Ayer te desmarcaste de la Ministra de Sanidad que, parecía, no era del Gobierno por sus sensatas declaraciones respecto a las convocatorias de manifestación con motivo del día internacional de la mujer en plena pandemia. Independientemente de que es inverosímil que se puedan reunir tal cantidad de personas para manifestarse en los momentos en los que estamos, sin hacer mención que los comercios y bares se encuentran cerrados por la pandemia, las reuniones de familiares y amigos limitadas, los centros religiosos con limitaciones de aforo igual que los centros culturales, los centros deportivos, los centros de ocio ..., y un largo etcétera, usted, como el vino de tetra break, acido y peleón, de poca calidad y bajo precio, que sólo lo beben los borrachitos y los jóvenes para mezclarlo con Coca-Cola los fines de semana, salta diciendo que no es peligroso reunirse para manifestarse el día ocho de marzo.

 
He leído en el blog de Cristina Vicente Cabrera una frase que puede definir lo que sienten los españoles y, quizás, más mujeres de las que usted se espera que: "te voy a ignorar tanto que dudarás de tu existencia". Y es que yo siempre digo que no hay mejor desprecio que no hacer aprecio.
 
Porque... ¡cómo molesta cuando quieres discutir con alguien o que te conteste a un tema y la otra persona no entra al trapo¡, ¿verdad? A todos nos ha pasado alguna vez y creo que duele más cuando te ignoran que cuando te responden de mala manera.
 
No entrar al trapo lo veo sinónimo de madurez, sé que muchas veces cuesta no contestar y más cuando te crees el portador de la razón absoluta, pero ¿qué me dices de la satisfacción de pasar e ignorar? Ese punto es algo muy pro, pienso que es un estado muy avanzado.
 
Es una indiferencia que nos dota de una superioridad moral y que ofende mucho más al contrario.
 
Yo me he pasado toda la vida entrando al trapo, es más, me encantaba discutir y podía estar horas haciéndolo, pero no en su acepción de charlar y poner diferentes puntos de vista sobre la mesa, sino ese tipo de discusión acalorada en la que, si subes el tono de voz crees que ya has ganado y que ahora, con la pluma, me puedo permitir que eso no pase porque digo lo que quiero sin acalorarme desde mi despacho con mi ordenador y en mi blog.
 
¿Ganar qué? Pues la verdad es que nunca recibirás ningún premio por tú gestión, pero, y por eso hace ya un tiempo que todo esto cambió, tampoco por tus laxos comentarios e incitaciones a reunirse por cuestiones de ideología política en lugar de por razones de salud pública. Ahora respiro e intento no cabrearme porque cada vez que te veo y te escucho en la televisión paso auténtica vergüenza ajena. Ahora ya sé el motivo por el que no eres nada más que un falso Doctor en medicina y un falso especialista en nada, solo caracterizado por tu ineptitud. Deberías saber que no siempre sale todo bien y que cuando eso es así siempre te debe quedar la satisfacción de haber cumplido con tú deber, pero cuando sale bien, la satisfacción es enorme. En este caso salvar vidas de tus compatriotas debería ser tu fin y no reunir a multitudes para que se infecten y nos creen la cuarta ola que, ya algunos especialistas, predicen.
 
He llegado a la conclusión de que cuando dialogas con alguien irracional nunca te va a dar la razón y no es cuestión de convencer a nadie; como decía, aquí nadie gana, en todo caso nuestro ego, que le encanta alimentarse de las debilidades del que tenemos enfrente. Cada uno tiene sus creencias y su forma de ver la vida. Y yo no voy a ser el encargado de cambiar a nadie, es algo que tengo muy claro y sobre lo que todos deberíamos recapacitar un poco, sobre todo si ese alguien no tiene personalidad propia ni ganas de aprender.
 
Puedo intentar hacer que veas las cosas de otra forma si creo que por ese camino no va del todo bien como ahora, pero de ahí a convencer, hay un paso muy grande.
 
"Te castigaré con el látigo de la indiferencia", es otra frase que me hace mucha gracia, aunque no sea el momento de hacérmela. Y es que no hay mayor castigo, sobre todo para aquellas personas que piensan que son el ombligo del mundo y que todo a su alrededor pasa por y para ellos como te ves ahora. Pero tiempo al tiempo; estoy seguro de que todas estas infamias a la razón y al respeto que debes tener con los españoles te pasará factura.
 
Mostrar en esta situación indiferencia nos puede llegar a crear algo de ansiedad, ya que pensaremos que la otra persona se va a enfadar más por pensar que realmente no le importas.
 
Pero nadie es tonto y al final los ciudadanos se darán cuenta de lo que has hecho, que no es otra cosa que poner un punto de locura a una situación que no augura un buen desenlace y menos una trama tranquila y enriquecedora.
 
¡Elige los momentos y se (in) diferente con este sujeto! ¡Es un subnormal!