Como la canción aquella de Serrat que, al terminar la fiesta, “la rica vuelve al rosal y la puta al portal”, ahora Iglesias vuelve a la calle, su hábitat natural como depredador de incautos que creen en sus mentiras, que sienten miedo con sus amenazas y profecías, criaturitas de un voto pobre de espíritu y lucidez la justita.

       “¡Po no lo ves, miarma!”, que no ha hecho ni el güevo en el Gobierno en más de un año, sino ver series en el Audi ministerial camino del casoplón al Congreso y del Congreso al casoplón, con parada intermedia en el restaurante de D. Ramón, riberita del Duero, chuletón, purito habano, whisky escocés y de postre un buen muslón (de muslo, nalga de mujer).

      Vuelve el mataviejos a la calle, la que se lo ha dado todo, la calle del terrorismo callejero que él incita, la que lo ha elevado a casta castísima, la que le ha proporcionado vida de millonario, ahora él señorito del taco con chalet de lujo en parcela independiente, tatas, jardinero, chóferes…

     Nunca se vio un ascenso tan meteórico, como tampoco se verá una estrella de pacotilla tan estrellada. De la nada al todo y del todo a la nada, eso dicta el karma.

    Como la cabra tira al monte, “El Chepa” regresa a la calle, otra vez más a engañar de nuevo a los más desfavorecidos, a una juventud asolada por el paro tras décadas de gestión de socios listos, vuelve, pero con un crédito millonario a bajo interés proporcionado por esa banca que tanto critica –la banca de los fachas, dice el nota; será la banca tuya, ¿no?

     Vuelve el mataviejos a su mítines en cada plaza de Madrid, allí le esperan agradecidos y emocionados los familiares de aquellos ancianos abandonados a su suerte, sin nadie que inspeccionase esas Residencias, responsabilidad de Iglesias.

Miles de muertes en abandono, por incompetencia, dejadez, inmadurez o vaya usted a saber, pero que ya hay que tener mala leche para una cosa así. En esas plazas recibirán el calor, la gratitud de miles y miles de hijos que recuerdan la ejecución de sus padres, seres queridos que ni pudieron despedir.

     Vuelve, vuelve el venezolano subvencionado a las calles de la capital, como si Madrid fuese Caracas, aunque aún no han comenzado los tiros en la nuca. No obstante ya se ven, desde hace años,  a los hijos de la élite que sostiene a Maduro exhibiendo sus ferraris, maseratis… dilapidando el dinero robado a los venezolanos en fiestas a las que asiste, sin faltar ninguna, todo el puterío de lujo de Madrid.

     Vuelve “El Chepa” con su pose de curita, sus manitas una sobre la otra, ese tono suave y pausado, monótono, tan falso él, mientras Sebastián limpia el fondo de su piscina y Carmen prepara las croquetas que engullirá el proyecto de hombre.

     Nunca se vio un ascenso tan meteórico, como tampoco se verá una estrella de pacotilla tan estrellada. De la nada al todo y del todo a la nada, eso dicta el karma, Madrid no es Caracas, Iglesias, que lo único que tienes de bueno es ese apellido: Iglesias.

     Ah, otra cosita, “Chepa”, no son viejos, sino ancianos. Para la casta, y deberías saberlo como un integrante más, son personas mayores, ancianos, vale, pero más que eso eran padres y madres, personas con mucha vida aún por delante que un poquito el virus y otro poquito tú os habéis llevado de Madrid.