentamiento político serio entre Juanma Moreno, actual presidente de la Junta de Andalucía, y la brillante Macarena Olona. Sera una oportunidad para dejar claras las diferencias que existen entre ambos partidos en temas claves como el independentismo, la Memoria Histórica, las políticas LGTBI, los contenidos y exigencias educativas, el papel de los llamados agentes sociales, y otros. En temas económicos habrá menos diferencias porque las políticas de Ayuso en Madrid serán una referencia compartida en gran medida. No obstante, VOX debería insistir en la evaluación rápida del gasto público y en la comparación de los costes de la enseñanza y la sanidad con los que ofrezcan los colegios concertados, las universidades privadas y los hospitales privados. Igualmente debería denunciar la falacia del slogan “sanidad y enseñanza pública”, ya que al ciudadano lo que le importa es la gratuidad y la calidad de ambos servicios y no si el médico que le atiende o el profesor que enseña a sus hijos es un empleado público o privado.

Es de temer que el PP de Feijoo siga queriendo nadar y guardar la ropa y, desde luego, ante la tormenta actual y la que se avecina, no es eso lo que va a salvar a España.